La cultura de las rentas
básicas. Historia de un concepto
José Iglesias Fernández
Los peligros que amenazan
a nuestra
civilización no provienen de la debilidad de las fuentes de
producción.
De lo
que padece y ha de morir, si no se remedia, es de la
distribución injusta.
Henry George
Génesis. (Isaías y San Pablo) De los libros Génesis, Isaías y las cartas de San Pablo. La Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 1957.
Aún conociendo
extraordinariamente el contenido del Antiguo Testamento,[1]
a San Pablo se le pasó por alto la idea de que, en el plan original que Dios
diseña para la vida y la convivencia de las
personas en el jardín del Edén, el hecho de trabajar no
figuraba. Deducimos que
el trabajar no podía estar en el citado plan, al menos, por dos
razones:
Toda esta explicación religiosa de como fueron concebidos los seres humanos y esa parte de la tierra que se convierte en cuna de las primeras experiencias sociales de la persona, indica que los hombres y las mujeres que habitaron durante esa primera época en el jardín Edén podían disfrutar de todos sus bienes sin esfuerzo, sin tener que trabajar en el sentido de que fuese una tortura. Pudiera decirse que la sobre vivencia humana en el paraíso, todo ese primer plan original de Dios para las personas, estaba concebido, proyectado y garantizado como si se tratase de una renta básica en su versión de modelo débil.
Pero es cuando los habitantes
del paraíso
caen en la tentación de transgredir el mandato de Dios,
“de todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del
árbol de la
ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de
él comieres
ciertamente morirás”, cuando van a perder el bienestar que
suponía vivir
sin tortura, sobrevivir sin la necesidad de tener que trabajar. Es la
trasgresión del plan original de Dios lo que da lugar al pecado
original, y con
él, a la expulsión de las personas del jardín de
Edén. De esta forma, la salida
del paraíso se convierte en un castigo para sus habitantes, con
la pérdida de
aquella RB. A partir de ese momento, Dios condena a las mujeres al
dolor del
parto, y a los hombres a sudar el pan que han de comer todos, los unos
y los
otros. Siguiendo con el Génesis:
Es decir, lo que se desprende de estos hechos es que el ser humano, en un momento histórico, decide preferir optar libremente por la trasgresión del plan original bíblico a cambio de perder la renta básica que disponía en el paraíso terrenal. Por tanto, a nadie debe sorprender que los laboriosos religiosos resientan y se opongan a la propuesta de devolver a los hombres y mujeres el derecho a esa renta básica. Aceptar esta concesión supondría para sus creencias el absolver a la humanidad del castigo bíblico impuesto por el propio Yahvé Dios.[5]
Isaías pone más el acento
en la esperanza que en el
castigo, en la idea
de que los seres humanos recuperarán el paraíso del
Génesis, gracias a la
misericordia de Dios. El hombre, los hombres, al menos los del pueblo
escogido,
volverán a gozar de la presencia de Yahvé cuando Dios
vuelva a convertir el Edén
en el lugar donde se “juzgará en justicia al pobre y en equidad
a los humildes
de la tierra... el tirano y el impío serán juzgados por
decreto... [Será un
mundo de paz] donde el lobo habitará con el cordero y el
leopardo se acostará
con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y
un niño pequeño los
pastoreará... No habrá más daño ni
destrucción en todo mi monte santo, porque
estará llena la tierra del conocimiento de Yaveh, como llenas
las aguas del
mar”.
Si Isaías abre
la puerta de la esperanza a un mundo con RB, San Pablo la cierra de golpe. Es bien conocida, y mucho
más repetida por
los defensores del trabajo compulsivo, la exhortación que hace a
los
Tesalonicenses para que persistan en la actividad laboriosa: “En nombre
de
nuestro Señor Jesucristo, os mandamos apartaros de todo hermano
que vive
desordenadamente y no sigue las enseñanzas que de nosotros
habéis recibido.
Sabéis bien como debéis imitarnos, pues no hemos vivido
entre vosotros en
ociosidad ni de balde comimos el pan de nadie, sino que con afán
y con fatiga
trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de
vosotros. Y no porque
no tuviéramos derecho, sino por que queríamos daros un
ejemplo que imitar. Y
mientras estuvimos entre vosotros, os advertíamos que el que no quiere trabajar que no coma.[6]
Porque hemos oído que algunos viven entre vosotros en la
ociosidad, sin hacer
nada, sólo ocupados en curiosearlo todo. A estos tales les
ordenamos y rogamos
por amor del Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente,
coman su pan. En
cuanto a vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.. Y
si alguno no
obedece este mandato nuestro que por la epístola os damos, a
ese, señaladle y
no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no
por eso le miréis como
enemigo, antes corregidle como hermano”. (Tesalonicenses II. 3, 6-15).
San Pablo es el Apóstol por excelencia que va a establecer y difundir las bases de la moral cristiana.[7] De aquí que tracemos la influencia que sus enseñanzas doctrinales van a tener en la moral occidental y, especialmente, en condicionar esa actitud tan extendida de considerar el trabajo asalariado como una actividad que dignifica a las personas. Manteniéndose fiel a la condena de Yavé Dios, San Pablo denostará la condición femenina y dignificará el trabajo como base de la expiación del pecado original. Lo que da pié a que, entre los oponentes a la concesión de la RB, haya quién le cite textualmente para defender esta oposición. (Riechmann, Pág. 31)
Para San Pablo, sólo Dios es justo, pues es el que otorga justicia, e injustos los hombres, por estar sujetos al pecado original. Desde el momento de la expulsión del Edén por Yavé Dios, los hombres [gentiles y judíos] quedaron fuera del camino de la justicia; solamente alcanzarán la situación de justos cuando cumplan con la Ley de Dios: La justicia es una relación entre Dios y el hombre; la caridad es una relación que se da sólo entre los hombres. El hombre únicamente se podrá salvar por la fe en Jesucristo.
La justicia social nunca entró a formar parte de su credo doctrinario, de su moral judeocristiana; si la justicia era divina, no podía ser social. Esto no quiere decir que se puso de espaldas a la realidad social en la que vivía, sino a que consideraba el trabajo como un elemento de redención contra el pecado humano. Las relaciones de esclavitud y servidumbre que se manifestaban en las Escrituras y durante su tiempo de vida, aparecían reconocidas en los preceptos que Dios entregó a Moisés.[8] Más bien se puede decir que incluso tomaba partido, pues el Apóstol jamás se olvidaba en sus epístolas de recordar y encarecer a sus comunidades la obediencia que debían a las autoridades públicas, así como el espíritu de sumisión que los siervos habían de manifestar a sus amos:
Platón
(nacido por el 427-347 a.C.). The Republic. Penguin
Books.
