|
Santa Cruz, California, verano de 1998
|
|
0. INTRODUCCIÓN.
1. ENSAYO (mínimo) SOBRE LA POBREZA Y LA MENDICIDAD, LA CARIDAD Y LA JUSTICIA
1.1. Pobreza y mendicidad: una
cara del proceso de despersonalización en el sistema burgués.
En las
sociedades capitalistas, la Pobreza es frecuentemente considerada
como un estado de holgazanería e irresponsabilidad individual, o,
algunas veces, como de santidad y bienaventuranza. Lo que rara vez se piensa
es que supone la consecuencia de no encontrar empleo en el mercado
de trabajo asalariado, o que los salarios que pagan los empresarios estén
muy por debajo del umbral de pobreza.1
Hay que empezar a decir que la pobreza es uno de los castigos del sistema capitalista. Una persona pobre no es más que una persona desechada o menospreciada por el sistema; el correctivo que sufre es el del descenso social a la condición de pobre. Y una vez atrapada por esta condición, por lo común, al no ser consciente de este proceso, la persona enganchada en esta situación de pobreza se comportará de una forma modosa, disciplinada, sumisa, leal, y hasta agradecida. Normalmente, será una persona honrada, limpia, y alguna hasta piadosa e irá a misa. Sus maneras responderán más a lo que el sistema capitalista considera social y cívicamente correcto, de forma que usted podría sentar a un pobre en su mesa, que no abusaría de su confianza. A la persona empobrecida todavía le queda la esperanza de recuperar su estatus social dentro de la sociedad capitalista; pocas veces relaciona su condición de pobreza con no haber encontrado un comprador (empresario) a quien vender su fuerza de trabajo, o que su valor de uso apenas tiene un valor de cambio (bajos salarios).
Por el contrario, a la Mendicidad se la considera como un estado de fealdad, suciedad, y mal olor. Aparte de mugrientos y frecuentemente alcohólicos, las personas mendigas suelen ser rebeldes, liantas, desordenadas, indisciplinadas, desagradecidas, insensibles, desconfiadas, y hasta agresivas. No reconocen principios ni tienen modales. Algunas personas indigentes hasta pudiera que llegasen a matarle por dos pesetas. Además, se dice que son descreídas, de forma que cuando se acercan a las iglesias es únicamente para pedir, no para rezar o agradecer. Son personas consideradas por la sociedad capitalista como inmorales y anti-cívicas, de manera que se les ve hacer sus necesidades 2 o vomitar en cualquier lugar, incluso encima de su mesa si usted les invitase alguna vez. Un mendigo es fuerza de trabajo en descomposición, que sirve de testigo contra las tentaciones que parte de la población pueda tener de retirar su oferta del mercado de trabajo, con la consecuente presión para introducir indisciplina en el ejército de reserva que necesita el sistema para pagar salarios de pobreza.
Ahora bien, mientras la Mendicidad molesta al sistema, la Pobreza no, más bien sirve para que la Riqueza pueda de vez en cuando alardear de caritativa, bondadosa, ecuánime, condescendiente y magnánima con ella. Mientras un pobre es una persona conservadora por educación, alguien que desea y está esperando mejorar su ‘suerte’ en la sociedad burguesa, y de aquí que los ricos tengan conmiseración con los pobres, por el contrario, un mendigo es una persona indisciplinada, sin voluntad para asumir las buenas costumbres exigidas por las normas de convivencia de la sociedad capitalista. De todos formas, los ricos saben que el mendigo tampoco es peligroso ya que solo abjura de la disciplina que impone el modelo de consumo capitalista, que es el de buscar empleo asalariado para ganarse la vida. También saben que carece del amor propio y el coraje o espíritu de lucha para repudiar las migajas que diariamente le ofrecen las personas pudientes y caritativas. En otras palabras, mientras el mendigo es un rebelde sin causa, el pobre es una persona que a menudo no ve la causa que tendría que provocarle la lucha contra el capitalismo.
Por tanto, no es de extrañar que la Riqueza sea caritativa con la Pobreza e implacable con la Mendicidad. La mayoría de los pobres acepta y acoge con buenos ojos los programas de asistencia que organiza el sistema, mientras que los mendigos frecuentemente prefieren la vida de la calle, vivir sin techo, antes que aceptar las normas y exigencias que imponen las entidades caritativas. En este sentido, se puede decir que el mendigo tiene una vena de acratismo que no gusta a las clases dominantes ni a los ‘ciudadanos’ que observamos fielmente las normas de conducta que nos ha inculcado el sistema.
La Mendicidad es el estadio final de la Pobreza, el último peldaño de la degradación que la persona experimenta en el proceso de empobrecimiento del sistema capitalista. Ahora bien, como el número de mendigos no es todavía lo suficientemente significativo en las sociedades desarrolladas actuales, de momento estas reflexiones / impresiones / provocaciones las concentraré preferentemente en el fenómeno de la Pobreza. De todas maneras, si tenemos en cuenta la evolución que está sufriendo el colectivo de los mendigos, probablemente el estudio de la Mendicidad en el muy cercano futuro cobrará una mayor relevancia.3 Lo que quiero indicar entonces es que el pobre y el mendigo son el desecho social del sistema capitalista. Con la Pobreza, todavía tiene alguna consideración y le aplica algunas medidas de reciclaje (políticas de caridad). En cambio, con la Mendicidad, como no es alarmante por ahora, la deja que se pudra directamente en los callejones y parques de sus ciudades y pueblos, esperando que llueva y el agua se lleve los restos por las alcantarillas.
Como resumen, solo me queda recordar aquella hipótesis que Harrigton adelantó en 1962: “los pobres [y los mendigos] son políticamente invisibles, desarticulados y sin ningún poder”. Yo ampliaría la idea en el sentido de que todo ecosistema, para poder sobrevivir, ha de reproducir las condiciones y la clase de seres que necesita para su sostenibilidad: es decir, su tipo de mendigos, de pobres, de ciudadanos, de trabajadores, de élites, de clases dominantes y dominadas. En el momento que se rompa la cadena reproductiva, otro ecosistema reemplazará este territorio.
Pero no acaba aquí la historia. La otra cara de la despersonalización en el sistema capitalista se da cuando una parte de la población consigue empleo. La persona ha de convertirse en fuerza de trabajo para poder sobrevivir. Es la cosificación que impone el proceso productivo capitalista, el hecho de que las personas han de convertirse en una mercancía más que pueda comprarse y venderse, al igual que el resto de los productos y servicios que se intercambian en los mercados del sistema capitalista. Es lo que se conoce familiarmente como el proceso de alienación.4
1.2. Pobreza y Caridad: “amigas de toda la vida”.
No obstante, existe ‘otra visión académica’ de la cultura de la pobreza, cultura que ha ido cambiando o conviviendo, de acuerdo con los intereses y la ideología de los poderes dominantes de cada momento.
a)
Desde una cultura religiosa de la pobreza…
Raices
doctrinales. Históricamente, podemos fácilmente detectar
la existencia de una cultura de la pobreza que posiblemente comenzó
a gestarse desde que el hombre empezó a dar los primeros pasos.
También es casi seguro que, simultánea y paralelamente, debió
aparecer una cultura de la caridad que, pasado el tiempo y con la
institucionalización de la religión en iglesias, estas acabarían
monopolizando las ayudas privadas y estatales dedicadas a la asistencia
de los pobres: en cierto sentido, los pobres se han de respetar como una
parte de la propiedad privada de las iglesias.5
No debemos olvidar que, en las sociedades Occidentales, las iglesias con tradición judeocristiana jugaron un papel decisivo a la hora de conformar psicológicamente una actitud caritativa en los ricos y otra de mansedumbre en los pobres. Para San Pablo, sólo Dios es justo, pues es el que otorga justicia, e injustos los hombres, por estar sujetos al pecado original. Desde el momento de la expulsión del Edén por Yavé Dios, los hombres [gentiles y judíos] quedaron fuera del camino de la justicia; solamente alcanzarán la situación de justos cuando cumplan con la Ley de Dios: La justicia es una relación entre Dios y el hombre; la caridad es una relación que se da sólo entre los hombres. El hombre únicamente se podrá salvar por la fe en Jesucristo.
