La cultura de las rentas básicas. Historia de un concepto
José Iglesias Fernández


Precursores: términos, conceptos, justificación, financiación, etc.

Los peligros que amenazan a nuestra civilización no provienen de la debilidad de las fuentes de producción.
De lo que padece y ha de morir, si no se remedia, es de la distribución injusta. Henry George

Génesis. (Isaías y San Pablo) De los libros Génesis, Isaías y las cartas de San Pablo. La Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 1957.

 

biblia    Aún conociendo extraordinariamente el contenido del Antiguo Testamento,[1] a San Pablo se le pasó por alto la idea de que, en el plan original que Dios diseña para la vida y la convivencia de las personas en el jardín del Edén, el hecho de trabajar no figuraba. Deducimos que el trabajar no podía estar en el citado plan, al menos, por dos razones:

    Toda esta explicación religiosa de como fueron concebidos los seres humanos y esa parte de la tierra que se convierte en cuna de las primeras experiencias sociales de la persona, indica que los hombres y las mujeres que habitaron durante esa primera época en el jardín Edén podían disfrutar de todos sus bienes sin esfuerzo, sin tener que trabajar en el sentido de que fuese una tortura. Pudiera decirse que la sobre vivencia humana en el paraíso, todo ese primer plan original de Dios para las personas, estaba concebido, proyectado y garantizado como si se tratase de una renta básica en su versión de modelo débil.

    Pero es cuando los habitantes del paraíso caen en la tentación de transgredir el mandato de Dios, “de todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás”, cuando van a perder el bienestar que suponía vivir sin tortura, sobrevivir sin la necesidad de tener que trabajar. Es la trasgresión del plan original de Dios lo que da lugar al pecado original, y con él, a la expulsión de las personas del jardín de Edén. De esta forma, la salida del paraíso se convierte en un castigo para sus habitantes, con la pérdida de aquella RB. A partir de ese momento, Dios condena a las mujeres al dolor del parto, y a los hombres a sudar el pan que han de comer todos, los unos y los otros. Siguiendo con el Génesis:

     Sin pretenderlo, pero adecuadamente, Balmes resume esta nueva situación del ser humano cuando dice que “el hombre ama las riquezas, la gloria, los placeres, pero también ama mucho el no hacer nada; esto es para él un verdadero goce, al que sacrifica a menudo su reputación y  bienestar. Dios conocía bien la naturaleza humana, cuando la castigó con el trabajo; el comer el pan con el sudor de su rostro es para el hombre una pena continua, y frecuentemente muy dura”[4]. También San Agustín asegura en su teoría de la salvación que el hombre ejercía su voluntad libremente antes de la Caída, de forma que podía haberse abstenido tranquilamente de pecar, de transgredir el mandato divino.

    Es decir, lo que se desprende de estos hechos es que el ser humano, en un momento histórico, decide preferir optar libremente por la trasgresión del plan original bíblico a cambio de perder la renta básica que disponía en el paraíso terrenal. Por tanto, a nadie debe sorprender que los laboriosos religiosos resientan y se opongan a la propuesta de devolver a los hombres y mujeres el derecho a esa renta básica. Aceptar esta concesión supondría para sus creencias el absolver a la humanidad del castigo bíblico impuesto por el propio Yahvé Dios.[5]

Isaias    Isaías pone más el acento en la esperanza que en el castigo, en la idea de que los seres humanos recuperarán el paraíso del Génesis, gracias a la misericordia de Dios. El hombre, los hombres, al menos los del pueblo escogido, volverán a gozar de la presencia de Yahvé cuando Dios vuelva a convertir el Edén en el lugar donde se “juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra... el tirano y el impío serán juzgados por decreto... [Será un mundo de paz] donde el lobo habitará con el cordero y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará... No habrá más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yaveh, como llenas las aguas del mar”.

pablo    Si Isaías abre la puerta de la esperanza a un mundo con RB, San Pablo la cierra de golpe. Es bien conocida, y mucho más repetida por los defensores del trabajo compulsivo, la exhortación que hace a los Tesalonicenses para que persistan en la actividad laboriosa: “En nombre de nuestro Señor Jesucristo, os mandamos apartaros de todo hermano que vive desordenadamente y no sigue las enseñanzas que de nosotros habéis recibido. Sabéis bien como debéis imitarnos, pues no hemos vivido entre vosotros en ociosidad ni de balde comimos el pan de nadie, sino que con afán y con fatiga trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros. Y no porque no tuviéramos derecho, sino por que queríamos daros un ejemplo que imitar. Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertíamos que el que no quiere trabajar que no coma.[6] Porque hemos oído que algunos viven entre vosotros en la ociosidad, sin hacer nada, sólo ocupados en curiosearlo todo. A estos tales les ordenamos y rogamos por amor del Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan. En cuanto a vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.. Y si alguno no obedece este mandato nuestro que por la epístola os damos, a ese, señaladle y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no por eso le miréis como enemigo, antes corregidle como hermano”. (Tesalonicenses II. 3, 6-15).

    San Pablo es el Apóstol por excelencia que va a establecer y difundir las bases de la moral cristiana.[7] De aquí que tracemos la influencia que sus enseñanzas doctrinales van a tener en la moral occidental y, especialmente, en condicionar esa actitud tan extendida de considerar el trabajo asalariado como una actividad que dignifica a las personas. Manteniéndose fiel a la condena de Yavé Dios, San Pablo denostará la condición femenina y dignificará el trabajo como base de la expiación del pecado original. Lo que da pié a que, entre los oponentes a la concesión de la RB, haya quién le cite textualmente para defender esta oposición. (Riechmann, Pág. 31)

    Para San Pablo, sólo Dios es justo, pues es el que otorga justicia, e injustos los hombres, por estar sujetos al pecado original. Desde el momento de la expulsión del Edén por Yavé Dios, los hombres [gentiles y judíos] quedaron fuera del camino de la justicia; solamente alcanzarán la situación de justos cuando cumplan con la Ley de Dios: La justicia es una relación entre Dios y el hombre; la caridad es una relación que se da sólo entre los hombres. El hombre únicamente se podrá salvar por la fe en Jesucristo.

    La justicia social nunca entró a formar parte de su credo doctrinario, de su moral judeocristiana; si la justicia era divina, no podía ser social. Esto no quiere decir que se puso de espaldas a la realidad social en la que vivía, sino a que consideraba el trabajo como un elemento de redención contra el pecado humano. Las relaciones de esclavitud y servidumbre que se manifestaban en las Escrituras y durante su tiempo de vida, aparecían reconocidas en los preceptos que Dios entregó a Moisés.[8] Más bien se puede decir que incluso tomaba partido, pues el Apóstol jamás se olvidaba en sus epístolas de recordar y encarecer a sus comunidades la obediencia que debían a las autoridades públicas, así como el espíritu de sumisión que los siervos habían de manifestar a sus amos:

     No parece que San Pablo se haya cuestionado las consecuencias que tiene la esclavitud[9] para el ser humano, especialmente cuando el yugo de la servidumbre supone una relación de sometimiento entre personas creadas “a imagen suya, a imagen de Dios”. Para el apóstol de los gentiles son más peligrosos los falsos doctores que los propios ricos. Con los primeros es beligerante e intransigente, mientras que con los segundos es tolerante y comprensivo. Comparemos como define a uno y otro grupo:

     No sólo es imposible que a San Pablo se le ocurriese pensar en una RB, lo grave es que, a lo largo de los siglos, condicionó la mente de muchos pensadores a considerar que, cualquier derecho que propusiese liberar al ser humano del trabajo asalariado, era muy negativo.