Términos:
mechanical arts and fire as the
means of life; justice and reverence to
all
Términos en
castellano: artes mecánicas y el
fuego como medios de vida; justicia
y reverencia para todos
Justificación: “La Justicia es, para Platón, a la
vez una
parte de la virtud humana y el ligamen entre las personas y el
estado”. La
misma cualidad hace que el ser humano
sea bueno y social. Esta identificación es el principio de
partida y
fundamental de la filosofía política de Platón...
(p.45)
Esto
queda ilustrado en un mito que Platón pone en la boca de
Pitágoras, el sofista:
“Érase
una vez una época en la que únicamente había
dioses, no existían las criaturas
mortales. Pero cuando llegó el tiempo en que dichas criaturas
también debieron
ser creadas, los dioses las formaron a partir de tierra, de fuego y de
las
diversas mezclas que de ambos elementos había en el interior de
la tierra; y
cuando estuvieron a punto de llevar dichas criaturas a la luz del
día,
ordenaron que Prometeo y Epimeteo las equiparan, y que les
distribuyeran
separadamente sus propias habilidades y poderes”.
Epimeteo le dijo
a
Prometeo: “Déjame distribuir y tú inspeccionas”. La
propuesta fue aceptada, y
Epimeteo distribuyó. Hubo algunos seres a los que dió
fuerza sin ligereza,
mientras que equipó a los más débiles con
destreza; algunos fueron armados y
otros no; y legó a los últimos otros medios de
supervivencia, haciendo a
algunos grandes, siendo el tamaño su protección, y a
otros pequeños, cuya
naturaleza les permitiría volar en el aire o amadrigarse en la
tierra; esa
sería su vía de escape. Así los compensó,
con el objetivo de evitar la
extinción de ninguna raza. Y cuando los hubo proveído
para prevenir la
destrucción entre ellos, maquinó el modo de protegerlos
contra las estaciones
del cielo; vistiéndolos con pelo tupido y piel gruesa,
suficiente como para
defenderlos del frío invierno y capaces de resistir el calor
estival, de forma
que pudieran tener un lecho propio cuando quisieran reposar;
también los surtió
con pezuñas y pelo, y piel dura y
callosa bajo sus pies. Entonces les proporcionó un surtido de
alimentos:
hierbas del suelo a unos, a otros frutas de los árboles, y a
otros raíces, y a
otros de nuevo les dió otros animales como alimento.Y dispuso
que algunos
tuvieran pocos descendientes, en cambio sus víctimas eran muy
prolíficas; y así
es como las razas serían preservadas.
Así hizo Epimeteo, quien, no siendo muy inteligente, olvidó que había distribuido entre los animales irracionales todas las cualidades que tenía para repartir, y cuando llegó al hombre, que estaba todavía desproveído, quedó terriblemente perplejo. Mientras duraba su confusión, Prometeo apareció para inspeccionar la distribución, y opinó que el resto de animales estaban proveídos convenientemente, pero que únicamente el hombre iba desnudo y descalzo, y no tenía ni lecho ni medios de defensa. La hora convenida se aproximaba, en la que el hombre debiera salir a la luz del día; y Prometeo, no sabiendo qué tramar para su protección, robó las artes mecánicas de Hefaesto y Atenas, y con ellas el fuego (no hubieran podido ser adquiridas ni usadas sin el fuego), y se las concedió al hombre. Así el hombre tendría la sabiduría necesaria para el mantenimiento de su vida, pero carecía de buen criterio político; ya que éste se encontraba bajo el influjo de Zeus, y el poder de Prometeo no le permitía penetrar en la ciudadela del cielo, donde Zeus residía, el cual tenía además unos centinelas terribles; pero entró a hurtadilas al taller común de Hefaesto y Atenas, donde solían practicar sus artes preferidas, y se llevó el arte de Hefaesto de forjar el hierro, y también el arte de Atenas, y se los concedió al hombre. Y de esta forma el hombre fue surtido con los medios de vida. Pero se dice que luego Prometeo fue perseguido por hurto, a causa de la pifia de Epimeteo.
Ahora el hombre,
teniendo
una parte de los atributos divinos, era el único animal que
podría tener algún
dios, puesto que era de su misma naturaleza; y al que le
dedicaría altares e
imágenes. No tardó mucho tiempo en inventar palabras y
nombres; y también
construyó casas y vestimentas y zapatos y camas, y se
proveyó de sustento de la
tierra. Provistos de esta forma, los hombres vivieron en un principio
dispersos, y no había ciudades.[10] Pero la consecuencia fue que fueron atacados por
las bestias salvajes, ya que eran absolutamente débiles a su lado, y sus habilidades sólo
bastaban
para proporcionarles los medios de vida, y no les permitían
llevar a cabo la
guerra, y sus habilidades sólo bastaban para proporcionarles los
medios de
vida, y no les permitían llevar a cabo enfrentamientos con los
animales: hasta
ese momento, tenían comida, pero no el arte de gobernar, del
cual formaba parte
el arte de la guerra. Un tiempo después, el deseo de
auto-preservación los
agrupó en ciudades; pero una vez que estuvieron juntos, sin
artes de gobierno,
se trataban mal los unos a los otros, así que estuvieron de
nuevo en proceso de
dispersión y de destrucción. Zeus temió que la
raza en su totalidad fuera
exterminada, y les envió a Hermes, que estableció el respeto y la justícia como
principios de reglamento en las ciudades y
como lazos de unión y de concilación. Hermes
perguntó a Zeus cómo debería
impartir justícia y el respeto entre los hombres:
“¿Debería distribuirlas como
se distribuyen las artes, o sea, a únicamente unos pocos
hombres, una persona
hábil que supiera suficiente de medicina o cualquier otro arte
por cada muchos
individuos que ignoraran ese arte? ¿Debe ser este el modo en que
yo distribuya
la justícia y el respeto entre los hombres, o debo darselas a
todos?” “A todos”, dijo Zeus; “A
mi me gustaría que todos tuvieran una parte, ya que las ciudades
no pueden
existir, si sólo unos cuantos tienen estas virtudes, igual que
pasa en las
artes. Y además, haz una ley por dictamen mío, que diga
que quien no sea
reverente o justo debe ser asesinado, puesto que es una plaga para el
estado”.
(pp. 44-45)
Anaximadro de
Mileto (cerca del 590 a.C.)

1) En Giorgio de Santillana.