Por lo tanto, la justicia social no entró a formar parte de su credo doctrinario, de su moral judeocristiana; si la justicia era divina, no podía ser social.6 Esto no quiere decir que San Pablo se puso de espaldas a la realidad social en la que vivía, sino a que consideraba el trabajo como un elemento de redención contra el pecado humano. Las relaciones de esclavitud y servidumbre que se manifestaban en las Escrituras y durante su tiempo de vida, aparecían reconocidas en los preceptos que Dios entregó a Moisés.7 Más bien se puede decir que incluso tomaba partido, pues el Apóstol jamás se olvidaba en sus epístolas de recordar y encarecer a sus comunidades la obediencia que debían a las autoridades públicas, así como el espíritu de sumisión que los siervos habían de manifestar a sus amos:
No parece que San Pablo se haya cuestionado las consecuencias que tiene la esclavitud 8 para el ser humano, especialmente cuando el yugo de la servidumbre supone una relación de sometimiento entre personas creadas “a imagen suya, a imagen de Dios”. Para el apóstol de los gentiles son más peligrosos los falsos doctores que los ricos. Con los primeros es beligerante e intransigente, mientras que con los segundos es tolerante y comprensivo. Comparemos como define a uno y otro grupo:"Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay por Dios han sido ordenadas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a las disposiciones de Dios, y los que la resisten se atraen sobre sí la condenación”. Romanos, 3, 1-2. “Los siervos que están bajo el yugo de la servidumbre tengan a sus amos por acreedores a todo honor, para que no sea deshonrado el nombre de Dios ni su doctrina. Los que tengan amos fieles no los desprecien por ser hermanos, antes sírvanles mejor, porque son fieles y amados los que reciben el beneficio. Esto es lo que debes enseñar e inculcar”. I Timoteo, 6, 1-2.
A su vez, en los evangelistas podemos encontrar expresiones que justifican la apropiación privada de los recursos naturales y los medios de producción, así como una legitimación de la pobreza: pobres siempre los tendréis con vosotros:“Si alguno enseña de otra manera y no presta atención a las saludables palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que se ajusta a la piedad, es un orgulloso que nada sabe, que desvaría en disputas y vanidades, de donde nacen envidias, contiendas, blasfemias, suspicacias, porfías de hombres de inteligencia corrompida y privados de la verdad, que tienen la piedad por materia de lucro” (I Timoteo, 6, 3-5). “A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos, practicando el bien, enriqueciéndonos de buenas obras, siendo liberales y dadivosos y atesorando para lo futuro, con que alcanzar la nueva vida” (I Timoteo, 6, 17-19).
Caridad evangélica. Esta cultura religiosa de “hacer el bien evangélico con el pobre” continua viva en la mayoría de los grupos que, domingo tras domingo, instalan su tenderete para repartir ‘la sopa’ entre los necesitados, en las principales calles de las grandes ciudades norteamericanas, o en los atrios de sus correspondientes iglesias; se puede subrayar que la mayoría de las organizaciones que dan comida son de naturaleza religiosa. Un ejemplo:
b)
Pasando por una cultura laica de la pobreza…
Representada
principalmente por antropólogos, esta interpretación sostiene
que las personas que permanecen pobres de una forma persistente
son culturalmente diferentes en comportamiento, valores, y aptitudes al
resto de la población. Basado en el cruce de estudios etnográficos
entre países, Oscar Lewis ha intentado demostrar como un 20% de
las personas objetivamente pobres han desarrollado una subcultura
que les impide cambiar su condición de pobreza.10
Utilizando unas setenta variables de carácter social, económico y psicológico, Lewis asegura que esta subcultura ha desarrollado unos condicionantes que son traspasados de generación en generación, y que realmente son un impedimento que actúa sobre la capacidad de liberarse de la pobreza de las futuras generaciones, impidiéndoles poder aprovechar las oportunidades que se les presentan para mejorar de estatus. Estos factores condicionantes incluyen: el analfabetismo (normal y funcional), el aislamiento de y la hostilidad contra las principales instituciones, las relaciones sexuales prematuras, el hecho de vivir para el día a día, la desorganización cotidiana, y una fuerte tendencia al abandono de la escuela primaria.11
A su vez, estos condicionantes vienen determinados por un conjunto de factores socioeconómicos: (1) el que las economías estén monetizadas, con trabajo asalariado y producción para el beneficio; (2) que se de una persistente tasa de desempleo o de empleo de mano de obra muy descualificada; (3) que los salarios sean extremadamente bajos; (4) que no haya una voluntad de proveer de unas organizaciones sociales, políticas y económicas para las personas con bajos ingresos; (5) que el sistema de linaje familiar sea frecuentemente bilateral, en vez de unilateral; y (6) donde se impone el influjo de los valores de las clases dominantes, que consiste en ensalzar el valor de la acumulación de la riqueza y la propiedad, combinado con la repetición machacona de que la promoción social está abierta a todos; todo ello sin descuidar de culpabilizar, vituperar y denigrar a los pobres, tachándolos de inferiores, ineptos e irresponsables.
c) Hasta
culpabilizar al estado del bienestar de fomentar la cultura de la pobreza.
Como
titula un autor su trabajo, se está pasando de una guerra contra
la pobreza a otra más activa y profunda como es la guerra contra
el propio sistema de bienestar social. Algunos teóricos neoliberales
hablan ya de que hay que ‘culpar a la víctima’, atacando al pobre
y no a la pobreza; también hay que acabar con el sistema de protección
social, a causa de las ‘disfuncionalidades que genera’.
Por una parte, estos estudiosos liberales y conservadores comienzan a culpabilizar a todas las personas acogidas al sistema de protección social, tratándolas de sujetos perezosos y antisociales, con comportamientos idénticos a los enumerados anteriormente en el perfil del mendigo; es decir, están estigmatizando a las minorías pobres, argumentando que ellas mismas están utilizando la victimización y la pobreza como una inversión que les permite vivir de la ayuda pública. Científicos o moralistas, estos pasan por alto el hecho de que, si una empresa cierra porque considera que el coste laboral es más bajo en Corea y pone a sus empleados en la calle, entonces es normal que los parados pasen a cobrar el subsidio de desempleo como está estipulado en los términos del contrato social con el Estado; es decir, los obreros pagan una póliza mientras están activos, para después cobrar el seguro de desempleo mientras dura la contingencia de parado. No, estos llamados teóricos sociales consideran a todos los que reciben alguna ayuda del estado del bienestar como gente sin animo de trabajar duro, sin voluntad de construir una familia estable, y totalmente descreídos: “les falta fe en el hombre, fe en el futuro, fe en el trabajo duro, fe en los beneficios mutuos del intercambio, fe en la providencia de Dios… fe en todo aquello que es esencial para un capitalismo triunfante”.13 No falta tampoco el que afirma que los negros pobres de este país carecen de la ética protestante que se requiere para tener éxito en la vida (Sowell, p.141). El desempleo no se debe a la falta de puestos de trabajo, sino a que existen ayudas públicas (Mead, p.68). Por lo tanto, estos autores sostienen que la causa de la pobreza no es de naturaleza socioeconómica, sino más bien biológica; algunos hasta intentan demostrarnos la existencia de una relación ‘científica’ entre clase, genes e inteligencia. Es decir, los hombres en paro y las mujeres que reciben asistencia social pasan sus genes a su prole, de forma que contribuyen a crear una underclass violenta e indisciplinada, para la que de nada valen las medidas educativas gubernamentales diseñadas para su integración social. Por el mismo argumento, la élite afluente y ‘bien educada’ pasa a través de sus genes a que sus hijos contribuyan a mantener y desarrollar una ‘cultura civilizada’. Así que proponen eliminar el Estado del bienestar, y aplicar mano dura a los pobres.