Platón (nacido por el 427-347 a.C.). The Republic. Penguin Books. England 1968. Michael B. Foster. “Plato to Machiavelli”. Masters of Political Thought. Vol. I, Harrap & Co. Ltd. London 1963.

platon    Términos: mechanical arts and fire as the means of life; justice and reverence to all

    Términos en castellano: artes mecánicas y el fuego como medios de vida; justicia y reverencia para todos

    Justificación: “La Justicia es, para Platón, a la vez  una  parte de la virtud humana y el ligamen entre las personas y el estado”. La misma cualidad  hace que el ser humano sea bueno y social. Esta identificación es el principio de partida y fundamental de la filosofía política de Platón... (p.45)

    Esto queda ilustrado en un mito que Platón pone en la boca de Pitágoras, el sofista:

    “Érase una vez una época en la que únicamente había dioses, no existían las criaturas mortales. Pero cuando llegó el tiempo en que dichas criaturas también debieron ser creadas, los dioses las formaron a partir de tierra, de fuego y de las diversas mezclas que de ambos elementos había en el interior de la tierra; y cuando estuvieron a punto de llevar dichas criaturas a la luz del día, ordenaron que Prometeo y Epimeteo las equiparan, y que les distribuyeran separadamente sus propias habilidades y poderes”.

    Epimeteo le dijo a Prometeo: “Déjame distribuir y tú inspeccionas”. La propuesta fue aceptada, y Epimeteo distribuyó. Hubo algunos seres a los que dió fuerza sin ligereza, mientras que equipó a los más débiles con destreza; algunos fueron armados y otros no; y legó a los últimos otros medios de supervivencia, haciendo a algunos grandes, siendo el tamaño su protección, y a otros pequeños, cuya naturaleza les permitiría volar en el aire o amadrigarse en la tierra; esa sería su vía de escape. Así los compensó, con el objetivo de evitar la extinción de ninguna raza. Y cuando los hubo proveído para prevenir la destrucción entre ellos, maquinó el modo de protegerlos contra las estaciones del cielo; vistiéndolos con pelo tupido y piel gruesa, suficiente como para defenderlos del frío invierno y capaces de resistir el calor estival, de forma que pudieran tener un lecho propio cuando quisieran reposar; también los surtió con  pezuñas y pelo, y piel dura y callosa bajo sus pies. Entonces les proporcionó un surtido de alimentos: hierbas del suelo a unos, a otros frutas de los árboles, y a otros raíces, y a otros de nuevo les dió otros animales como alimento.Y dispuso que algunos tuvieran pocos descendientes, en cambio sus víctimas eran muy prolíficas; y así es como las razas serían preservadas.

    Así hizo Epimeteo, quien, no siendo muy inteligente, olvidó que había distribuido entre los animales irracionales todas las cualidades que tenía para repartir, y cuando llegó al hombre, que estaba todavía desproveído, quedó terriblemente perplejo. Mientras duraba su confusión, Prometeo apareció para inspeccionar la distribución, y opinó que el resto de animales estaban proveídos convenientemente, pero que únicamente el hombre iba desnudo y descalzo, y no tenía ni lecho ni medios de defensa. La hora convenida se aproximaba, en la que el hombre debiera salir a la luz del día; y Prometeo, no sabiendo qué tramar para su protección, robó las artes mecánicas de Hefaesto y Atenas, y con ellas el fuego (no hubieran podido ser adquiridas ni usadas sin el fuego), y se las concedió al hombre. Así el hombre tendría la sabiduría necesaria para el mantenimiento de su vida, pero carecía de buen criterio político; ya que éste se encontraba bajo el influjo de Zeus, y el poder de Prometeo no le permitía penetrar en la ciudadela del cielo, donde Zeus residía, el cual tenía además unos centinelas terribles; pero entró a hurtadilas al taller común de Hefaesto y Atenas, donde solían practicar sus artes preferidas, y se llevó el arte de Hefaesto de forjar el hierro, y también el arte de Atenas, y se los concedió al hombre. Y de esta forma el hombre fue surtido con los medios de vida. Pero se dice que luego Prometeo fue perseguido por hurto, a causa de la pifia de Epimeteo.

    Ahora el hombre, teniendo una parte de los atributos divinos, era el único animal que podría tener algún dios, puesto que era de su misma naturaleza; y al que le dedicaría altares e imágenes. No tardó mucho tiempo en inventar palabras y nombres; y también construyó casas y vestimentas y zapatos y camas, y se proveyó de sustento de la tierra. Provistos de esta forma, los hombres vivieron en un principio dispersos, y no había ciudades.[10] Pero la consecuencia fue que fueron atacados por las bestias salvajes, ya que eran absolutamente débiles  a su lado, y sus habilidades sólo bastaban para proporcionarles los medios de vida, y no les permitían llevar a cabo la guerra, y sus habilidades sólo bastaban para proporcionarles los medios de vida, y no les permitían llevar a cabo enfrentamientos con los animales: hasta ese momento, tenían comida, pero no el arte de gobernar, del cual formaba parte el arte de la guerra. Un tiempo después, el deseo de auto-preservación los agrupó en ciudades; pero una vez que estuvieron juntos, sin artes de gobierno, se trataban mal los unos a los otros, así que estuvieron de nuevo en proceso de dispersión y de destrucción. Zeus temió que la raza en su totalidad fuera exterminada, y les envió a Hermes, que estableció el  respeto y la justícia como  principios de reglamento en las ciudades y como lazos de unión y de concilación. Hermes perguntó a Zeus cómo debería impartir justícia y el respeto entre los hombres: “¿Debería distribuirlas como se distribuyen las artes, o sea, a únicamente unos pocos hombres, una persona hábil que supiera suficiente de medicina o cualquier otro arte por cada muchos individuos que ignoraran ese arte? ¿Debe ser este el modo en que yo distribuya la justícia y el respeto entre los hombres, o debo darselas a todos?” “A todos”, dijo Zeus; “A mi me gustaría que todos tuvieran una parte, ya que las ciudades no pueden existir, si sólo unos cuantos tienen estas virtudes, igual que pasa en las artes. Y además, haz una ley por dictamen mío, que diga que quien no sea reverente o justo debe ser asesinado, puesto que es una plaga para el estado”. (pp. 44-45)

Anaximadro de Mileto (cerca del 590 a.C.)

anaximandro

1) En Giorgio de Santillana. The origins of scientific thought. A Mentor Book. New York 1961

    Según De Santillana, “los Jónicos no intentaban proponer un sistema científico, dado que a ninguno de ellos alguien les había explicado lo que era o debía ser la ciencia. Lo que afirmaban era que existía un orden de las cosas, que este orden era el de la justicia y la reciprocidad, en el mismo sentido que operaba entre las personas, y que nadie mejor que estas para entender y aplicarlo a la naturaleza… La frase única que se preserva de Anaximandro de Mileto, que incluimos abajo, y que podemos considerarla como el primer libro griego sobre la ciencia, dice”:

    Aquello, del cual todas las [personas] y cosas tienen su origen, es a su vez la causa de su finitud, y cada una de ellas ha de pagar un atonement, una contribución a cada una de las otras para compensar las injusticias mutuas que van apareciendo con el paso del tiempo.” (pp. 21-22)