The
origins of
scientific thought. A
Según De Santillana,
“los Jónicos no intentaban
proponer un sistema científico, dado que a ninguno de ellos
alguien les había
explicado lo que era o debía ser la ciencia. Lo que
afirmaban era que existía
un orden de las cosas, que este orden era el de la justicia y la
reciprocidad,
en el mismo sentido que operaba entre las personas, y que nadie mejor
que estas
para entender y aplicarlo a la naturaleza… La frase única que se
preserva de
Anaximandro de Mileto, que incluimos abajo, y que podemos considerarla
como el
primer libro griego sobre la ciencia, dice”:
Aquello,
del cual todas las [personas] y cosas tienen su origen, es a su vez la
causa de
su finitud, y cada una de ellas ha de pagar un
atonement,
una contribución a cada una de las otras para compensar las
injusticias mutuas
que van apareciendo con el paso del tiempo.” (pp. 21-22)
2) En Bertrand
Russell. History of Western Philosophy. Allen & Unwin
Books. London 1965
“La
metafísica de
Heráclito, como la de Anaximandro,
está dominada por la concepción de una justicia
cósmica, que previene la
tensión entre opuestos y el que acabe predominando totalmente el
uno sobre el
otro”.[11]
(p. 62. B.R.) La frase que cita B.
Russell es:
Into that
from
which things take their rise they pass away once more, as is ordained;
for
their make reparation and satisfaction to one another for their
injustice
according to the appointed time. (p.
130)
3) En Ramón Valls Plana. La
Dialéctica: un debate histórico.
Montesinos Divulgación Temática. Barcelona 1981
“La frase
esboza dos
movimientos. Uno, el ciclo
nacimiento-muerte, como movimiento de generación y
corrupción. Surgen las cosas
desde lo indeterminado (ápeiron) como
matriz universal a la que regresan. El otro movimiento es el de la
retribución
o justo pago entre las cosas determinadas. Ambos movimientos no se
relacionan
de manera explícita en el texto, pero se sugiere que el primero
se lleva a cabo
mediante el segundo. En otras palabras, la acción mutua entre
las cosas es la
ejecutora de una necesidad superior, la del nacer y el perecer desde el
fondo
indeterminado de la naturaleza y hacia él. Ambos movimientos,
por otra parte,
se describen con palabras tomadas de la vida ciudadana, ley u
obligación, pago
de deudas o de culpas, como si las primeras palabras de que se dispone
para
hablar de la naturaleza sean precisamente términos tomados de la
vida
ciudadana. Una vida ordenada por un código o ley y unos valores
que deben
prevalecer”. (pp. 13-14) R. Valls traduce la famosa frase así:
De allí mismo de donde las cosas brotan,
allí encuentran también su destrucción, conforme a
la ley. Pues ellas se pagan
mutuamente expiación y penitencia por su injusticia, conforme a
la ordenación
del tiempo.
Protágoras
(nacido por el 490-480; muerto por el 420-411 a.C.). T.A. Sinclair. A
History of Greek Political Thought. Routledge & Keegan London
1951.
Términos: decency
(regard for others) and right
Término en
castellano: decencia (miramientos hacia los
demás) y
derecho
Justificación: “Pitágoras no ha dejado ningún
escrito que haya
perdurado. La bondad política se basa en la bondad moral, y este
descubrimiento
fue uno de los pilares sobre los que Platón edificó su República. Por supuesto que tuvo numerosos
principios que le guiaban,
algunos de los cuales se evidenciaron en la elaboración de la
constitución de
Atenas en tiempos de Pericles. Por lo tanto, si Platón elaboró
una constitución ideal, debemos estar seguros de que
tenía en mente tres
cosas, siendo las tres de extrema importancia:
1. Todas las personas son iguales
ante la ley, y responsables de sus actos
2.
Las personas mejor dotadas y entrenadas son más útiles
que las demás y merecen
honor y promoción consecuentemente.
3.
Aquello que sea socialmente beneficioso es éticamente sano (p.60)
"Protágoras no fue el
primero que consideró el Hombre como el centro del cosmos,[12] pero inició una nueva línea de
pensamiento al intentar solucionar algunos problemas de la
teoría política a la
luz de los orígenes de la realidad política...
[Primeramente, dijo que] ‘sobre
los dioses no puedo decir que existan o que no existan, dado que hay
muchos
obstáculos para alcanzar dicho conocimiento, en parte por la
falta de
certidumbre y, en parte, por la brevedad de la vida humana... [En
segundo lugar],
el Hombre es la medida de todas las cosas... [En tercer lugar], cada
hombre
tiene una parte de justicia y unas habilidades generales como
ciudadano... (pp.
56-57)
“Tomando como base al mito de
Prometeo, él lo adapta y lo expande libremente. Se percata de la
condición
miserable del hombre primitivo y las marcas sucesivas de
civilización
–religión, lenguaje, agricultura, elaboración del tejido,
construcción, y los
diversos medios que hacían la vida del hombre más
tolerable. Pero el peligro
representado por los animales salvajes proseguía, y no
podía ser superado más
que mediante la cooperación y la ayuda mutua; y todas las artes
que el hombre
había adquirido hasta entonces no
incluían el ‘arte político’.
Por tanto,
los humanos no ‘jugaron limpio’ y el primer experimento de convivencia
en
ciudades fracasó. Para salvar a la
humanidad del exterminio, Zeus envió a Hermes para dotar a los
hombres de decencia y justicia.
De ello inferimos que, el entrenamiento en las artes políticas,
sólo puede ser
dado cuando las cualidades morales necesarias están presentes. Y
esas dos
cualidades, aprendemos a continuación, inducen a la paz en las
ciudades y unen
a los ciudadanos con lazos de amistad, pero no hacen de sí
mismos una cura para
la decencia y la justicia. Para ello la educación y el
entrenamiento son
esenciales. El mito incluye lo siguiente: ‘Hermes le pregunta entonces
a Zeus
de qué forma debe distribuir la justicia y la decencia entre los
hombres, si
debe seguir el mismo plan que en la distribución de las
habilidades, es decir,
una persona hábil en medicina que preste servicio a un cierto
número de
personas que ignoran dichos conocimientos, y de igual modo con las
otras artes.
¿Debe poner la justicia y el derecho en el mundo de este modo o
debe otorgarlos
a toda la humanidad?’ ‘A toda la humanidad’, respondió Zeus,
‘todos ellos deben
tener una parte. Si únicamente unos pocos las poseyeran, como
pasa con las
artes profesionales, no habría ciudades. Y establécelo
como una ley dictada por
mí, y que cualquiera que sea incapaz de regirse con justicia y
decencia sea
asesinado como si fuese una peste nacional’”. (pp. 58-59)
Octavio Augusto (63 a.C.-14 d.C.). Cayo Suetonio (120 d.C.). Los doce césares. Sarpe. Madrid 1985.