Por otra parte, sostienen que las políticas sociales encaminadas a erradicar la pobreza son responsables de realimentar las situaciones de pobreza de los colectivos con necesidad: por ejemplo, para los de la corriente ‘culpar la víctima’, la causa de que las mujeres hayan decidido elegir la familia monoparental es porque así pueden aprovecharse de la ayuda del Estado. Con argumentos como este llegan a la conclusión de que “el hecho de que el Estado sustituya a la persona o a la familia en el papel de principal sustentador, el sistema de bienestar está impidiendo que los ciudadanos desarrollen la diligencia y la disciplina que se necesita para triunfar por si mismos en el sistema capitalista”. Las medidas que proponen para solucionar la pobreza es la reducción de los impuestos a los ricos para que estos inviertan, creen empleos, y los pobres puedan trabajar; es decir estos también conocen y aplican el truco del ‘goteo’, en el sentido de que los ricos se hagan muy ricos, que algo ya harán por los pobres.
Se podría responder a esta actitud de los capitalistas, cuando argumentan que la reducción de impuestos a las rentas que perciben actua como locomotora de la oferta, y benefician a la ‘sociedad’ en el sentido de que vuelven a la economía en forma de inversión y empleo, que el mismo razonamiento se puede aplicar al gasto público en bienestar social, en el sentido de que actua de locomotora de la demanda, y beneficia a los empresarios que pueden crear más empleo y aumentar la producción, porque tienen asegurada la venta de todas las mercancías.
No hace falta añadir que estos son el tipo de argumentos que conducen a justificar las situaciones de racismo, xenofobia, esclavitud, y finalmente, el exterminio masivo que se perpetra continuamente contra los grupos humanos más débiles. Y lo malo de toda esta ideología conservadora no es que solo lo digan estos que se autoproclaman ‘científicos sociales’, sino que también lo escuchamos a mucha gente en la calle, en los campos de fútbol, en los taxis, en los bares, en el trabajo, etc.
En resumen, para el liberalismo conservador, o el conservadurismo liberal, las políticas públicas de bienestar son malas para el país y para los pobres. Son nocivas porque consumen recursos públicos y reducen la capacidad de esfuerzo productivo.
Entonces, ¿que alternativa le queda al ciudadano en esta sociedad? El que trabaje y le exploten. O que no trabaje, pero entonces se muere de hambre.
d) Pero
el capitalismo, hasta con la pobreza obtiene beneficios.
Con
mantener y aplicar una combinación de caridad (zanahoria) pública
y privada a las situaciones personales o grupales más graves de
pobreza y mendicidad, ya es suficiente para mantener la estabilidad del
orden capitalista. Mientras, es bastante conocido como la pobreza y la
miseria desempeñan un papel positivo para la acumulación
capitalista. Esta funcionalidad 14
de los usos de la pobreza beneficia al sistema en varios aspectos:
En su interesante trabajo, Theresa Funiciello nos advierte como “la industria de la pobreza se ha convertido en el quinto estado” 16 dentro del Estado capitalista. Al sector del crédito antes mencionado, ella añade otros dos más en los cuales la industria de la miseria también asienta su territorio. Mediante la tiranía de la amabilidad, tanto (1) los responsables y el personal de las instituciones estales encargadas de las políticas de bienestar, como (2) el de las ONGs caritativas, se aprovechan en beneficio propio de los recursos públicos destinados a aliviar la pobreza de los menesterosos. Aparte de la corrupción en la adjudicación y el gasto burocrático que los programas sociales conllevan implícitos, la intermediación de las organizaciones de caridad incide añadiendo más control y más gasto ‘de gestión y administración’ a tales programas. Los beneficiarios del presupuesto destinado a los programas sociales no son realmente las personas empobrecidas, sino más bien el personal funcionario y el que ‘trabaja’ en las ONGs. Es obvio que los recursos dedicados a mantener la maquinaria organizativa pública y privada reduce la cantidad y la eficacia de los fondos destinados a paliar la situación de las personas empobrecidas. Por eso la autora concluye que “la pobreza es un gran negocio; únicamente hay que saber y estar politicamente bien conectado” (p. xvi) para poder acceder a la gestión de tales fondos sociales.
1.3. Justicia y Pobreza: “enemigas
de siempre”.
Si la
pobreza es una manifestación de la desigualdad en el capitalismo,
y la desigualdad es otro indicador de la injusticia que genera el sistema,
pensar en términos de justicia para solucionar el problema de la
pobreza y la desigualdad cuando esta es indispensable para la sobrevivencia
del sistema, nos ha de llevar a pensar necesariamente en otro modelo
de sociedad. Pero esta conclusión requiere recorrer previamente
un largo camino de concienciación ciudadana y agitación política,
el cual abordaremos en las conclusiones. De momento es suficiente con que
sepamos que la justicia está reñida con el capitalismo y,
por tanto, aspira a cambiarlo, mientras que la caridad contribuye a mantenerlo.
De aquí que la justicia sea enemiga de la pobreza y la miseria,
mientras que estas dos últimas ponen la mano, ofrecen la
otra mejilla cuando conviene recibir caridad.
Dadas las “estructuras de poder socioeconómico, la lucha por la distribución de la riqueza y la renta son el principal campo de los conflictos entre los que [poseen] y controlan el capital y los [desposeídos]. Por lo tanto, no podemos dejar fuera del análisis la influencia de los cambios en las estructuras de la renta y la riqueza que acompañan, siguen, y preceden a las alteraciones en las estructuras de poder socioeconómico; las tres estructuras, poder, renta y riqueza, (más abajo incluiremos la educación), conviven una con la otra en una interacción dinámica (Diagrama 1). De forma que se puede afirmar que la posesión de riqueza otorga poder y rinde una renta que va siempre en aumento; a su vez, la renta sirve para continuar adquiriendo riqueza y más poder. Y así sucesivamente” (Dowd, p. 55).
En los EUs, esta interacción de los poderes se comprueba en “la reducción de la desigualdad que se dio en la renta y la riqueza en los 60s, debido a que se produjo una alteración en las estructuras de poder”. De alguna manera, fue calando entre los ciudadanos norteamericanos la idea de que había que dar más “poder al pueblo”. Esto fue impulsando a las respectivas Administraciones 17 a legislar programas contra la pobreza para desarbolar la fuerza social que enraizaba en las comunidades pobres y atraía alguna simpatía entre algunos líderes de las clases medias. A partir de los 70s, con la crisis económica y a medida que el “poder negro”, y el de los movimientos por los derechos sociales y civiles se fue desvaneciendo, la desigualdad del 80% de las familias en términos de riqueza, renta y poder volvió a intensificarse. Y con ello, aparecieron los niveles de pobreza anteriores a 1947 (Dowd, p. 55). La década de los 80s, era Reagan, se caracterizaría por la reducción de los impuestos, el aumento masivo del gasto militar, y el descenso importante del gasto publico en los programas de ayuda social. Durante este período se desarrollaría una base social muy individualista, inclinada al consumo, con miedo a perder el trabajo, y una constante ambición de estatus y poder.