2) En Bertrand Russell. History of Western Philosophy. Allen & Unwin Books. London 1965

    “La metafísica de Heráclito, como la de Anaximandro, está dominada por la concepción de una justicia cósmica, que previene la tensión entre opuestos y el que acabe predominando totalmente el uno sobre el otro”.[11] (p. 62. B.R.) La frase que cita B. Russell es:

     Into that from which things take their rise they pass away once more, as is ordained; for their make reparation and satisfaction to one another for their injustice according to the appointed time. (p. 130)

3) En Ramón Valls Plana. La Dialéctica: un debate histórico. Montesinos Divulgación Temática. Barcelona 1981

    “La frase esboza dos movimientos. Uno, el ciclo nacimiento-muerte, como movimiento de generación y corrupción. Surgen las cosas desde lo indeterminado (ápeiron) como matriz universal a la que regresan. El otro movimiento es el de la retribución o justo pago entre las cosas determinadas. Ambos movimientos no se relacionan de manera explícita en el texto, pero se sugiere que el primero se lleva a cabo mediante el segundo. En otras palabras, la acción mutua entre las cosas es la ejecutora de una necesidad superior, la del nacer y el perecer desde el fondo indeterminado de la naturaleza y hacia él. Ambos movimientos, por otra parte, se describen con palabras tomadas de la vida ciudadana, ley u obligación, pago de deudas o de culpas, como si las primeras palabras de que se dispone para hablar de la naturaleza sean precisamente términos tomados de la vida ciudadana. Una vida ordenada por un código o ley y unos valores que deben prevalecer”. (pp. 13-14) R. Valls traduce la famosa frase así:

    De allí mismo de donde las cosas brotan, allí encuentran también su destrucción, conforme a la ley. Pues ellas se pagan mutuamente expiación y penitencia por su injusticia, conforme a la ordenación del tiempo.

Protágoras (nacido por el 490-480; muerto por el 420-411 a.C.). T.A. Sinclair. A History of Greek Political Thought. Routledge & Keegan London 1951.

    protagoras                                              Términos: decency (regard for others) and right

    Término en castellano: decencia (miramientos hacia los demás) y derecho

    Justificación: “Pitágoras no ha dejado ningún escrito que haya perdurado. La bondad política se basa en la bondad moral, y este descubrimiento fue uno de los pilares sobre los que Platón edificó su República. Por supuesto que tuvo numerosos principios que le guiaban, algunos de los cuales se evidenciaron en la elaboración de la constitución de Atenas en tiempos de Pericles. Por lo tanto, si Platón  elaboró  una constitución ideal, debemos estar seguros de que tenía en mente tres cosas, siendo las tres de extrema importancia:

1. Todas las personas son iguales ante la ley, y responsables de sus actos

                2. Las personas mejor dotadas y entrenadas son más útiles que las demás y merecen honor y promoción consecuentemente.

                3. Aquello que sea socialmente beneficioso es éticamente sano (p.60)

 Pero es bueno recordar que el trabajo de Platón es una dramática reconstrucción, casi una obra histórica, tan hábilmente escrita, que es fácil que nos engañemos a nosotros mismos y creamos que estamos leyendo un narración vivida al pie de la letra (verbatim).  Sin embargo no nos hace falta esta descripción para negar la evidencia; podemos como mínimo tener suficiente confianza en que el mito que cuenta Platón fue tomado del trabajo de Protágoras en la condición original de la humanidad”. (p.55)

"Protágoras no fue el primero que consideró el Hombre como el centro del cosmos,[12] pero inició una nueva línea de pensamiento al intentar solucionar algunos problemas de la teoría política a la luz de los orígenes de la realidad política... [Primeramente, dijo que] ‘sobre los dioses no puedo decir que existan o que no existan, dado que hay muchos obstáculos para alcanzar dicho conocimiento, en parte por la falta de certidumbre y, en parte, por la brevedad de la vida humana... [En segundo lugar], el Hombre es la medida de todas las cosas... [En tercer lugar], cada hombre tiene una parte de justicia y unas habilidades generales como ciudadano... (pp. 56-57)

“Tomando como base al mito de Prometeo, él lo adapta y lo expande libremente. Se percata de la condición miserable del hombre primitivo y las marcas sucesivas de civilización –religión, lenguaje, agricultura, elaboración del tejido, construcción, y los diversos medios que hacían la vida del hombre más tolerable. Pero el peligro representado por los animales salvajes proseguía, y no podía ser superado más que mediante la cooperación y la ayuda mutua; y todas las artes que el hombre había adquirido hasta entonces  no incluían  el ‘arte político’. Por tanto, los humanos no ‘jugaron limpio’ y el primer experimento de convivencia en ciudades fracasó.  Para salvar a la humanidad del exterminio, Zeus envió a Hermes para dotar a los hombres de decencia y justicia. De ello inferimos que, el entrenamiento en las artes políticas, sólo puede ser dado cuando las cualidades morales necesarias están presentes. Y esas dos cualidades, aprendemos a continuación, inducen a la paz en las ciudades y unen a los ciudadanos con lazos de amistad, pero no hacen de sí mismos una cura para la decencia y la justicia. Para ello la educación y el entrenamiento son esenciales. El mito incluye lo siguiente: ‘Hermes le pregunta entonces a Zeus de qué forma debe distribuir la justicia y la decencia entre los hombres, si debe seguir el mismo plan que en la distribución de las habilidades, es decir, una persona hábil en medicina que preste servicio a un cierto número de personas que ignoran dichos conocimientos, y de igual modo con las otras artes. ¿Debe poner la justicia y el derecho en el mundo de este modo o debe otorgarlos a toda la humanidad?’ ‘A toda la humanidad’, respondió Zeus, ‘todos ellos deben tener una parte. Si únicamente unos pocos las poseyeran, como pasa con las artes profesionales, no habría ciudades. Y establécelo como una ley dictada por mí, y que cualquiera que sea incapaz de regirse con justicia y decencia sea asesinado como si fuese una peste nacional’”. (pp. 58-59)

Octavio Augusto (63 a.C.-14 d.C.). Cayo Suetonio  (120 d.C.). Los doce césares. Sarpe. Madrid 1985.

augusto    Término: congiario.[13]

    Justificación: En cuantas ocasiones se presentaron dio testimonio a todos los órdenes de su liberalidad. Conducido a Roma por orden suyo el Tesoro real de Alejandría, derramó tal abundancia de numerario, que al punto bajó el interés del dinero y subió el precio de las tierras; más adelante, cuando el Tesoro público se vio aumentado con la confiscación de los bienes de los condenados, prestó gratuitamente, y por tiempo determinado, a los que podían responder por doble de su cantidad. Elevó el censo exigido para los senadores de ochocientos mil sestercios a un millón doscientos mil, completándolo, sin embargo, a aquellos que no lo poseían. Dio al pueblo frecuentes congiarios, pero sin que fuese siempre igual la cantidad; unas veces eran cuatrocientos sestercios por persona; otras trescientos, y algunas doscientos o solamente cincuenta. De estas liberalidades no excluía ni a los niños  de corta edad, aunque se acostumbrara no incluirlos en ellas hasta la edad de once años. En épocas de escasez se le vio también distribuir raciones de trigo, frecuentemente a precio muy bajo., y duplicar al mismo tiempo la distribución de dinero.