Término:
congiario.[13]
Justificación: En cuantas ocasiones se presentaron dio testimonio a todos los órdenes de su liberalidad. Conducido a Roma por orden suyo el Tesoro real de Alejandría, derramó tal abundancia de numerario, que al punto bajó el interés del dinero y subió el precio de las tierras; más adelante, cuando el Tesoro público se vio aumentado con la confiscación de los bienes de los condenados, prestó gratuitamente, y por tiempo determinado, a los que podían responder por doble de su cantidad. Elevó el censo exigido para los senadores de ochocientos mil sestercios a un millón doscientos mil, completándolo, sin embargo, a aquellos que no lo poseían. Dio al pueblo frecuentes congiarios, pero sin que fuese siempre igual la cantidad; unas veces eran cuatrocientos sestercios por persona; otras trescientos, y algunas doscientos o solamente cincuenta. De estas liberalidades no excluía ni a los niños de corta edad, aunque se acostumbrara no incluirlos en ellas hasta la edad de once años. En épocas de escasez se le vio también distribuir raciones de trigo, frecuentemente a precio muy bajo., y duplicar al mismo tiempo la distribución de dinero.
“Lo que demuestra, sin embargo, que buscaba exclusivamente por este medio el bienestar del pueblo y no su favor, es que habiéndose suscitado quejas cierto día acerca del alto precio del vino, reprimió los gritos y dijo indignado: que al establecer su yerno Agripa muchos acueductos, había atendido suficientemente a que nadie tuviese sed. Otro día, habiendo recordado el pueblo la promesa que había hecho de un congiario, contestó que debían confiar en su palabra; pero como reclamase en otra ocasión la multitud algo que él no había prometido, censuróle en un edicto su bajeza y desvergüenza y declaró que no daría nada., aunque hubiese tenido antes intención de hacerlo. No mostró menor firmeza cuando, observando después del anuncio de un congiario que un gran número de libertos se habían hecho inscribir entre los ciudadanos, se negó a aceptarlos en una distribución que no se les había prometido, para que pudiese bastar la cantidad destinada a este uso. Una extraordinaria escasez obligóle, en cierta época, a echar de Roma a todos los esclavos en venta, a todos los gladiadores, a todos los extranjeros, exceptuando los médicos y los profesores, y hasta una parte de los esclavos en servicio. Cuando al fin tornó la abundancia. Concibió, según el mismo confiesa, el osado proyecto de abolir para siempre las distribuciones de trigo, porque la esperanza de tales distribuciones hacía descuidar el cultivo de las tierras. Renunció a su idea, convencido de que no dejarías sus sucesores de restablecer este uso con miras ambiciosas; pero desde entonces moderó el exceso, aunque conciliando el interés del pueblo con el de los cultivadores y negociantes”.(pp. 84-85)
Otros
cesares, especialmente
al principio
de sus reinados, buscarán el favor de la gente mediante la
aplicación de los congiarios. Se dice que Nerón
Claudio (37 d.C.- 68 d.C.) quiso
governar de
acuerdo con los principios de Augusto (dulzura y clemencia): para ello
“abolió
o disminuyó los impuestos demasiado onerosos… Hizo distribuir al
pueblo
cuatrocientos sestercios por persona. Aseguró a los senadores de
elevada
alcurnia, pero carentes de bienes, una renta anual… Estableció
distribuciones
de trigo mensuales y gratuitas para las cohortes pretorianas. El
día en que fue
a tomar la toga al Foro distribuyó el congiario al pueblo y el
donativo a los
soldados… [A su vez, aprovechaba cualquier fiesta para] distribuir al
pueblo
provisiones y regalos de toda clase: pájaros por millares,
manjares con
profusión, trajes, bonos pagaderos en trigo… De forma
esporádica, Tito
Flavio Domiciano (9 d.C. – 96 d.C.)
también
distribuiría congiarios entre la población, siempre
aprovechando el motivo de
una fiesta, celebración o victoria militar.
Pero, como es habitual en esta clase de personajes, la benevolencia no durará mucho tiempo. Una vez consolidados en el poder, el absolutismo ilustrado de los césares comenzará realmente a mostrar su poder autoritario, y todo lo que al principio eran dádivas se convertirá en tiranía, avaricia, petulancia, opresión.
1516. Thomas Moro (1478-1535). Utopía. Editorial Tecnos. Madrid 1987.
Justificación.