Esta experiencia nos indica que las medidas contra la injusticia social en las sociedades desarrolladas hay que buscarla proponiendo dos frentes:
Uno, que movilice los pobres en la línea que propone Lewis: auto-organización de los pobres para luchar por sus derechos como clase. “Cuando los pobres adquieran conciencia de clase, o se conviertan en miembros activos de las organizaciones obreras y sociales, dejaran de pertenecer a la cultura de la pobreza, aunque permanezcan desesperadamente pobres”.18
Otro, que movilice a todas las personas, pobres y no-pobres, para exigir el reconocimiento del derecho ciudadano a la Renta Básica (RB), propuesta que desarrollaremos brevemente en el epígrafe 4. Sin un mecanismo que realmente asegure la redistribución de la renta, la iniciativa carece de contenido.19
En EUs, algunas de las asociaciones 20 están trabajando en la línea de la movilización ciudadana, tomando como base social de protesta el hambre, la carencia de aquellos bienes mínimamente indispensables para la sobrevivencia que padecen varios colectivos, especialmente los sin techo. Radicalmente opuestas a las situaciones de injusticia que origina la sociedad capitalista, sin embargo, estas organizaciones se mueven todavía proponiendo acciones basadas largamente en la solidaridad individual, lo cual encierra un elemento muy fuerte de caridad colectiva. Como ejemplo, voy a utilizar otra ‘mesa alimenticia’ que se organiza los sábados en la confluencia de las calles Market y Castro.21 El objetivo de los organizadores es la de provocar en la conciencia de los ciudadanos dos bloques de cuestiones.22
En el primer bloque se pregunta al ciudadano si está de acuerdo en que el cambio social ha de comenzar y continuar en su ciudad, o en su país, y, en caso afirmativo, que actitud adoptaría ante:
Además, y como indico en el epígrafe 1, si los pobres y los mendigos son los residuos humanos del sistema, ¿se puede esperar de ellos que desempeñen el papel de sujeto social que ha de promover el cambio y la transformación de la sociedad capitalista? Lewis ya advierte de que lo primero que tienen que hacer los pobres es adquirir conciencia de clase. Seguramente después, ellos mismos serían los principales organizadores de las ‘mesas’ y otras actividades encaminadas a conseguir la transformación social. De momento, lo que se comprueba es que cuando la policía 26 carga contra el personal de las ‘mesas’, a los únicos que arrestan y, posteriormente encarcelan, es a los militantes de estas organizaciones. Para cuando la policía llega, los pobres y mendigos ya hace tiempo que abandonaron el lugar. Sin conciencia de clase, es casi comprensible que, por su situación frecuentemente irregular, estos no quieran saber nada con la policía.
Lo que tiene que ser más irritante para estos grupos, posiblemente por esa radicalidad de principios tan loable, es que ni los propios mendigos y pobres, ni otras minorías oprimidas, responden a esta llamada. Como los pájaros que picotean las migajas de pan donde alguien ha comido, así se acercan libremente los mendigos a las bolsas de comida, a los calderos de sopa, hasta satisfacer el hambre. Un tema de reflexión es: ¿por que los mendigos no se sienten implicados ni forman piña con los militantes de las mesas donde se celebra la protesta, sino que como las aves, huyen en cuanto sienten los pasos de alguien que se acerca? Desaparecen como si la protesta no fuese con ellos. El otro tema es el de la posición que adopta otra minoría discriminada ante el tema de la pobreza y los ‘sin techo’. La mayoría del vecindario de Castro está compuesta por personas de orientación sexual gay/lesbio, ciudadanos que tienen que reivindicar diariamente la concesión de los mismos derechos que tienen reconocidos los heteros. Sin embargo, cuando los militantes de esta mesa se acercan para informarles de la problemática de los ‘sin techo’, tal aproximación la reciben con una actitud displicente, airada, irritada y a veces hasta agresiva. Toda la explicación de peso que dan estos vecinos es que los mendigos “les piden dinero” o “mean en sus puertas”.
En resumen, mientras los militantes de asociaciones como la Industrial Workers of the World, 27 el Food Not Bombs, el Fighting AID$, el American Friends Service Committee, etc. luchan contra toda clase de discriminación, los discriminados con poder adquisitivo discriminan a los que carecen del mismo. Como solucionar esta realidad, como conseguir la solidaridad entre los discriminados, tendría que ser otro tema más de reflexión. Y no menos importante que los otros dos anteriores, para enfrentarse al tema de la pobreza, de la injusticia.
Toda esta experiencia me lleva a preguntarme si estas organizaciones no tendrían que proponer acciones un tanto más en consonancia con los principios radicales que las orientan, y más directamente encaminadas a solucionar el problema. Cierta autora, bastante más alejada de los principios radicales que estos grupos expresan, no le tiembla la voz para indicar el camino: “Si la pobreza significa simplemente que algunas personas tienen menos dinero que otras, la solución lógica al problema de la pobreza consiste en transferir dinero de la población que lo posee a los pobres. De hecho, la transferencia de rentas es y ha sido siempre el mecanismo crucial del Gobierno para aliviar la pobreza” (Jo Bane, p. 117). Otra autora, va bastante más lejos en su apreciación de este tipo de actividades encaminadas hacia el hambre y los ‘sin techo’. Dice:
Como veremos más adelante, la Renta Básica es una propuesta que no aspira a aliviar la pobreza, sino que se propone erradicarla. Y todo como un derecho ciudadano y un acto de justicia, no de caridad pública o privada. De aquí que diga que existe una enemistad entre pobreza y justicia, ya que la pobreza tiene que desaparecer para que exista la justicia; y enemistad entre justicia y caridad, ya que si la pobreza no existiese, ¿quien necesitaría de la caridad?
2. Una interpretación critica de la pobreza.
En las sociedades
modernas, el trabajo asalariado se vehicula a través del mercado
de trabajo. Como mecanismo de distribución de la riqueza que se
produce entre el capital y el trabajo, el mercado de trabajo asalariado
no sólo aliena y explota al trabajador, sino que, además,
cumple la función de empobrecer a las poblaciones que dependen de
la venta de la fuerza de trabajo como medio de sobrevivencia material.
Cada vez más, el mercado de trabajo asalariado muestra ser el mecanismo
idóneo mediante el cual la clase capitalista domina a sus poblaciones,
las somete a la esclavitud industrial/financiera. Les impide el
acceso a la riqueza, a las rentas que genera la riqueza, y al poder que
genera la riqueza y la renta.
2.1. El mercado de trabajo como mecanismo de empobrecimiento.
La marginación,
la pobreza, el proceso de empobrecimiento que sufren grandes colectivos
dentro de los países desarrollados, no se entenderá sino
es a partir del análisis de la situación del mercado de trabajo
asalariado.29
En las economías capitalistas, la única posibilidad que tiene la mayoría de la población no propietaria de capital de acceder al mercado de bienes y servicios es que los sustentadores pasen previamente por el mercado de trabajo. Sólo posteriormente, con el salario ganado, las personas asalariadas podrán intercambiarlo por las mercancías destinadas a cubrir las necesidades materiales que exige la sobrevivencia.
Y si no hay trabajo ¿qué? Esta es exactamente la pregunta clave a responder, dado que el mercado de trabajo demuestra ser un mecanismo de poder, un mecanismo para controlar a toda la población no propietaria. Su funcionamiento es bien sencillo. Quien no consiga vender su fuerza de trabajo, convertirse en persona mercancía, se convertirá en persona marginación.30 Es decir, en el momento que una persona se quede en paro, o que inicialmente no haya encontrado empleo, quedará marginada de la esfera productiva; primera marginación. Una vez marginada de los procesos de trabajo, sin poder poder vender la fuerza de trabajo, quedará marginada automáticamente de la esfera de consumo, del acceso a los medios de vida necesarios para existir; segunda marginación. Pero además, el paso por el mercado de trabajo es requisito indispensable para cualificarse para las prestaciones más importantes de la esfera del bienestar público: las pensiones y el subsidio de paro; quien no cumpla con la normativa básica exigida, en especial con los tiempos de cotización a la Seguridad Social requeridos, sufrirá la tercera marginación.
Consecuentemente, quién que no encuentre un trabajo asalariado no existe. "El obrero... no pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar quien le quiera, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador" (Marx, Pág. 28, 1968). En el capitalismo, donde el trabajo asalariado es la modalidad de trabajo dominante, la necesidad de existir obliga a la población sin otros recursos que la fuerza de trabajo a pasar por el mercado de trabajo. Este mecanismo de control simultánea la alienación y la explotación 31de la persona trabajadora, aspectos últimamente ignorados, con la distribución del producto social y el reconocimiento de los derechos sociales de la población no propietaria: "la creación y la crisis del Estado del Bienestar deben interpretarse en este contexto de génesis, expansión y consolidación del mercado como institución de poder" (Anisi, Pág. 22).
2.2. Trabajo asalariado, alienación y explotación.
Es bien sabido,
especialmente por la gente de izquierdas, que el trabajo asalariado supone
alienación y explotación. Ahora bien, uno pone en duda la
consciencia de esta afirmación cuando escucha el tipo de discurso
único y postmoderno que realizan los partidos socialdemócratas
y sindicatos, así como los artículos, estudios o informes
de aquellos profesionales/académicos al servicio de estas organizaciones.