    “Lo que demuestra, sin embargo, que buscaba exclusivamente por este medio el bienestar del pueblo y no su favor, es que habiéndose suscitado quejas cierto día acerca del alto precio del vino, reprimió los gritos y dijo indignado: que al establecer su yerno Agripa muchos acueductos, había atendido suficientemente a que nadie tuviese sed. Otro día, habiendo recordado el pueblo la promesa que había hecho de un congiario, contestó que debían confiar en su palabra; pero como reclamase en otra ocasión la multitud algo que él no había prometido, censuróle en un edicto su bajeza y desvergüenza y declaró que no daría nada., aunque hubiese tenido antes intención de hacerlo. No mostró menor firmeza cuando, observando después del anuncio de un congiario que un gran número de libertos se habían hecho inscribir entre los ciudadanos, se negó a aceptarlos en una distribución que no se les había prometido, para que pudiese bastar la cantidad destinada a este uso. Una extraordinaria escasez obligóle, en cierta época, a echar de Roma a todos los esclavos en venta, a todos los gladiadores, a todos los extranjeros, exceptuando los médicos y los profesores, y hasta una parte de los esclavos en servicio. Cuando al fin tornó la abundancia. Concibió, según el mismo confiesa, el osado proyecto de abolir para siempre las distribuciones de trigo, porque la esperanza de tales distribuciones hacía descuidar el cultivo de las tierras. Renunció a su idea, convencido de que no dejarías sus sucesores de restablecer este uso con miras ambiciosas; pero desde entonces moderó el exceso, aunque conciliando el interés del pueblo con el de los cultivadores y negociantes”.(pp. 84-85)

    Otros cesares, especialmente al principio de sus reinados, buscarán el favor de la gente mediante la aplicación de los congiarios. Se dice que Nerón Claudio (37 d.C.- 68 d.C.) quiso governar de acuerdo con los principios de Augusto (dulzura y clemencia): para ello “abolió o disminuyó los impuestos demasiado onerosos… Hizo distribuir al pueblo cuatrocientos sestercios por persona. Aseguró a los senadores de elevada alcurnia, pero carentes de bienes, una renta anual… Estableció distribuciones de trigo mensuales y gratuitas para las cohortes pretorianas. El día en que fue a tomar la toga al Foro distribuyó el congiario al pueblo y el donativo a los soldados… [A su vez, aprovechaba cualquier fiesta para] distribuir al pueblo provisiones y regalos de toda clase: pájaros por millares, manjares con profusión, trajes, bonos pagaderos en trigo… De forma esporádica, Tito Flavio Domiciano (9 d.C. – 96 d.C.) también distribuiría congiarios entre la población, siempre aprovechando el motivo de una fiesta, celebración o victoria militar.

    Pero, como es habitual en esta clase de personajes, la benevolencia no durará mucho tiempo. Una vez consolidados en el poder, el absolutismo ilustrado de los césares comenzará realmente a mostrar su poder autoritario, y todo lo que al principio eran dádivas se convertirá en tiranía, avaricia, petulancia, opresión.

1516.  Thomas Moro (1478-1535). Utopía. Editorial Tecnos. Madrid 1987.

    moro                                                            Justificación.

    De la propiedad privada

    “Aunque la verdad, mi querido Moro (por decir lo que realmente pienso), me parece que dondequiera las posesiones son privadas, donde todos miden todas las cosas con el dinero, ahí apenas sí podrá lograrse que con una república marchen las cosas justa o prósperamente. (p. 42)

    “Porque si cada cual, en virtud de unos títulos reconocidos, acapara para sí todo lo que puede cualquiera sea la provisión existente, los pocos que se la reparten entera entre sí dejan en la inopia a los demás; y ocurre precisamente que los segundos se merecen mucho más la suerte de los primeros, puestos que son rapaces, deshonestos e inútiles; los otros, por el contrario, hombres modestos, sencillos y, por su trabajo cotidiano, más rentables para la república y para sí mismos. ¡Tan firmemente estoy persuadido de que si no se suprime de raíz la propiedad  no se pueden distribuir los bienes según criterio ecuánime y justo o disponer provechosamente los asuntos de los mortales! Sino que, si subsiste, subsistirá para la parte mayor y mejor con mucho de los hombres la ansiosa e ineluctable pesadumbre de la indigencia y de los infortunios. Así como confieso que esta pesadumbre puede aliviarse un tanto, sostengo que no puede suprimirse del todo. Vale decir, si se estatuyese que nadie tenga por encima de una determinada extensión de campo y que la cuantía de sus riquezas le esté a cada uno definida por la ley; si estuviera caucionado por algunas leyes que el príncipe no fuera arrogante; a todo esto que no se codicien las magistraturas ni se pongan en venta o se haga necesario  realizar dispendios en ellas, de otra suerte se presta la ocasión para resarcirse del dinero mediante el fraude y las rapiñas, y se crea la necesidad de dar ventaja a los ricos para estos cargos, los cuales mejor estuvieran administrados por hombres prudentes. (p. 43)

    Del tiempo de trabajo

    “Los utopienses no son bestias de carga. Estos dividen el día en veinticuatro horas iguales, destinan al trabajo seis horas no más: tres antes del mediodía, a continuación de las cuales tienen la comida; después y una vez que han reposado durante dos horas, dedicadas de nuevo tres horas al trabajo, concluyen con la cena. Contando la primera hora a partir del mediodía, van a acostarse a las ocho. Al sueño se reservan ocho horas. Lo que media entre las horas de trabajo y de sueño y de comida se deja al arbitrio de cada uno, no para que lo disipe en la molicie y la pigricia sino para que, libre de su oficio, lo invierta buenamente según su deseo en alguna ocupación”: letras, música, conversación, etc.

    “Aquí, empero, es preciso analizar más de cerca un extremo, para que no os llevéis a engaño. Porque es posible que pienses que, al trabajar únicamente seis horas, se seguirá alguna escasez de las cosas necesarias.[14] Lo que está tan lejos de ocurrir que ese tiempo no sólo es suficiente sino que sobra incluso para producir en abundancia cuanto se requiere así para el sustento necesario de la vida como para su comodidad. Esto lo veréis vosotros también si reparáis en la parte tan grande que la población, en otros países, pasa la vida inactiva. Lo primero, casi todas las mujeres, la mitad de la suma total; o, si en alguna parte las mujeres se dan al trabajo, son los hombres allí por lo general los que, en vez de ellas, roncan el día entero. Ítem más: de los que dicen sacerdotes y religiosos, ¡qué turba tan grande y tan ociosa! Añade los ricos todos, máxime los señores de los predios a los que vulgarmente llaman generosos nobles, entre los que has de incluir a su famulicio, esa jarcia, se entiende, de pelafustanes embroquelados. Agrega, finalmente, a los mendigos, robustos y sanos que pretextan una enfermedad cualquiera para su pereza… Toma razón ahora de qué pocos entre ellos desempeñan oficios necesarios, pues donde todo lo medimos con el dinero es necesario ejercer muchas artes fútiles y superfluas por completo, al servicio no más del lujo y de la sensualidad”. (pp59-60)