“Porque si cada cual, en virtud de unos títulos reconocidos, acapara para sí todo lo que puede cualquiera sea la provisión existente, los pocos que se la reparten entera entre sí dejan en la inopia a los demás; y ocurre precisamente que los segundos se merecen mucho más la suerte de los primeros, puestos que son rapaces, deshonestos e inútiles; los otros, por el contrario, hombres modestos, sencillos y, por su trabajo cotidiano, más rentables para la república y para sí mismos. ¡Tan firmemente estoy persuadido de que si no se suprime de raíz la propiedad no se pueden distribuir los bienes según criterio ecuánime y justo o disponer provechosamente los asuntos de los mortales! Sino que, si subsiste, subsistirá para la parte mayor y mejor con mucho de los hombres la ansiosa e ineluctable pesadumbre de la indigencia y de los infortunios. Así como confieso que esta pesadumbre puede aliviarse un tanto, sostengo que no puede suprimirse del todo. Vale decir, si se estatuyese que nadie tenga por encima de una determinada extensión de campo y que la cuantía de sus riquezas le esté a cada uno definida por la ley; si estuviera caucionado por algunas leyes que el príncipe no fuera arrogante; a todo esto que no se codicien las magistraturas ni se pongan en venta o se haga necesario realizar dispendios en ellas, de otra suerte se presta la ocasión para resarcirse del dinero mediante el fraude y las rapiñas, y se crea la necesidad de dar ventaja a los ricos para estos cargos, los cuales mejor estuvieran administrados por hombres prudentes. (p. 43)
“Aquí, empero, es preciso analizar más de cerca un extremo, para que no os llevéis a engaño. Porque es posible que pienses que, al trabajar únicamente seis horas, se seguirá alguna escasez de las cosas necesarias.[14] Lo que está tan lejos de ocurrir que ese tiempo no sólo es suficiente sino que sobra incluso para producir en abundancia cuanto se requiere así para el sustento necesario de la vida como para su comodidad. Esto lo veréis vosotros también si reparáis en la parte tan grande que la población, en otros países, pasa la vida inactiva. Lo primero, casi todas las mujeres, la mitad de la suma total; o, si en alguna parte las mujeres se dan al trabajo, son los hombres allí por lo general los que, en vez de ellas, roncan el día entero. Ítem más: de los que dicen sacerdotes y religiosos, ¡qué turba tan grande y tan ociosa! Añade los ricos todos, máxime los señores de los predios a los que vulgarmente llaman generosos nobles, entre los que has de incluir a su famulicio, esa jarcia, se entiende, de pelafustanes embroquelados. Agrega, finalmente, a los mendigos, robustos y sanos que pretextan una enfermedad cualquiera para su pereza… Toma razón ahora de qué pocos entre ellos desempeñan oficios necesarios, pues donde todo lo medimos con el dinero es necesario ejercer muchas artes fútiles y superfluas por completo, al servicio no más del lujo y de la sensualidad”. (pp59-60)
“En el campo, por el contrario, al estar más separados entre sí, comen todos cada uno en su casa, ya que a ninguna familia le falta nada para el sustento, como que de ellos proviene cuanto se come en la ciudad”. (p. 69)
“Por eso, cuando contemplo y medito sobre todas esas repúblicas que hoy florecen por ahí, no se me ofrece otra cosa, séame Dios propicio, que una cierta conspiración de los ricos que tratan de sus intereses bajo el nombre y título de república. Y discurren e inventan todos los modos y artes para, en primer lugar, retener sin miedo de perderlo lo que acumularon con malas artes; después de esto, para adquirirlo con el trabajo y fatigas de todos los pobres por el mínimo precio; y para abusar de ellos. Estas maquinaciones que los ricos han decretado que se observen en nombre del pueblo, esto es, también de los pobres, se hacen ya leyes”. (pp. 128-129)
“Sin embargo, estos hombres pervertidísimos, después de haberse repartido entre sí todo lo que hubiera alcanzado para todos, ¡qué lejos están de la felicidad de la república de los utopienses! De la cual, al extirpar enteramente, junto con su uso, toda codicia por el dinero, ¡qué montón tan grande de molestias se ha cercenado!, ¡qué cosecha tan grande de crímenes se ha arrancado de raíz! Pues, ¿quién no sabe que los fraudes, los robos, la rapiña, las riñas, los tumultos, las disensiones, las sediciones, las muertes, las traiciones, los envenenamientos, refrendados más que refrenados por los suplicios diarios, expirarían al mismo tiempo que se acabase con el dinero? Con ellos perecerían, en el mismo instante que el dinero, el miedo, la preocupación, los cuidados, las fatigas, las vigilias. Más aún, la pobreza misma, única que parece necesitar de los dineros, decrecería ella también el punto si se aboliese el dinero de todo en todo.
Para hacer esto más claro suponte un año estéril e infecundo en el que el hambre haya quitado de en medio a muchos miles de hombres. Sostengo abiertamente que, registrados al final de esta penuria los graneros de los ricos, se hubiera podido encontrar una cantidad de frutos tan grande que, de ser distribuida entre los que se llevó la escualidez y la enfermedad, nadie hubiera notado en absoluto aquella parquedad del cielo y de la tierra. ¡Así de fácil podría afrontarse el sustento si ese dichoso dinero, que por cierto fue gloriosamente inventado para que por medio de él se franquease el acceso al sustento, no fuese lo único que nos cierra el camino al sustento!”. (p. 131)
1525. Juan Luis Vives (1492-1540). Del socorro de pobres (De subvencione pauperum). hacer Editorial. Barcelona 1992.
Término:
limosna caritativa pública
Justificación. “Por cierto que es cosa fea y vergonzosa para nosotros los cristianos, para quien no existe más imperioso mandato que el de la caridad, y no sé si decir el único, topar en nuestras ciudades, a cada paso, con menesterosos y mendigos. Adondequiera vuelvas los ojos se te entran por ellos penurias, estrecheces y pordioseros que te obligan a largar la mano porque llenes la suya”. (p. 151)
“Le preguntará alguno: ¿Cómo piensas que se puede socorrer a tanta multitud? Si alguna valía tuviese en nosotros la caridad, ella sería nuestra ley no dictada a ningún amante; ella haría todas las cosas comunes y no miraría las necesidades ajenas con otros ojos que los propios”. (p. 153)
Beneficiarios y contraprestación. [Tendrían que recibir la limosna] “los pobres que viven en los hospitales, los que practican la mendicidad pública y los que soportan como pueden necesidades vergonzantes en sus casas, y aquellos que hayan caído de repente en alguna desgracia. Los mendigos vagos sin domicilio fijo, que gozan de salud, es una chusma infecta [que no debe recibir ayuda]... Ante todo se ha de decretar lo que impuso el Señor a todo el género humano, como por multa de delito, a saber: que cada uno coma su pan adquirido por su trabajo. De los mendigos sanos, los forasteros deben reexpedirse a sus pueblos de origen... A los indígenas se les ha de preguntar si saben algún oficio; los que no saben, se les ha de instruir. A los que malversaron su fortuna con modos feos y torpes, como el juego, rameras, lujos, gula, hay que alimentarlos... pero mándensele trabajos más molestos y déseles comida más tasada; no se les ha de matar de hambre, pero han de sufrir aguijones. Aquellos que aún no estuvieran destinados a ninguna obra o a ningún empresario, por un breve tiempo aliménteseles de las limosnas en aquella misma localidad, pero mientras tanto no huelguen por completo, no sea que por el ocio aprendan la desidia... Ni aun se ha de consentir que los ciegos estén o anden ociosos; son muchas las faenas en que pueden ejercitarse...A los enfermos y a los viejos señálenseles trabajos livianos, según su edad y el estado de su salud... A nadie le sea permitido regalarse con los bienes que se confirieron en otro tiempo para esa suerte de obra pía”. (pp. 155-163)