Y a uno se le erizan los pelos cuando estos partidos/personajes se asoman
al poder burgués parlamentario y desmantelan el Estado del bienestar,
o los sindicatos firman reformas como la de las pensiones o las
del mercado de trabajo, todo en nombre de la defensa del empleo. Por lo
tanto, no está de más volver a insistir y recordarles en
que consiste el carácter alienante/explotador del trabajo.
Por lo que respeta a la alienación, Marcuse señala como:
En cuanto a la explotación
sólo:
3. LOS CUATRO JINETES DE LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD
¿Por qué es interesante un estudio sobre la pobreza en los EUs?:
3.1. ¿Un país sin
clase obrera?
Estados
Unidos es una sociedad profundamente divida por factores conflictivos tales
como el color, el género, y la orientación sexual. Pero,
como en todas las sociedades capitalistas, existe otra división
más profunda que atraviesa transversalmente todas estas: la clase
social. Concepto muy importante, si tenemos en cuenta que las diferencias
de clase implican diferencias de poder. Sin embargo, una de las
primeras características a destacar en los estudios sobre la pobreza
en los EUs es que casi todos los investigadores sociales hablan habitualmente
de pobres y ricos, pero muy raras veces de clase. Como nos advierte
esta autora, “el concepto de clase es el mayor tabú en los EUs”.
(Collins, p.12)
a)
El concepto de underclass en los Estados Unidos
En Norteamérica
existe un gran debate 35en
torno a lo que supone la underclass. A finales de los 70s, la revista
Time anunciaba la “emergencia de una underclass en el interior de
las ciudades. Drogas, crimen, embarazo juvenil, fuerte desempleo pero no
pobreza, son las características que definen a esta clase social.
Detrás de los muros del gueto vive un gran número de personas
que son hostiles e intractables, y socialmente enajenadas como nunca se
había visto hasta ahora: son los inalcanzables: la underclass
Americana. En su ennegrecido entorno, esta gente nace con unos valores
contrarios a los de la mayoría de los ciudadanos, incluso a los
que tiene la gente más pobre. Forman una clase que es responsable
de producir un parte desproporcionada de delicuentes juveniles, fracasados
escolares, droagadictos, maternidad juvenil, y de la mayoría del
crimen entre adultos, la ruptura familiar y la decadencia urbana; la consecuencia
de todo este desorden social hace que se dé un fuerte aumento
de la demanda de gasto social...”36
Para que el contenido de este concepto sea considerado como representante de ‘patologías sociales’, Ken Auleta clasificó a las personas encuadradas en la underclass en cuatro categorías:
Para justificar este cambio de palabras, la mayoría de economistas y sociólogos norteamericanos mencionados anteriormente explican como el término ‘clase obrera’ es un concepto que contiene una entidad económica y cultural. Es decir, consideran que pertenecen a la working class todas aquellas personas que nacen dentro de la clase trabajadora, una clase en la que se podía seguramente prosperar, y hasta sentirse orgullosa de formar parte de la misma, pero que inmediatamente corrigen diciendo que esto ya no ocurre en el capitalismo tardío. Ahora existe la underclass, grupo en el cual uno puede estar contento, pero no orgulloso, y nunca, por definición, económicamente satisfecho. El que nace en una familia pobre de la underclass puede abandonar el hogar familiar en el momento que llega a la edad de trabajar, ya que se le abren las oportunidades de desplazarse hacia la famosa y deseada clase media. Además, el concepto no es hereditario, si aceptamos la existencia de una igualdad de oportunidades para entrar y salir de la underclass, y continuar recorriendo la senda hacia la tan ansiada middle class (Marris, p 11). De la clase obrera eres un miembro permanente, de la underclass solamente circunstancial. Unicamente se quedan en la miseria de la underclass aquellos que son genéticamente disminuidos, perezosos o irresponsables, ya que por definición, la movilidad social y económica se supone que está permanentemente abierta hasta la cima de aquello que el ciudadano se proponga conseguir. La persona ha de tener confianza en sí misma y desarrollar su propias habilidades, en vez de estar pensando que el Estado protector le ha de resolver la papeleta. De hecho, el mensaje que persistentemente se envía a todos los ciudadanos es que cualquier persona de la under o la middle class con talento y trabajo duro puede, desde la miseria o la pobreza, llegar a presidente de cualquier banco o empresa transnacional. Si todavía es más ambicioso, ¿por que no?, incluso a la Presidencia de los EUs. La responsabilidad de no alcanzar una meta, y por tanto la culpa de ello, es completamente del individuo. El que se equivoca ha de pagar. No ha de ser la ‘sociedad’ la que se haga cargo, con los impuestos, de las carencias del individuo o la familia que, provisionalmente, se encuentra en la pobreza o la miseria, en la underclass.
Insistimos. De acuerdo con esta definición, una persona o una familia está encuadrada en la underclass cuando se encuentra con la ‘probabilidad’ de necesitar ayuda del Estado para evitar la pobreza. Y, de acuerdo con esta forma de pensar, sólamente cuando esta situación de penuria individual o familiar se extendiese entre la población sería entonces cuando la underclass se convertiría en un problema grave para la sociedad. Un problema que no solo intensificaría el grado de delincuencia y rotura social, sino que también manifestaría la existencia de una sociedad con un bajo índice de bienestar económico. Sólo a partir de esta situación es cuando habría que implementar algunas políticas de ayuda social para atemperar la incidencia de pobreza severa, de forma que la underclass no llegase en algún momento a convertirse en un peligro social.
Por tanto, y muy oportunamente calculado el mensaje, donde no haya clases no puede haber supuestamente lucha de clases. De esta manera tan sencilla, los políticos y estudiosos de los problemas del capitalismo oportunamente pueden ahora referirse y analizar los diferentes intereses que persiguen cada uno de los correspondientes colectivos sociales sin necesidad de plantearse un cambio de sistema social para solucionarlos. Tampoco se ven en la necesidad de incluir en los estudios la relación que existe entre pobreza y ‘patologías sociales’, entre pobreza y clase, en el sentido de clase obrera o working class.
b)
Una relectura del concepto de underclass desde el Manifiesto Comunista.
Fíjense
lo incómodo y peligroso que resultaría para la clases dominantes
una interpretación crítica de las relaciones de poder. Por
ejemplo, modificando algunas palabras del texto original del Manifiesto,
¿se puede afirmar que, en una sociedad tan desarrollada como los
EUS, “las contradicciones de clase se han abolido, que se distingue precisamente
por haber superado las viejas clases, las viejas condiciones de opresión,
los dos enemigos que se enfrentan directa y diaramente: la burguesía
y el proletariado”? (p. 40).
Después de 150 años, los que pensamos que este texto mantiene su capacidad interpretativa de cualquier realidad capitalista, señalamos que tal afirmación es falsa. ¿Los argumentos? El Manifiesto los aporta:
Hemos visto
como en el Manifiesto, Marx y Engels consideran al lumpemproletariado como
el “producto pasivo de la putrefacción”. En el Brumario, Marx va
más lejos y los describe como “el desecho de todas las clases...,
una masa informe” que incluye a los libertinos arruinados, vagabundos,
licenciados de la tropa o de los presidios, rateros, jugadores, alcahuetes,
traperos, mendigos, (gente) empobrecida de la baja clase media y campesina
que, incapaces de encontrar un sitio en la vida burguesa, eran utilizados
por Luis Bonaparte para su lucha por el poder. Ahora pueden ser utilizados
por la upper
y la ruling class norteamericana contra la clase
obrera.