    De la distribución

    “Toda la ciudad esta divida en cuatro partes iguales. En el centro de cada una hay un mercado para todo. Se depositan allí, en casas especiales, los productos de cada familia, y se reparte cada especie por separado en almacenes. A ellos acude el padre de familias a buscar lo que él y los suyos necesitan, y sin dinero, sin ninguna compensación en absoluto, retira lo que buscare. ¿Por qué se le negará lo que sea, si sobra de todo y no reina temor ninguno de que alguien quiera recabar más de lo que es preciso? Pues, ¿por qué razón pensar que pedirá cosas innecesarias quien tiene por cierto que nunca le ha de faltar nada? Efectivamente, lo que vuelve ávido y rapaz es, en el reino todo de los vivientes, el temor de hallarse privado, o, en el hombre, la sola soberbia que tiene a gloria el sobrepujar a los demás en la ostentación de lo superfluo, tipo éste de vicio que no tiene absolutamente ninguna cabida en las instituciones de los utopienses”. (p.65)

    “En el campo, por el contrario, al estar más separados entre sí, comen todos cada uno en su casa, ya que a ninguna familia le falta nada para el sustento, como que de ellos proviene cuanto se come en la ciudad”. (p. 69)

    De la república utopiense

    “Os he descrito lo más verazmente que he sabido la estructura de la república, a la que yo con toda seguridad considero no sólo la mejor sino la única que por propio derecho puede recabar para sí el nombre de república. Porque en otros sitios, los que hablan por doquier del beneficio público se cuidan del privado; aquí, donde nada hay privado, llevan en serio la gestión pública. Con razón, por cierto, en uno y otro caso. En efecto, en otros sitios ¿quién desconoce que, si no provee privadamente de algo para sí perecerá de hambre, por muy floreciente que esté la república?; y por eso es la necesidad lo que induce a creer que ha de ocuparse de sí que del pueblo, esto es, de los otros. Aquí, por lo contrario, donde todo es de todos, ninguno duda que a nadie le ha de faltar nada privado (con tal que se atienda a que los graneros públicos estén llenos). Pues ni es cicatera la distribución de los bienes ni nadie es allí indigente o mendigo; no teniendo ninguno nada, son todos, sin embargo, ricos. Pues, ¿qué cosa puede haber más rica que, eliminada absolutamente toda preocupación, vivir con ánimo alegre y tranquilo, no medroso de su sustento, no vejado por las súplicas lastimeras de la mujer, no temiendo la pobreza para el hijo, no ansioso por la dote de la hija, sino estar seguro del sustento y la felicidad propios y de todos los suyos, de la esposa, de los hijos, de los nietos, de los bisnietos, de los tataranietos, y de toda esa larga serie de descendientes que se prometen los generosos? Y ¿qué decir de que se mira lo mismo por los que, incapacitados actualmente, han trabajado antaño que por los que trabajan actualmente?”.(pp. 128-129)

    “Por eso, cuando contemplo y medito sobre todas esas repúblicas que hoy florecen por ahí, no se me ofrece otra cosa, séame Dios propicio, que una cierta conspiración de los ricos que tratan de sus intereses bajo el nombre y título de república. Y discurren e inventan todos los modos y artes para, en primer lugar, retener sin miedo de perderlo lo que acumularon con malas artes; después de esto, para adquirirlo con el trabajo y fatigas de todos los pobres por el mínimo precio; y para abusar de ellos. Estas maquinaciones que los ricos han decretado que se observen en nombre del pueblo, esto es, también de los pobres, se hacen ya leyes”. (pp. 128-129)

    Del dinero y la avaricia

    “Y ¿qué decir de que los ricos arañan todos los días algo de la ración diaria de los pobres no sólo mediante fraude privado sino también mediante leyes públicas?”. (p. 130)

    “Sin embargo, estos hombres pervertidísimos, después de haberse repartido entre sí todo lo que hubiera alcanzado para todos, ¡qué lejos están de la felicidad de la república de los utopienses!  De la cual, al extirpar enteramente, junto con su uso, toda codicia por el dinero, ¡qué montón tan grande de molestias se ha cercenado!, ¡qué cosecha tan grande de crímenes se ha arrancado de raíz! Pues, ¿quién no sabe que los fraudes, los robos, la rapiña, las riñas, los tumultos, las disensiones, las sediciones, las muertes, las traiciones, los envenenamientos, refrendados más que refrenados por los suplicios diarios, expirarían al mismo tiempo que se acabase con el dinero? Con ellos perecerían, en el mismo instante que el dinero, el miedo, la preocupación, los cuidados, las fatigas, las vigilias. Más aún, la pobreza misma, única que parece necesitar de los dineros, decrecería ella también el punto si se aboliese el dinero de todo en todo.

    Para hacer esto más claro suponte un año estéril e infecundo en el que el hambre haya quitado de en medio a muchos miles de hombres. Sostengo abiertamente que, registrados al final de esta penuria los graneros de los ricos, se hubiera podido encontrar una cantidad de frutos tan grande que, de ser distribuida entre los que se llevó la escualidez y la enfermedad, nadie hubiera notado en absoluto aquella parquedad del cielo y de la tierra. ¡Así de fácil podría afrontarse el sustento si ese dichoso dinero, que por cierto fue gloriosamente inventado para que por medio de él se franquease el acceso al sustento, no fuese lo único que nos cierra el camino al sustento!”. (p. 131)

1525.  Juan Luis Vives (1492-1540). Del socorro de pobres (De subvencione pauperum). hacer Editorial. Barcelona 1992.

vives    Término: limosna caritativa pública

    Justificación. “Por cierto que es cosa fea y vergonzosa para nosotros los cristianos, para quien no existe más imperioso mandato que el de la caridad, y no sé si decir el único, topar en nuestras ciudades, a cada paso, con menesterosos y mendigos. Adondequiera vuelvas los ojos se te entran por ellos penurias, estrecheces y pordioseros que te obligan a largar la mano porque llenes la suya”. (p. 151)

    “Le preguntará alguno: ¿Cómo piensas que se puede socorrer a tanta multitud? Si alguna valía tuviese en nosotros la caridad, ella sería nuestra ley no dictada a ningún amante; ella haría todas las cosas comunes y no miraría las necesidades ajenas con otros ojos que los propios”. (p. 153)

    Beneficiarios y contraprestación. [Tendrían que recibir la limosna] “los pobres que viven en los hospitales, los que practican la mendicidad pública y los que soportan como pueden necesidades vergonzantes en sus casas, y aquellos que hayan caído de repente en alguna desgracia. Los mendigos vagos sin domicilio fijo, que gozan de salud, es una chusma infecta [que no debe recibir ayuda]... Ante todo se ha de decretar lo que impuso el Señor a todo el género humano, como por multa de delito, a saber: que cada uno coma su pan adquirido por su trabajo. De los mendigos sanos, los forasteros deben reexpedirse a sus pueblos de origen... A los indígenas se les ha de preguntar si saben algún oficio; los que no saben, se les ha de instruir. A los que malversaron su fortuna con modos feos y torpes, como el juego, rameras, lujos, gula, hay que alimentarlos... pero mándensele trabajos más molestos y déseles comida más tasada; no se les ha de matar de hambre, pero han de sufrir aguijones. Aquellos que aún no estuvieran destinados a ninguna obra o a ningún empresario, por un breve tiempo aliménteseles de las limosnas en aquella misma localidad, pero mientras tanto no huelguen por completo, no sea que por el ocio aprendan la desidia... Ni aun se ha de consentir que los ciegos estén o anden ociosos; son muchas las faenas en que pueden ejercitarse...A los enfermos y a los viejos señálenseles trabajos livianos, según su edad y el estado de su salud... A nadie le sea permitido regalarse con los bienes que se confirieron en otro tiempo para esa suerte de obra pía”. (pp. 155-163)