“Propínense a cada uno los remedios adecuados: unos necesitan alimentos y reconstituyentes; otros trato benigno y afable, porque se amansen poco a poco como las fieras; otros han de menester instrucción. Los habrá que necesitarán castigo y coacción física, pero con tal tino se les debe aplicar este tratamiento enérgico, que con ellos no se exalten y exacerben más aún; y por todos los medios y hasta tal punto que fuere posible debe introducirse en sus almas aquella placidez y sosiego con que fácilmente vuelven el juicio y la salud mental... A los necesitados que se están en su casa se les ha de proporcionar trabajo de las obras públicas o de los hospitales; ni les faltará de otros conciudadanos, y si se demostrasen que sus necesidades son mayores que lo que alcanza la retribución de su trabajo, se les ha de añadir lo que se calcule que les falta... [En cualquier caso], infórmense los administradores de las limosnas, o a quienes el gobierno lo encargare, y hágase la limosna según exigiere la necesidad, porque no sea que, andando el tiempo, venga a suceder que personas pudientes, con perdón de su propio dinero, pidan que de lo que pertenece a los pobres se dé a sus criados, familiares, afines, robándoselo a los que lo necesitan harto más que ellos y comience la influencia a excluir necesidades, cosa que hemos visto suceder”. (pp. 165-167)
Financiación. “Muy bien está lo que dices, replicará alguno; pero ¿de dónde se sacará el dinero para todo esto?... En otros tiempos, cuando aún hervía la sangre de Cristo, todos los fieles arrojaban sus riquezas a los pies de los Apóstoles para que ellos las distribuyesen según las necesidades de cada cual”. (p. 177)
“Varones muy graves y otras personas interesadas en el bien de la ciudad excogitaron algunas medidas saludables: reducción de gavetas, entrega de campos comunales a los pobres para que los cultiven; distribución pública de algún dinero sobrante, cosa que hemos visto en nuestro días. Pero para ello se necesitan oportunidades como muy pocas se presentan en nuestro tiempo; por ello es preciso recurrir a remedios más duraderos”. (p. 152)
“Hágase todos los años un conjunto de las rentas de los hospitales y, acumulando el valor de la mano de obra que hagan los que todavía tienen fuerza para ello, no solamente los réditos alcanzarán para subvenir a todos los asilados del respectivo establecimiento, sino que todavía existirá un sobrante para los de fuera, pues me dicen que las riquezas de los hospitales son tantas que, administradas con pulcritud, existe abundancia para socorrer todas las necesidades de los ciudadanos, ordinarias, imprevistas y extraordinarias... Los hospitales ricos y las personas acaudaladas den lo que les sobre a los dotados pobremente, y si estos no lo necesitaren, distribuyan sus sobras entre los pobres vergonzantes. Y cuando en sus localidades respectivas no hubiese con quién comunicar sus posibilidades, fuera bien que las enviasen a las vecinas, y aun a las alejadas, donde las necesidades fuesen mayores. Esta sí que es una obra específicamente cristiana”. (pp. 180-181)
“Existe la costumbre de que cada uno de los que mueren suele dejar algo a los pobres. Debería exhortárseles a cercenar algo de la pompa del funeral en beneficio de aquellos”. (p. 182)
“Si todos estos recursos no bastaren, pónganse cepillos en las tres o cuatro principales iglesias de la población que sean más frecuentadas, en dónde cada uno deposite todo cuanto la devoción le sugiriere... Y no se recoja todo cuanto se pueda, sino, a lo sumo, todo cuanto bastare para cada semana o un poquito más, porque los administradores no se acostumbren a manejar mucho dinero y les suceda lo que a algunos a cuyo cargo corre el cuidado de los hospitales. Lo que pasa aquí en Flandes, no lo sé, ni lo quiero averiguar, consagrado como estoy por entero a mis estudios; pero en España, oía decir a los ancianos que eran muchos los que, con las rentas de los hospitales, habían hecho crecer las suyas fabulosamente, manteniéndose a sí y a los suyos en lugar de los pobres, aumentando la población de sus casas y despoblando los asilos; todos estos abusos originolos la oportunidad de dinero tan copioso y tan fácil”. (p. 183)
“Si en alguna ocasión no fueren suficientes las limosnas, acúdase a los ricos en súplica de que ayuden a los pobres a quienes Dios recomendó con tal ahínco o que al menos presten lo que fuere necesario, que más adelante, cuando la limosna abundare más, les será devuelto, si así lo quisieren, con religiosa puntualidad... Además de esto, la corporación rectora de la ciudad cercene cuanto pueda los gastos públicos, como convites, regalos, agasajos, propinas, fiestas anuales, pompas, todo lo cual no conduce más que al pasatiempo, a la soberbia o ambición. Y si la ciudad no quisiera hacerlo, adelante un préstamo que recupere luego con un mayor crecimiento de limosnas”. (p.185) “Los mismos pobres que no trabajan aprendan a no tener provisiones para un tiempo largo que, al par que les dan una mentida seguridad, disminuye su confianza en Dios”. (p. 187)
Control y administración. “Nómbrese todos los años para censores a dos varones miembros del Senado, de mucha gravedad y de una probidad sin tacha, quienes se informen de las costumbres de los pobres, de los muchachos, de los mozos, de los ancianos; qué hacen los niños, cuánto aprovechan, qué costumbres tienen, de qué índole son, qué esperanzas dan y si algunos pecaren, de quién es la culpa: enmiéndenlo todo... Investiguen si los jóvenes y los viejos viven según las leyes que para ellos dictaron, averigüen los manejos de las viejas, artífices principales de la tercería y de la hechicería; con qué templanza y parsimonia vivan todos y todas; sean castigados los que frecuenten los juegos de azar y las bodegas y cervecerías. Si una primera y una segunda amonestación no surgieren efecto sean castigados con penas aflictivas... Quisiera yo también que esos mismos censores se informasen de la juventud e hijos de los ricos; fuera una gran conveniencia para la ciudad que se les obligase a dar cuentas a los magistrados como a padres de todos, de cómo, en qué artes, en qué ocupaciones consumen su ocio... [No debe permitírsele] a nadie que pase la vida ocioso”. (pp. 173-175)
Ventajas humanas y divinas de todos estos consejos. “Grande es el honor de la ciudad donde no se ve mendigo alguno... Se reducirá la estadística de robos, maldades, latrocinios, delitos de sangre y crímenes capitales; serán más raras las tercerías y los hechizos... Mayor será la quietud, porque se habrá procurado el bien de todos... Reinará una concordia inalterable, porque el más pobre no tendrá envidia del más rico; antes le amará como a su bienhechor... Será más seguro, saludable y gustosos asistir a los templos y recorrer toda la ciudad, porque no se meterá en los ojos aquella fealdad de llagas y enfermedades... La ganancia mayor será para la ciudad, porque los ciudadanos se habrán tornado más comedidos, más útiles a la patria, no maquinarán revoluciones ni sediciones, tantas mujeres y doncellas arrancadas a la vida airada, tantas brujas y celestinas redimidas del lenocinio y hechicerías... Y por terminar, la suprema ventaja será haber dado la religión y la libertad a muchas almas... Y por coronación de todas estas bienandanzas, aquel galardón celestial que demostramos estar aparejado a las limosnas, nacidas de las maternales en indiferentes entrañas de la caridad”. (pp. 211-215)
[Porque] no nos granjean la gracia de Dios los ayunos y las riquezas dadas al pobre, sino la caridad... Pues los dones que el Señor á su arbitrio da y quita, y que con liberal mano te ha concedido, pártelos con tu hermano, considerando que ambos sois hijos de Dios, que no te debe á ti más que á él, y que sólo te ha hecho administrador y procurador de lo que te ha otorgado para que tu prójimo más pobre tenga á quien pedirlo. Y nada se le da á Cristo más de veras que lo que se reparte a los pobres".[15]
1698.