Política y sociológicamente, el significado de lumpem o underclass podía ser traducido, no tanto por su referencia a un grupo social claramente definido y con un papel sociopolítico importante, cuanto a una llamada de atención al hecho de que, en condiciones extremas de crisis y desintegración social dentro de la sociedad capitalista, gran número de personas pueden separarse de su respectiva clase y convertirse en una masa flotante y desocupada. Pensamos que este es el caso de la gente que la mencionada corriente conservadora-liberal quiere que se la considera como pertenecientes a la underclass en los EUs. Un término que nos distrae de las causas que originan la pobreza y la desigualdad, asi como del conflicto que supone luchar por la justicia social.
3.2. Definiciones de pobreza.
Pero, ¿qué
es la pobreza, que significa ser pobre? Definiciones hay muchas, cada una
de ellas en consonancia con la filosofía política de cada
autor. Ahora bien, para que el lector pueda disponer y contrastar algunas
definiciones con la que anticipé en el ensayo mínimo,
voy a incluir cuatro más en el estudio:
3.3. La canción de los números.
Como nos recuerda San Mateo, al que tiene le será dado. Al asomarnos a la realidad socioeconómica de las sociedades desarrolladas comprobamos que se confirma esta afirmación del evangelista. Como también sabemos que los números cantan, vamos a utilizar un grupo de indicadores para saber: (a) quien y cuanto de pobre es un pobre en los EUs, y (b) cuanto de injusta es la desigualdad en uno de los países mas ricos del mundo.
a) Sobre la pobreza.
Comenzaremos
por las cifras que pública el Gobierno federal de los EUs sobre
las personas que viven por debajo de la línea de pobreza.
El Gobierno federal clasifica como pobre oficial a toda aquella persona con ingresos por debajo del nivel o umbral de pobreza, y no-pobre a quien esté por encima. A efectos de conceder las ayudas sociales, cada uno de los estados ha definido su propio nivel de necesidad, el cual puede variar con respecto al federal. El índice de pobreza federal provee el umbral que sirve de base para determinar el nivel de desigualdad de la nación y buena parte de la ayuda que los Gobiernos federal y por estados dedicarán a la pobreza.
El Cuadro 1 nos ofrece una visión de la situación de pobreza en los EUs. De acuerdo con las estimaciones oficiales, 14 personas de cada cien eran pobres en 1995. En términos absolutos, había unos 37 millones de pobres, casi la misma población que vive en España. Si miramos hacia atrás, comprobamos como el número de pobres en términos absolutos apenas ha cambiado desde 1960. Uno de los factores principales que ha hecho descender la tasa de pobreza, ha sido el aumento total de la población, y no tanto las políticas de ayuda social a los necesitados.
Como indicábamos al principio, la sociedad estadounidense es multiracial. Dentro de esta diversidad, la pobreza golpea con diferente intensidad. En 1995, la tasa de pobreza de las personas de raza negra o latina 44 triplicaba a las de raza blanca.
Si dentro del factor raza incluimos la variante género, la tasa de mujeres pobres es 7.6 puntos mayor que la de los hombres. Y dentro del grupo de hombres, tenemos otra vez que los negros y los latinos triplican la tasa de pobreza del ‘hombre blanco’. Lo mismo ocurre dentro del grupo femenino, aunque aquí se acentúa más la tasa de mujeres negras y latinas pobres con respecto a la de las mujeres blancas.
Finalmente, si combinamos el factor raza con el de la edad, y esta la subdividimos entre mayores de 65 años y menores de 18 años nos encontramos con que los pobres negros y latinos viejos son casi 3 veces más numerosos que los blancos; la misma relación se da en la edad que comprende desde los niños/as hasta los/as jóvenes, aunque con tasas más acentuadas en este caso. ¿Que sistema es este que condena a un 20% de sus niños y a un 11% de sus mayores a vivir en la extrema pobreza?
Hasta aquí hemos considerado la situación de los 36,4 millones de personas que, según el Gobierno, están viviendo por debajo de la línea oficial de pobreza. Análisis más críticos con este índice señalan la existencia de millones de personas que trabajan con dedicación plena, pero con salarios que no les alcanza para comprar el resto de las necesidades básicas: especialmente vestimenta, vivienda, atención médica. Debido a las limitaciones que contiene la definición oficial, bastantes más personas estarían por debajo de la línea de pobreza si se tuviese en cuenta la renta neta (deducidos los impuestos), o los gastos por varios tipos de atención sanitaria indispensable. Cuando quieren saber que pobres habría si incrementasen la cantidad que define la línea de pobreza en un 25%, entonces el número de pobres ascendería a unos 49 millones de personas, casi un 19% de la población total
Entonces, volvemos a hacer un resumen, recordando como uno de los paises más ricos del mundo, abanderado y defensor destacado del sistema capitalista, mantiene a un 20 % de su población en un estado de pobreza oficial. Pobreza que, si la tomamos como un indicador de desigualdad, nos encontramos con que las razas más desfavorecidas son la negra y la latina, con un perfil dentro de cada una de estas en que los niños, las mujeres y los viejos son los más golpeados. En términos absolutos, la mayoría de los pobres son blancos, viven en familias bastante estructuradas, y cuyo principal sustentador tiene algún tipo de empleo: es decir, su condición de pobre se debe más a que sus salarios no alcanzan a situarse por encima de la cantidad fijada como umbral de pobreza. Ahora bien, en términos relativos, la probabilidad de ser pobre en este país aumenta terriblemente, dependiendo de factores tales como ser negro o latino, viejo o joven, mujer o niño, viviendo en una familia monoparental femenina, etc., aspectos que analizaremos más abajo.
b) Sobre la desigualdad.
Para comenzar,
dos observaciones previas:
Una. Cualquier estudio sobre la desigualdad ha de examinar la situación y dinámica de los cuatro jinetes de la pobreza / desigualdad: Riqueza, Renta, Poder y Educación. Sobre los dos primeros ya hemos iniciado unos comentarios anteriormente; sobre el Poder vamos a explicar en que sentido lo entendemos, y sobre la Educación veremos más abajo la importancia de su inclusión.
Comenzamos por el concepto de Poder que se va a emplear. Coincido con Susan Strange cuando dice que, “si el objetivo fuese observar, entender y analizar los cambios en la economía política global, se podría considerar al poder como la habilidad que tiene una persona o un grupo de personas para modificar en su favor los acontecimientos y los resultados que iban a beneficiar al resto de la población” (p.17). Ahora bien, cuando queramos bajar a precisar y conocer quien es esta persona, o cuales son esos grupos que actúan en nuestras sociedades buscando su bienestar a expensas del resto de la población, tal definición se queda corta, porque no nos ayuda a entender las relaciones de poder ni sus procesos en nuestras sociedades. Ocultando su preferencia ideológica en el academicismo, pensamos que la autora huye de aquellos conceptos de poder que no coinciden con su propio paradigma político.45 De lo contrario, se encontraría que la persona es el empresario,46 y los grupos los capitalistas; estos son los que esencialmente tienen el poder para modificar todos aquellos acontecimientos que puedan poner en peligro los procesos de acumulación de riqueza y renta, personal y de clase, por parte del resto de la ciudadanía.
De hecho, cuando más abajo en su libro repasa las diferentes concepciones que existen sobre el poder, tiene que mencionar la existencia de una interpretación Marxista de las relaciones de poder, definición que se basa en lo que ella misma define como “estructuras de producción”. Citando a Cox, explica: “es la producción la que crea recursos que se van a transformar en otras formas de poder –financieras, administrativas, ideológicas, policiales y militares. Estas relaciones forman la base de la autoridad política –estados- la cual impone el sistema de acumulación al resto de la sociedad; esto significa que el poder y la riqueza son acumuladas a través de las estructuras de producción, mediante la explotación de la población por los grupos de poder” (p. 23-24). Esta es la definición que nos convence; este es el concepto de poder que se utiliza en este trabajo.