    “Propínense a cada uno los remedios adecuados: unos necesitan alimentos y reconstituyentes; otros trato benigno y afable, porque se amansen poco a poco como las fieras; otros han de menester instrucción. Los habrá que necesitarán castigo y coacción física, pero con tal tino se les debe aplicar este tratamiento enérgico, que con ellos no se exalten y exacerben más aún; y por todos los medios y hasta tal punto que fuere posible debe introducirse en sus almas aquella placidez y sosiego con que fácilmente vuelven el juicio y la salud mental... A los necesitados que se están en su casa se les ha de proporcionar trabajo de las obras públicas o de los hospitales; ni les faltará de otros conciudadanos, y si se demostrasen que sus necesidades son mayores que lo que alcanza la retribución de su trabajo, se les ha de añadir lo que se calcule que les falta... [En cualquier caso], infórmense los administradores de las limosnas, o a quienes el gobierno lo encargare, y hágase la limosna según exigiere la necesidad, porque no sea que, andando el tiempo, venga a suceder que personas pudientes, con perdón de su propio dinero, pidan que de lo que pertenece a los pobres se dé a sus criados, familiares, afines, robándoselo a los que lo necesitan harto más que ellos y comience la influencia a excluir necesidades, cosa que hemos visto suceder”. (pp. 165-167)

    Financiación. “Muy bien está lo que dices, replicará alguno; pero ¿de dónde se sacará el dinero para todo esto?... En otros tiempos, cuando aún hervía la sangre de Cristo, todos los fieles arrojaban sus riquezas a los pies de los Apóstoles para que ellos las distribuyesen según las necesidades de cada cual”. (p. 177)

    “Varones muy graves y otras personas interesadas en el bien de la ciudad excogitaron algunas medidas saludables: reducción de gavetas, entrega de campos comunales a los pobres para que los cultiven; distribución pública de algún dinero sobrante, cosa que hemos visto en nuestro días. Pero para ello se necesitan oportunidades como muy pocas se presentan en nuestro tiempo; por ello es preciso recurrir a remedios más duraderos”. (p. 152)

    “Hágase todos los años un conjunto de las rentas de los hospitales y, acumulando el valor de la mano de obra que hagan los que todavía tienen fuerza para ello, no solamente los réditos alcanzarán para subvenir a todos los asilados del respectivo establecimiento, sino que todavía existirá un sobrante para los de fuera, pues me dicen que las riquezas de los hospitales son tantas que, administradas con pulcritud, existe abundancia para socorrer todas las necesidades de los ciudadanos, ordinarias, imprevistas y extraordinarias... Los hospitales ricos y las personas acaudaladas den lo que les sobre a los dotados pobremente, y si estos no lo necesitaren, distribuyan sus sobras entre los pobres vergonzantes. Y cuando en sus localidades respectivas no hubiese con quién comunicar sus posibilidades, fuera bien que las enviasen a las vecinas, y aun a las alejadas, donde las necesidades fuesen mayores. Esta sí que es una obra específicamente cristiana”. (pp. 180-181)

    “Existe la costumbre de que cada uno de los que mueren suele dejar algo a los pobres. Debería exhortárseles a cercenar algo de la pompa del funeral en beneficio de aquellos”. (p. 182)

    “Si todos estos recursos no bastaren, pónganse cepillos en las tres o cuatro principales iglesias de la población que sean más frecuentadas, en dónde cada uno deposite todo cuanto la devoción le sugiriere... Y no se recoja todo cuanto se pueda, sino, a lo sumo, todo cuanto bastare para cada semana o un poquito más, porque los administradores no se acostumbren a manejar mucho dinero y les suceda lo que a algunos a cuyo cargo corre el cuidado de los hospitales. Lo que pasa aquí en Flandes, no lo sé, ni lo quiero averiguar, consagrado como estoy por entero a mis estudios; pero en España, oía decir a los ancianos que eran muchos los que, con las rentas de los hospitales, habían hecho crecer las suyas fabulosamente, manteniéndose a sí y a los suyos en lugar de los pobres, aumentando la población de sus casas y despoblando los asilos; todos estos abusos originolos la oportunidad de dinero tan copioso y tan fácil”. (p. 183)

    “Si en alguna ocasión no fueren suficientes las limosnas, acúdase a los ricos en súplica de que ayuden a los pobres a quienes Dios recomendó con tal ahínco o que al menos presten lo que fuere necesario, que más adelante, cuando la limosna abundare más, les será devuelto, si así lo quisieren, con religiosa puntualidad... Además de esto, la corporación rectora de la ciudad cercene cuanto pueda los gastos públicos, como convites, regalos, agasajos, propinas, fiestas anuales, pompas, todo lo cual no conduce más que al pasatiempo, a la soberbia o ambición. Y si la ciudad no quisiera hacerlo, adelante un préstamo que recupere luego con un mayor crecimiento de limosnas”. (p.185) “Los mismos pobres que no trabajan aprendan a no tener provisiones para un tiempo largo que, al par que les dan una mentida seguridad, disminuye su confianza en Dios”. (p. 187)

    Control y administración.Nómbrese todos los años para censores a dos varones miembros del Senado, de mucha gravedad y de una probidad sin tacha, quienes se informen de las costumbres de los pobres, de los muchachos, de los mozos, de los ancianos; qué hacen los niños, cuánto aprovechan, qué costumbres tienen, de qué índole son, qué esperanzas dan y si algunos pecaren, de quién es la culpa: enmiéndenlo todo... Investiguen si los jóvenes y los viejos viven según las leyes que para ellos dictaron, averigüen los manejos de las viejas, artífices principales de la tercería y de la hechicería; con qué templanza y parsimonia vivan todos y todas; sean castigados los que frecuenten los juegos de azar y las bodegas y cervecerías. Si una primera y una segunda amonestación no surgieren efecto sean castigados con penas aflictivas... Quisiera yo también que esos mismos censores se informasen de la juventud e hijos de los ricos; fuera una gran conveniencia para la ciudad que se les obligase a dar cuentas a los magistrados como a padres de todos, de cómo, en qué artes, en qué ocupaciones consumen su ocio... [No debe permitírsele] a nadie que pase la vida ocioso”. (pp. 173-175)

    Ventajas humanas y divinas de todos estos consejos.Grande es el honor de la ciudad donde no se ve mendigo alguno... Se reducirá la estadística de robos, maldades, latrocinios, delitos de sangre y crímenes capitales; serán más raras las tercerías y los hechizos... Mayor será la quietud, porque se habrá procurado el bien de todos... Reinará una concordia inalterable, porque el más pobre no tendrá envidia del más rico; antes le amará como a su bienhechor... Será más seguro, saludable y gustosos asistir a los templos y recorrer toda la ciudad, porque no se meterá en los ojos aquella fealdad de llagas y enfermedades... La ganancia mayor será para la ciudad, porque los ciudadanos se habrán tornado más comedidos, más útiles a la patria, no maquinarán revoluciones ni sediciones, tantas mujeres y doncellas arrancadas a la vida airada, tantas brujas y celestinas redimidas del lenocinio y hechicerías... Y por terminar, la suprema ventaja será haber dado la religión y la libertad a muchas almas... Y por coronación de todas estas bienandanzas, aquel galardón celestial que demostramos estar aparejado a las limosnas, nacidas de las maternales en indiferentes entrañas de la caridad”. (pp. 211-215)