John Locke (1632-1704). Two Treatises of Government.
A
Fundamentos. “Aunque la Tierra, y
todas las Criaturas inferiores sean comunes a todos los Hombres, cada
hombre
tiene la Propiedad de su propia Persona.
Así nadie tiene ningún derecho
sobre uno mismo. El Esfuerzo de su
Cuerpo, y el Trabajo de sus Manos,
podemos decir que son propiamente suyos. Aquellos recursos
proporcionados por
la Naturaleza convertidos en productos por la aplicación de su trabajo, los convierte en su Propiedad.
Lo que fuese producido por él
con su trabajo excluiría el derecho
común de los otros Hombres. Por este motivo, siendo el Trabajo la Propiedad incuestionable del Trabajador,
ningún Hombre
más que él puede tener derecho sobre lo que haya sido
transformado, como mínimo
mientras hubiere suficiente, y como un
bien dejado en común para otros”. (Versículo 27; 5, 10,
15)
“Si el Hombre es
tan
libre, [cabe preguntarse]: Siendo el Amo absoluto de su Persona y sus
Posesiones, igual que el mayor, y no estando sujeto a Nadie,
¿porqué debería
deshacerse de su Libertad?, ¿por qué abandonaría
este Imperio, y se sujetaría
al Dominio y Control de cualquier otro Poder? A lo que ‘esto tiene una
respuesta evidente, que aunque en el estado de la Naturaleza tuviese
ese
derecho, sin embargo el Disfrute de ello es muy incierto, y
constantemente
expuesto a la Invasión de otros. Si todos fueran Reyes igual que
él, cada
Hombre su Igual, y la mayor parte no Observadores de Equidad y
Justícia
estrictos, el disfrute de la propiedad que tendría en este
estado sería muy
inseguro. Esto le hace desear establecer una Condición
según la cual aunque
libre, está lleno de temores y peligros continuados; y ‘no es
sin razón, que
busque, y sea su deseo juntarse en Sociedad con otros que estén
ya unidos, o
tener una idea de unidad para la mútua Preservación
de sus Vidas, Libertades y Estados, lo que llamo por el Nombre
común de Propiedad”. (Versículo 123;
5,10,15)
“Sin embargo el
motivo
último e importante, el de que los Hombres se unan en
Sociedades, y se sometan
a sí mismos a un Gobierno, es la
Preservación de su Propiedad. Para lo que, en el estado de
la Naturaleza,
se requieran muchas cosas. Primero. Se requiere de unas normas,
principios establecidos, conocidos como Ley, recibidos
y aprobados por
consentimiento común, para que sean el Patrón del Bien y
del Mal, y la medida
común para dictaminar sobre todas las Controversias que surjan
entre ellos.
Porque, aunque la Ley de la Naturaleza fuera completa e inteligible
para todas
las Criaturas, sin embargo, los Hombres, habiendo sido sesgados por su
Interés,
e ignorantes para su estudio, no son aptos para utilizarla como Ley que
pudiera
ser aplicada a sus Casos particulares”. (Versículo 124; 5,10)
Versión
abreviada del ‘proviso’ de John Locke
“Aunque la
Tierra y todos los
animales que la pueblan
son propiedad de todos los seres humanos, cada uno es propietario
de su propia persona.
Nadie tiene más derecho a sí mismo que uno mismo. El esfuerzo que sale del cuerpo y el trabajo
de las manos son de propiedad privada. Desde el
momento que utiliza la mano de obra que es suya y la parte de los
recursos que
también son suyos, el producto que surge le pertenece, se
convierte en su
propia propiedad. Claro está que, para que no se pueda poner en
cuestión la
propiedad privada de todo aquello que produce, al tomar libremente los
recursos
naturales, cada individuo ha de dejar la suficiente riqueza y
recursos
comunitarios para el resto de la población!. (V. 27; 24-25)
“Si la
persona en el estado
natural es libre;
si es el absoluto señor de su persona y pertenencias; igual
al más
grande y sujeto a ninguno; ¿por qué ha de ceder lo que es
suyo y someterse al
dominio y control de una autoridad? La respuesta es obvia, si desea
evitar que
cualquier otra persona le robe, invada sus posesiones; lo normal es que
se alíe
con aquellos que desean preservar mutuamente sus vidas, su
libertad y
sus posesiones, lo que por su nombre general yo llamo la propiedad”.
(123, 104)
“De
aquí que concluyese
que "la preservación
de sus propiedades es lo más grande e importante, y por
tanto, de la unidad
de las personas en una commonwealth,
para acogerse a algún tipo de Gobierno”. (V. 124, 105)
1796. Thomas Paine (1737-1809). Agrarian Justice. En Collected Writings,
pp. 397-399. The Library of
Término:
ground-rent.