Dos. No hay banco nacional e internacional que se precie de moderno, de no encargar a la ‘academia’, y publicar periódicamente, su correspondiente informe sobre la pobreza. Sin embargo, los datos sobre la distribución de la riqueza apenas existen; los que aparecen, llegan ya viejos, aislados y sin posibilidad de comparación. Ante esta sequía de información sobre un tema tan relacionado con la proliferación de estudios sobre la pobreza, uno se pregunta: ¿por que las entidades bancarias y aseguradoras, que manejan las cifras y conocen esta realidad, no financian y publican informes sobre la concentración de la riqueza? No lo hacen, y es obvia la causa, porque sería tanto como descubrir a la gran mayoría de ciudadanos como una pequeña minoría de personas posee casi toda la riqueza, y concentra casi todo el poder. De todas formas, con los datos que hemos podido recopilar, aparece la siguiente fotografía de la desigualdad.
Riqueza
y desigualdad.
Desde 1970,
todos los indicadores socioeconómicos apuntan a un constante aumento
de la desigualdad en la distribución de la Riqueza
a favor de las clase rica. Zepezauer y Naiman son más drásticos
en la apreciación de esta tendencia: “robar a lo pobres, a cualquiera
de los ciudadanos que no es rico, se ha convertido en el procedimiento
estándar en este país. El Gobierno de los EUs funciona hoy
en plan Robin Hood, pero a la inversa”. En el Cuadro 2, comprobamos como
la riqueza, uno de los poderes mencionados anteriormente, se concentra
en favor de la llamada upper class norteamericana.
En términos de capital financiero, el 89% de la propiedad de estos recursos pertenece al 10% de la familias más ricas, mientras que el otro 11% se distribuía entre el restante 90% de la población.
En términos de capital productivo, el 51% de la propiedad de estos medios pertenece al 1% de las familias ricas, mientras que solo el 18,8% era del 90% de las familias no ricas; pequeños negocios familiares, etc.
Aparte de esta formidable concentración de la riqueza, la pregunta que surge es la de como se distribuyen las participaciones que tienen esos dos 90% de familias pobres, ya que es casi seguro que un 80% de estas familias carecen totalmente de riqueza financiera y productiva.
Si pasamos ahora a considerar la riqueza neta, la fotografía varia un poco, dado que en esta definición se tienen en cuenta la propiedad de la vivienda y los ahorros que las familias pueden tener en los bancos y cajas. De todos modos, el 10% de las familias ricas son propietarias del 70% de la riqueza neta, mientras que el otro 90% de las familias dispone del 30%. Tomando el 1% de las familias ricas comprobamos que son propietarias de más riqueza neta (38%) que el 90% del resto de las familias juntas, 30%. Asombroso, ¿no!!!
Otra distribución que nos hubiera gustado conocer es como se vuelve a repartir ese 30,2% de la riqueza neta entre el 90% de las familias no pobres. Un dato que puede dar una pista es el de que un 8,7% de las familias compuestas por miembros de raza blanca, un 29% de raza negra y un 24% de raza latina declaran no poseer ninguna riqueza. La riqueza media que las familias blancas declaran poseer, era 10 veces más que la de las familias negras declarantes y 8 veces más que la de los latinos. Estos dos datos vuelven a resaltar la desigualdad que existe entre los ciudadanos blancos y los de otras razas.
Otro indicador del crecimiento de la desigualdad a partir de los 70s lo encontramos en el crecimiento del número de personas millonarias. En 10 años, 1968-1978, se duplicaron; en los 20 siguientes, 1978-1988 se multuplicaron por 31!!!
Utilizando su propia nomenclatura de personas adineradas, otra estimación similar la ofrece K.Phillps:
Renta
y desigualdad.
La riqueza
productiva tiene la cualidad de originar rentas y asignarlas a sus propietarios
legales. Por lo tanto, es de esperar que los propietarios de la misma reciban
unos
ingresos relacionados con la cantidad de riqueza que poseen. En el Cuadro
3 comprobamos como la estructura y evolución de la distribución
de la Renta sigue casi paralelamente
la misma pauta que encontramos con la distribución de la riqueza.
En una lectura horizontal, observamos la estructura de la distribución de la renta familiar en 1995. En ella se comprueba como el 5% de las familias más ricas recibía el 20% de la renta producida, 5,5 puntos más que las rentas que recibía el 40% de las familias más pobres; tan solo un 14,5%. Si ahora miramos al 20% de las familias de la upper class, encuadradas en el quintil con rentas más altas, estas totalizaban nada menos que un 46,5% de la distribución total de la renta, mientras que el 60% de las familias underclass, tres veces más numerosa que las familias ricas, recibía una cantidad de renta más de dos veces más pequeña, 20,3%. Este mismo año, el conjunto de la upper class casi recibía un porcentaje de la tarta tan grande como el 80% de las familias restantes!!!
En una lectura vertical, observamos la evolución de la distribución de la renta desde los 70s. Durante estos 25 años, la tendencia es que el porcentaje de renta distribuida entre el 30% de las familias underclass (tres primeros quintiles) se va deteriorando ostensiblemente; hasta 5 puntos durante este tiempo. Mientras tanto, la middle class (cuarto quintil) defiende su participación en la distribución de la renta, cediendo los aumentos en beneficio de las familias ricas, especialmente los del 5%, que son quienes reciben íntegramente los 5 puntos perdidos por la clase obrera, perdón, la underclass.
En una lectura horizontal por raza, vemos como los tres primeros quintiles de la underclass, las familias blancas registran participaciones en la renta por encima de la media, mientras que los de las familias negras y latinas las participaciones en la rentas están por debajo de la media; es la desigualdad de la renta por raza dentro de la propia pobreza. Sin embargo, los datos de los quintiles de clase media y rica nos ofrecen una realidad curiosa: es precisamente la participación de las familias blancas las que manifiesta estar por debajo de la media, mientras que salen favorecidas por encima la de las familias negras y latinas. En la lectura vertical por raza, las tendencias en cada clase social son una replica de la lectura horizontal. La única variante es que mejora dentro del quintil 5 el grupo del 15% a expensas, claro está, de las clases que perciben rentas más bajas. Ambas lecturas nos ofrecen una visión de la desigualdad económica en base a las clases sociales.
El Cuadro 4 permite ampliar más el panorama sobre la desigual distribución de la renta entre los hogares, por raza y según el estatus familiar. En la lectura horizontal o entre las razas, cuando la pareja está casada, el hogar ingresa una renta media anual substancialmente por encima de las otras dos razas. Cuando el hogar es monoparental masculino, es decir, donde se da la ‘ausencia’ de la esposa, las diferencias del ingreso con respecto a las otras razas también se mantiene. Y así sucesivamente ocurre con los otros estatus: monoparental femenino, solteros y solteras. Si tomamos la media del total de los hogares familiares, la diferencia de rentas entre los hogares blancos y las otras dos razas es de unos 20.000 dólares. Una cantidad muy significativa como para poder hablar de desigualdad económica en base a las razas.
Una lectura vertical género / raza, nos situaría ante la desigualdad de género dentro de cada una de las razas. No entendemos porque un hogar monoparental femenino blanco, donde se da la ausencia del marido, se ingresan casi 11.000 dólares menos; o el negro y latino, donde se ingresan casi 12.000 dólares menos. Un hogar blanco regido por una mujer percibe unos 23.000 dólares menos que si está por una pareja casada. En el caso de un hogar dirigido por una mujer negra, la diferencia aumenta a unos 25.000 dólares. Estos son ejemplos bien claros y evidentes de la desigualdad económica en base al género en este país.
Educación
y desigualdad.
En los EUs,
la
Educación cobra una especial
relevancia por el papel que juega en la reproducción de las élites
del país, de la realimentación que supone en el mantenimiento
de los poderes, ya que es un mecanismo de acceso a las rentas altas y a
cierta capacidad de acumulación de riqueza. En un país como
EUs, en donde la creación de riqueza es tan enorme, con un mínimo
de recursos dedicados a la caridad pública, permite ir a su población
pobre relativamente vestida y alimentada. Por lo tanto, si no se analiza
la cuestión de la educación,48
es
muy difícil detectar ‘desde fuera’ del país la tremenda desigualdad
que se genera en el interior de su propio territorio.
Habitualmente,
la desigualdad se origina en la dirección
riqueza
renta
poder.