    [Porque] no nos granjean la gracia de Dios los ayunos y las riquezas dadas al pobre, sino la caridad... Pues los dones que el Señor á su arbitrio da y quita, y que con liberal mano te ha concedido, pártelos con tu hermano, considerando que ambos sois hijos de Dios, que no te debe á ti más que á él, y que sólo te ha hecho administrador y procurador de lo que te ha otorgado para que tu prójimo más pobre tenga á quien pedirlo. Y nada se le da á Cristo más de veras que lo que se reparte a los pobres".[15]

1698. John Locke (1632-1704). Two Treatises of Government. A Mentor Book. New York 1965. 

                                          lockeFundamentos. “Aunque la Tierra, y todas las Criaturas inferiores sean comunes a todos los Hombres, cada hombre tiene la Propiedad de su propia Persona. Así nadie tiene ningún derecho sobre uno mismo. El Esfuerzo de su Cuerpo, y el Trabajo de sus Manos, podemos decir que son propiamente suyos. Aquellos recursos proporcionados por la Naturaleza convertidos en productos por la aplicación de su trabajo, los convierte en su Propiedad. Lo que fuese producido por él con su trabajo excluiría el derecho común de los otros Hombres. Por este motivo, siendo el Trabajo la Propiedad incuestionable del Trabajador, ningún Hombre más que él puede tener derecho sobre lo que haya sido transformado, como mínimo mientras hubiere suficiente,  y como un bien dejado en común para otros”. (Versículo 27; 5, 10, 15)

    “Si el Hombre es tan libre, [cabe preguntarse]: Siendo el Amo absoluto de su Persona y sus Posesiones, igual que el mayor, y no estando sujeto a Nadie, ¿porqué debería deshacerse de su Libertad?, ¿por qué abandonaría este Imperio, y se sujetaría al Dominio y Control de cualquier otro Poder? A lo que ‘esto tiene una respuesta evidente, que aunque en el estado de la Naturaleza tuviese ese derecho, sin embargo el Disfrute de ello es muy incierto, y constantemente expuesto a la Invasión de otros. Si todos fueran Reyes igual que él, cada Hombre su Igual, y la mayor parte no Observadores de Equidad y Justícia estrictos, el disfrute de la propiedad que tendría en este estado sería muy inseguro. Esto le hace desear establecer una Condición según la cual aunque libre, está lleno de temores y peligros continuados; y ‘no es sin razón, que busque, y sea su deseo juntarse en Sociedad con otros que estén ya unidos, o tener una idea de unidad para la mútua Preservación de sus Vidas, Libertades y Estados, lo que llamo por el Nombre común de Propiedad”. (Versículo 123; 5,10,15)

    “Sin embargo el motivo último e importante, el de que los Hombres se unan en Sociedades, y se sometan a sí mismos a un Gobierno, es la Preservación de su Propiedad. Para lo que, en el estado de la Naturaleza, se requieran muchas cosas. Primero. Se requiere de unas normas, principios establecidos, conocidos como Ley, recibidos y aprobados por consentimiento común, para que sean el Patrón del Bien y del Mal, y la medida común para dictaminar sobre todas las Controversias que surjan entre ellos. Porque, aunque la Ley de la Naturaleza fuera completa e inteligible para todas las Criaturas, sin embargo, los Hombres, habiendo sido sesgados por su Interés, e ignorantes para su estudio, no son aptos para utilizarla como Ley que pudiera ser aplicada a sus Casos particulares”. (Versículo 124; 5,10)

Versión abreviada del ‘proviso’ de John Locke

    “Aunque la Tierra y todos los animales que la pueblan son propiedad de todos los seres humanos, cada uno es propietario de su propia persona. Nadie tiene más derecho a sí mismo que uno mismo. El esfuerzo que sale del cuerpo y el trabajo de las manos son de propiedad privada. Desde el momento que utiliza la mano de obra que es suya y la parte de los recursos que también son suyos, el producto que surge le pertenece, se convierte en su propia propiedad. Claro está que, para que no se pueda poner en cuestión la propiedad privada de todo aquello que produce, al tomar libremente los recursos naturales, cada individuo ha de dejar la suficiente riqueza y recursos comunitarios para el resto de la población!. (V. 27; 24-25)

    “Si la persona en el estado natural es libre; si es el absoluto señor de su persona y pertenencias; igual al más grande y sujeto a ninguno; ¿por qué ha de ceder lo que es suyo y someterse al dominio y control de una autoridad? La respuesta es obvia, si desea evitar que cualquier otra persona le robe, invada sus posesiones; lo normal es que se alíe con aquellos que desean preservar mutuamente sus vidas, su libertad y sus posesiones, lo que por su nombre general yo llamo la propiedad”. (123, 104)

    “De aquí que concluyese que "la preservación de sus propiedades es lo más grande e importante, y por tanto, de la unidad de las personas en una commonwealth, para acogerse a algún tipo de Gobierno”. (V. 124, 105)

1796.  Thomas Paine (1737-1809). Agrarian Justice. En Collected Writings, pp. 397-399.  The Library of America 1965.

paine    Término: ground-rent.

    Término en castellano:  renta de la tierra

    Justificación: “Lo más abundante y lo más miserable de la raza humana se encuentra en los países llamados civilizados... La pobreza, por consiguiente, es algo creado por lo que es llamado vida civilizada”. (p. 397)

“En un principio no podía haber cosas tales como fincas privadas. Los hombres no hicieron la tierra, y pese a tener derecho natural a ocuparla, no tienen derecho a considerarla como su propiedad de forma perpetua ninguna de sus partes: el Creador de la tierra no había abierto una oficina terrenal, donde se firmaran las primeras escrituras. ¿De dónde surgió entonces la idea de la propiedad privada de bienes inmuebles?”.(p. 399)

“Por consiguiente, lo que debe hacerse ahora, para remediar las maldades y preservar los beneficios debidos a la sociedad, es pasar de la forma natural a lo que se llama estado civilizado”. (p.397)

“Es una opinión, que no debe generar controversia, que la tierra, en su estado natural incultivado era, y siempre tendría que haber continuado siendo, la PROPIEDAD COMÚN DE LA RAZA HUMANA. En este estado, cada hombre habría disfrutado de la propiedad. Habría sido un copropietario, junto al resto de los propietarios de la tierra: tal situación mancomunada le haría propietario comunitario de por vida con el resto de la comunidad, copropietario de todas las producciones naturales, vegetales y animales”. (p.398)

    Financiación. “Pero la tierra, en su estado natural antes comentado, es capaz de dar sustento a sólo una pequeña cantidad de habitantes, si se compara con lo que podría hacer si se cultivara. Y como es imposible discernir la mejora introducida por el cultivo de la tierra en sí misma sobre la que la mejora es realizada, la idea de la propiedad de la tierra surgió de esta conexión inseparable; sin embargo es cierto que es únicamente el valor de la mejora, y no la tierra misma, la que es de propiedad individual. Por tanto cada propietario de tierra cultivada le debe a la comunidad una renta de la tierra; ya que no conozco un término más adecuado para expresar la idea de compensación por la tierra que ocupa: y es por este alquiler de la tierra que los fondos públicos propusieron que procediera este plan”. (p.398)

1819. Robert Owen (1771-1883). (i) Report to the Committee for the Relief of the Manufacturing Poor (1817); (ii) A Catechism of the New View of Society and Three Addresses (1817); (iii) An Address to the Working Classes (1819). En A New View of Society and Other Writings. Denton & Sons Ltd. London 1927.

owen    Fundamentos. 