Término en castellano:
renta de la tierra
Justificación: “Lo más
abundante y lo más miserable de la raza humana se encuentra en
los países
llamados civilizados... La pobreza, por consiguiente, es algo creado
por lo que
es llamado vida civilizada”. (p. 397)
“En un
principio no podía haber cosas tales como fincas privadas. Los
hombres no hicieron la tierra, y pese a tener derecho natural a ocuparla, no tienen derecho a considerarla
como su propiedad de forma perpetua ninguna de sus
partes: el
Creador de la tierra no había abierto una oficina terrenal,
donde se firmaran
las primeras escrituras. ¿De dónde surgió entonces
la idea de la propiedad
privada de bienes inmuebles?”.(p. 399)
“Por
consiguiente, lo que debe hacerse ahora, para remediar las maldades y
preservar los beneficios debidos a la sociedad, es pasar de la forma
natural a
lo que se llama estado civilizado”. (p.397)
“Es
una opinión, que no debe generar controversia, que la tierra, en
su
estado natural incultivado era, y siempre tendría que haber
continuado siendo,
la PROPIEDAD COMÚN DE LA RAZA HUMANA. En este estado, cada
hombre habría
disfrutado de la propiedad. Habría sido un copropietario, junto
al resto de los
propietarios de la tierra: tal situación mancomunada le
haría propietario
comunitario de por vida con el resto de la comunidad, copropietario de
todas
las producciones naturales, vegetales y animales”. (p.398)
Financiación. “Pero la
tierra, en su estado natural antes comentado, es capaz de dar sustento
a sólo
una pequeña cantidad de habitantes, si se compara con lo que
podría hacer si se
cultivara. Y como es imposible discernir la mejora introducida por el
cultivo
de la tierra en sí misma sobre la que la mejora es realizada, la
idea de la
propiedad de la tierra surgió de esta conexión
inseparable; sin embargo es
cierto que es únicamente el valor de la mejora, y no la tierra
misma, la que es
de propiedad individual. Por tanto cada propietario de tierra cultivada
le debe
a la comunidad una renta
de la tierra; ya que no
conozco un término más adecuado para expresar la idea de
compensación por la
tierra que ocupa: y es por este alquiler de la tierra que los fondos
públicos
propusieron que procediera este plan”. (p.398)
1819. Robert
Owen (1771-1883). (i) Report
to the Committee for the Relief of the Manufacturing Poor (1817);
(ii) A Catechism of the New View of Society and
Three Addresses (1817); (iii) An
Address to the Working Classes (1819).
En A New View of Society and Other
Writings. Denton & Sons Ltd.
Fundamentos.
La mayor parte
de los
pobres han recibido hábitos malos y viciosos por parte de sus
padres; y
mientras su situación continúe, esos hábitos malos
y viciosos serán
transmitidos a sus hijos y, a través de ellos, a las
generaciones que les
sucedan. Cualquier plan, por tanto, para mejorar su situación,
debe impedir que
estos hábitos nocivos sean transmitidos a sus hijos, y
proporcionar medios para
que sólo se les transmitan los hábitos buenos y
útiles... para proporcionar
educación y entrenamiento útil para los niños,
para proporcionar un trabajo
adecuado para los adultos, para dirigir su esfuerzo y sus gastos de
forma que
produzcan el máximo beneficio posible para ellos mismos y para
la sociedad; y
para situarlos bajo las circunstancias que les alejen de tentaciones
innecesarias, y que unan firmemente su centro de interés y su
deber.
Estas ayudas no
pueden
ser concedidas a personas de forma individual ni a familias de forma
aislada, o
a grupos de muchos miembros. Sólo podrán ser introducidas
en la práctica de
forma efectiva cuando las medidas unan en una institución a una
población de entre
500 i 1500 personas; o como media de 1000”. (i; p. 159-161)
Estos pueblos,
como Owen
sugiere, deberán ser principalmente auto-suficientes.
Deberán ser agrícolas e
industriales, y deberán producir lo necesario para su propio
consumo, e
intercambiar los diferentes productos excedentarios con otros. Puesto
que se
basarán en principios racionales de educación, no
entrarán en competencia los
unos con los otros sino que cooperarán, y el objetivo
será tanto el de educar a
buenos ciudadanos como el de poner de manifiesto las necesidades de los
pobres.
Si esto se hiciera, Owen argumenta, la tasa de pobreza
desaparecerá rápidamente
y, por el mismo motivo, los cimientos para un nuevo y mejor orden
social para
toda la comunidad serán
establecidos
rápidamente." (p.xiii)[16]
“¿Estáis, por tanto,
preparados para mirar a vuestros congéneres, poderosos o no,
ricos y pobres,
sabios e ignorantes, buenos y malos, como seres formados
únicamente por las
circunstancias de su nacimiento, y que se han convertido en lo que son,
fuere
lo que fuere, por causas que excluyen la posibilidad del más
mínimo control por
su parte sobre la existencia de las cualidades y facultades que
poseen?”. (iii;
p. 150-151)
Financiación. “Hay diversos mecanismos
para llevar a término este
plan. Debe ser llevado a cabo por individuos: en parroquias, en
condados, en
distritos, etc., incluyendo más de una parroquia o un condado, y
a lo largo de
toda la nación, a través del Gobierno” (i; p.164)
“Me parece que
el país
posee medios suficientes como para alcanzar este objetivo, si se
utilizaran
para ello. Estos medios son los parados del campo; la tierra que sea
cultivada
de forma inadecuada; el dinero empleado inapropiadamente; el trabajo
ocioso,
desmoralizador, y que consecuentemente genera todo tipo de maldad en la
sociedad; y la fuerza mecánica o artificial, que es casi
ilimitada, estos
medios deben estar disponibles para los propósitos importantes.
Estos son los
medios que, convenientemente combinados y llevados a la
práctica, liberarían el
país de la pobreza y de los males que le acechan.” (ii; p.175)
“Lo primero que
se
necesita es reunir el dinero necesario para adquirir la tierra (o
alquilarla),
para construir las fábricas, granjas, y sus almacenes y para
proveer lo
necesario para iniciar el proyecto…
El dinero
necesario para
fundar los establecimientos basados en el principio ahora propuesto,
debe ser
obtenido de consolidar los fondos de asociaciones públicas; por
igualar los
impuestos bajos y hacer préstamos a su riesgo. Los pobres,
incluyendo a los que
son miembros de asociaciones públicas, deberían
empadronarse. Los fondos se deben
obtener de préstamos de personas que tengan en la actualidad un
capital
excedente sin utilizar; y de préstamos provenientes de cualquier
otro acuerdo
financiero que se juzgue adecuado. Los establecimientos
incrementarán su valor
por el trabajo de las personas en la tierra, y se convertirán en
un seguro
suficiente para gran cantidad del dinero que haya sido desembolsado
para este
propósito.
Desde ahora,
aparecerán
gran cantidad de fondos y mano de obra. Se debe inspeccionar el
país, y se han
de investigar cuáles son las mejores localizaciones para los
establecimientos
dedicados a la agricultura y a la manufactura”. (i; pp. 164-167)
1836. François
Marie Charles Fourier (1772-1837). Doctrina
Social (El Falansterio). Ediciones
Júcar.
Término:
mínimo de mantenimiento
Justificación.
“El primero de los derechos es el de
nutrirse; el
comer cuando se tiene hambre. Este derecho, negado en la
civilización por los
filósofos, fue consagrado por Jesucristo en estas palabras:
<<¿No
habéis vosotros nunca leído
lo que hizo David en la necesidad en que se vio cuando se vio acosado
Jesús, con estas palabras, consagra el derecho de coger, cuando se tiene hambre, lo necesario allá donde se encuentra.