En este caso, la educación viene a cerrar el circulo (Diagrama
1), en el sentido de que, en un mundo cada vez más tecnificado y
burócrata como el del capitalismo tardío, las clases ricas
y dirigentes disponen de los conocimientos que se necesitan para administrar
y ejercer el fuerte control que requiere la complejidad de estas sociedades.
En el caso de que el saber no sea suficiente, dado que los conocimientos
son una
mercancía más, sujeta a transacción
comercial, la clase propietaria compra el saber de los econócratas,49
que gustosamente se ponen al servicio de las clases dominantes.
Sin embargo, la
educación también es frecuentemente una vía de acceso
a la
renta
al
poder que dan las rentas altas
y
a cierta riqueza. De aquí que considere la educación
como otro jinete de la desigualdad importante a tener en cuenta,
ya que su dinámica nos permite comprobar como sirve para reproducir
la estructura de clases y de rentas. A su vez, estas dos estructuras vuelven
a demostrar como los niveles de rendimiento escolar y académico
alcanzados están relacionados con la procedencia de clase y el nivel
de los ingresos.
Todos nacemos en una familia, aunque en algunos casos esta esté desestructurada. Nacer supone comenzar un proceso de aprendizaje afectivo y educativo, un proceso en el que hemos de aprender a estabilizarnos en nuestro entorno emocional, físico y cultural. Un recorrido que va a pasar por los diversos tipos de formación: escolar y profesional, artística y cultural, moral y ciudadana, etc. Es un tiempo dedicado al aprendizaje de todas aquellas artes que nos son indispensables para la sobrevivencia y la convivencia humana. Ahora bien, y como vamos a ver enseguida, la clase y raza de la familia en la que nacemos son dos factores que nos potenciarán o nos limitarán a la hora de recorrer el proceso educativo del que esperamos nos ayude a conseguir los conocimientos para el equilibrio personal.
La distribución de la renta familiar por nivel educativo es un indicador que permite comprobar la desigualdad por la relación que existe entre educación adquirida y bienestar familiar:
Algo debía fallar en este planteamiento educativo cuando, en 1944, en su discurso sobre el Estado de Nación, el Presidente Franklin Roosvelt se veía en la necesidad de enunciar una serie de derechos que garantizasen al ciudadano un buen estándar de vida. Entre ellos, no faltaba:
Por el lado de la dinámica del proceso educativo, los Cuadros 7 y 8 nos muestran la entrada y los niveles educativos conseguidos por raza y género. Tomando 1995 como referencia, lo primero que encontramos es que la mitad de los niños y niñas entre 3 y 4 años no se había presentado en la meta de salida, más de dos tercios en el caso de los de raza Latina. ¿Que va a suponer esta ausencia en el futuro de su desarrollo educativo? De 5 a 17, periodo decisivo para la formación personal, comprobamos que hay un enrolamiento prácticamente total en todas la razas, pero algo ocurre durante este tiempo que, a partir de los 18-19 comienza un proceso de tamización permanente que deja las escuelas casi vacías; entre los 22 y los 24 años sólo asisten a clase un 23,1% de los blancos matriculados, un 19,9% de los negros y un 15,6% de los latinos. Entre los que consiguen completar 4 o más años de escuela, los blancos están por encima de la media y los negros y latinos por debajo. El porcentaje de los que continúan y consiguen completar 4 o más años de nivel universitario se ve reducido drásticamente a un 24% entre los blancos, de nuevo por encima de la media, mientras que el de negros y latinos queda muy substancialmente por debajo de los blancos y de la media.
¿Debemos suponer que la raza de la familia tiene alguna influencia en los educandos mientras dura el proceso de formación, tanto a la hora de matricularse, como de permanecer y finalizar los estudios escolares e universitarios?
Si le damos la vuelta a la moneda y la miramos por el lado del género, nos encontramos como hombres y mujeres entran en los diversos niveles educativos en proporciones similares. A nivel de 4 años o más, es curioso comprobar que los géneros dentro de cada raza presentan participaciones similares, muy por debajo los hombres negros y latinos con respecto a los blancos; muy por debajo las mujeres negras y latinas con respecto a las blancas. A nivel universitario, el vuelco es total: domina el hombre blanco sobre el resto de hombres y mujeres; domina la mujer blanca sobre el resto de las mujeres.
¿Debemos suponer que la raza de la familia y el género de sus miembros tienen algo que ver con los niveles educativos que se van a conseguir?
Metidos en el rendimiento educativo, el Cuadro 9 nos muestra una tabla de los niveles obtenidos por edad, género, raza, y posibilidades de empleo/desempleo en el mercado de trabajo. A pesar de la ‘igualdad de oportunidades’, los factores que entran en el proceso de tamización criban de tal manera que, en 1996, y en términos medios totales, el 51,9% no había conseguido superar el nivel de la secundaria; un 24,5 entraba en el nivel intermedio, pero sin graduación; y el 23,6% conseguía alguno de los títulos universitarios superiores.
Edad. Este factor presenta una estructura positiva, en el sentido de que los tres primeros tramos de edad presentan unos porcentajes de rendimiento que favorecen la consecución de los niveles universitarios con respecto a los escolares. Con el aumento de la edad, los tres siguientes presentan una evolución inversa, como es el incremento de los escolares con respecto a los universitarios.
Género. Si consideramos ahora esta situación desde el lado de este factor, la estructura de los rendimientos educativos conseguidos por hombres y mujeres vuelve a ser similar al que manifiesta la media total: obtienen mejores rendimientos las mujeres en los dos primeros niveles y pierden peso en los universitarios.
Raza. Entre las que consiguen completar la secundaria, las personas de raza negra presentan un porcentaje de participación que supera positivamente al de los blancos y latinos, consiguen mantenerse también por encima en el nivel intermedio, pero pinchan estrépitosamente cuando llegan a nivel universitario. Lo contrario ocurre con las personas latinas que comienzan y mantienen sus participaciones en estos niveles escolares muy por debajo de negros y blancos, pero que aceleran y se colocan primeros en el tramo universitario.
Mercado de trabajo. La repercusión de estos tres factores (edad, género y raza) podemos comprobarla en el mercado de trabajo. Las personas con preparación elemental se colocan en menor porcentaje (43%) que la suma de las que han conseguido intermedio o universitario (57%). En cambio, en la estructura de desempleo, el mayor porcentaje de parados (62,8) se da entre las personas con niveles elementales, mientras que se reduce en el intermedio y los universitarios (37,2%). Entre las personas inactivas, existe una todavía mayor concentración de personas con estudios elementales.
Si desglosamos más el volumen de ocupación, fuente de renta permanente, vuelve a mostrarnos que, a mayor nivel educativo, mayores son las posibilidades de colocación. Que los hombres encuentran empleo más fácil que las mujeres. Y que los blancos tienen preferencia sobre los negros y latinos. El mismo desglose con el desempleo, base de pobreza y desigualdad, nos demuestra que a mayor nivel educativo menos paro. Las mujeres, por una vez, padecen menos paro que los hombres, Y que las tasas de paro de las personas blancas son la mitad de las personas negras y latinas.
En resumen, los Cuadros 7 a 12 nos demuestran como, en el momento de matricularse para los primeros niveles del sistema educativo, parece que las oportunidades de igualdad son las mismas para todos los ciudadanos: hombres y mujeres de todas las razas. Después, a lo largo del recorrido por los diferentes niveles de formación, los fracasos escolares van haciendo criba,50 van mermando las posibilidades de llegar hasta el final del proceso. En general, se puede concluir que salen beneficiados los hombres sobre las mujeres, y los blancos sobre el resto de las razas de la nación. ¿Debemos suponer que la educación favorece la desigualdad entre la raza de las familias y el género?
Los números
son una manera de corroborar cuanto de importante es mantenerse en la carrera
de la educación, por el impacto que tiene la formación en
los ingresos familiares o individuales, en los niveles de pobreza y en
la propia desigualdad. Los ingresos económicos que se pueden conseguir
en cada nivel de formación suponen una forma de alejarse o acercarse
a las fuentes del poder. Como indicábamos, se materializa la vía
ascendente de la
educación
renta
poder.
&nbs