    Por una sociedad capitalista sin pobres

    “Bajo las leyes existentes, las clases trabajadoras en desempleo son mantenidas por, y consumen parte de, la propiedad y el producto de los ricos y los laboriosos, mientras que sus potenciales de cuerpo y alma permanecen improductivos. Frecuentemente adquieren los malos hábitos que la ignorancia la ociosidad nunca deja de producir; se juntan con otros que son pobres crónicos y se convierten en un problema para la sociedad.

    La mayor parte de los pobres han recibido hábitos malos y viciosos por parte de sus padres; y mientras su situación continúe, esos hábitos malos y viciosos serán transmitidos a sus hijos y, a través de ellos, a las generaciones que les sucedan. Cualquier plan, por tanto, para mejorar su situación, debe impedir que estos hábitos nocivos sean transmitidos a sus hijos, y proporcionar medios para que sólo se les transmitan los hábitos buenos y útiles... para proporcionar educación y entrenamiento útil para los niños, para proporcionar un trabajo adecuado para los adultos, para dirigir su esfuerzo y sus gastos de forma que produzcan el máximo beneficio posible para ellos mismos y para la sociedad; y para situarlos bajo las circunstancias que les alejen de tentaciones innecesarias, y que unan firmemente su centro de interés y su deber.

    Estas ayudas no pueden ser concedidas a personas de forma individual ni a familias de forma aislada, o a grupos de muchos miembros. Sólo podrán ser introducidas en la práctica de forma efectiva cuando las medidas unan en una institución a una población de entre 500 i 1500 personas; o como media de 1000”. (i; p. 159-161)

    Estos pueblos, como Owen sugiere, deberán ser principalmente auto-suficientes. Deberán ser agrícolas e industriales, y deberán producir lo necesario para su propio consumo, e intercambiar los diferentes productos excedentarios con otros. Puesto que se basarán en principios racionales de educación, no entrarán en competencia los unos con los otros sino que cooperarán, y el objetivo será tanto el de educar a buenos ciudadanos como el de poner de manifiesto las necesidades de los pobres. Si esto se hiciera, Owen argumenta, la tasa de pobreza desaparecerá rápidamente y, por el mismo motivo, los cimientos para un nuevo y mejor orden social para toda la comunidad  serán establecidos rápidamente." (p.xiii)[16]

    Por un capitalismo sin clases

    “Desde la infancia vosotros, como otros, habéis sido hechos para despreciar y odiar a los que son distintos en modales, lenguaje, y sentimientos. No habéis sido educados para ser caritativos, y en consecuencia manifestáis sentimientos de ira hacia aquellos congéneres que representen un obstáculo para vuestros intereses. Estos sentimientos de ira se deben eliminar antes de que nadie  pueda otorgaros ningún poder. Os tenéis que conocer a vosotros mismos, sólo entonces podréis descubrir lo que son los demás. Entonces os percataréis claramente de que no existe ninguna base racional para la rabia, incluso contra aquellos que por errores del sistema actual hayan resultado ser vuestros mayores opresores y más ardientes enemigos. Un sinfín de circunstancias, sobre las cuales no tenéis el más mínimo control, os han situado en el lugar donde os encontráis, y os han hecho ser como sois. Del mismo modo, algunos de vuestros congéneres se han encontrado en situaciones, que igualmente no han estado bajo su control, que les han convertido en vuestros enemigos y más fervientes opresores. Bajo una óptica de justicia estricta, no tienen más culpa de dichos resultados de la que tenéis vosotros mismos; ni vosotros más culpa que ellos; y, por espléndida que parezca su situación, este estado de las cosas provoca a menudo que ellos sufran más acremente que vosotros. Por lo tanto, ellos tienen tanto interés como vosotros en el cambio que está a punto de comenzar y que beneficiará a todos por igual, a menos que vosotros no desalentéis sus objetivos; pues el resultado sería la continuación de la miseria existente en ambas clases, y el retardo de un bien comunitario”. (iii; p.149)

    “¿Estáis, por tanto, preparados para mirar a vuestros congéneres, poderosos o no, ricos y pobres, sabios e ignorantes, buenos y malos, como seres formados únicamente por las circunstancias de su nacimiento, y que se han convertido en lo que son, fuere lo que fuere, por causas que excluyen la posibilidad del más mínimo control por su parte sobre la existencia de las cualidades y facultades que poseen?”. (iii; p. 150-151)

    Financiación. “Hay diversos mecanismos para llevar a término este plan. Debe ser llevado a cabo por individuos: en parroquias, en condados, en distritos, etc., incluyendo más de una parroquia o un condado, y a lo largo de toda la nación, a través del Gobierno” (i; p.164)

    “Me parece que el país posee medios suficientes como para alcanzar este objetivo, si se utilizaran para ello. Estos medios son los parados del campo; la tierra que sea cultivada de forma inadecuada; el dinero empleado inapropiadamente; el trabajo ocioso, desmoralizador, y que consecuentemente genera todo tipo de maldad en la sociedad; y la fuerza mecánica o artificial, que es casi ilimitada, estos medios deben estar disponibles para los propósitos importantes. Estos son los medios que, convenientemente combinados y llevados a la práctica, liberarían el país de la pobreza y de los males que le acechan.” (ii; p.175)

    “Lo primero que se necesita es reunir el dinero necesario para adquirir la tierra (o alquilarla), para construir las fábricas, granjas, y sus almacenes y para proveer lo necesario para iniciar el proyecto…

    El dinero necesario para fundar los establecimientos basados en el principio ahora propuesto, debe ser obtenido de consolidar los fondos de asociaciones públicas; por igualar los impuestos bajos y hacer préstamos a su riesgo. Los pobres, incluyendo a los que son miembros de asociaciones públicas, deberían empadronarse. Los fondos se deben obtener de préstamos de personas que tengan en la actualidad un capital excedente sin utilizar; y de préstamos provenientes de cualquier otro acuerdo financiero que se juzgue adecuado. Los establecimientos incrementarán su valor por el trabajo de las personas en la tierra, y se convertirán en un seguro suficiente para gran cantidad del dinero que haya sido desembolsado para este propósito.

    Desde ahora, aparecerán gran cantidad de fondos y mano de obra. Se debe inspeccionar el país, y se han de investigar cuáles son las mejores localizaciones para los establecimientos dedicados a la agricultura y a la manufactura”. (i; pp. 164-167)

1836. François Marie Charles Fourier (1772-1837). Doctrina Social (El Falansterio). Ediciones Júcar. Madrid 1978.

fourier    Término: mínimo de mantenimiento

    Justificación. “El primero de los derechos es el de nutrirse; el comer cuando se tiene hambre. Este derecho, negado en la civilización por los filósofos, fue consagrado por Jesucristo en estas palabras:

    <<¿No habéis vosotros nunca leído lo que hizo David en la necesidad en que se vio cuando se vio acosado del hambre, así él como los que le acompañaban? ¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempo de Abiathar, príncipe de los sacerdotes, y comió de los panes de la proposición, de que no era lícito comer sino a los sacerdotes, y dio de ellos a los que le acompañaban?>> (San Marcos II, 25,26).

    Jesús, con estas palabras, consagra el derecho de coger, cuando se tiene hambre, lo necesario allá donde se encuentra.