La cultura de las rentas
básicas. Historia de un concepto
José Iglesias Fernández
Destierra del estudio toda
vanidad, presunción y arrogancia;
pues
cuanto sabe, aun el más sabio de los hombres,
no llega a
componer la más mínima
parte de lo que ignora. Juan Luis Vives
“El ser humano es la criatura más débil de toda la creación”, nos asegura Pascal. Pero esta fragilidad no quita para que, aunque “las fuerzas del universo lo aplasten, el hombre continuará siendo el ser más noble de toda la tierra, ya que es la única criatura capaz de darse cuenta, no sólo de que muere, sino también de la fuerza que la naturaleza ejerce sobre él”. Para este pensador, es entonces toda esta consciencia del ser humano lo que hace que “la dignidad del hombre se apoye más en el hecho de pensar, que no en los conceptos de espacio o tiempo, los cuales en ningún caso es capaz de llenar”. Por tanto, dice, “dediquémonos a pensar bien: pues esto es la base de la moral”.[1]
Esta reflexión nos presenta una primera cuestión. Si el objetivo de Pascal es afirmar el poder y la dignidad del pensamiento humano, y que el reconocimiento de su propia imperfección es la grandeza del ser humano, la pregunta que inmediatamente surge es: ¿cómo es posible que él encuentre tan natural “que todos los hombres se odien entre ellos?”. [2]
Si pasamos de la moral a la religión comprobamos como la respuesta que nos dan los profetas consiste en señalar que toda esta relación conflictiva entre los hombres tiene su origen en el pecado original. Que la fraternidad entre los seres humanos no será posible hasta que se cumplan los misterios divinos manifestados en sus profecías. Por ejemplo, Isaías vaticina que hasta que no llegue el reino de Yaveh no reinará la paz universal: es decir, será entonces cuando el mundo se convertirá en un lugar donde se “juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra... el tirano y el impío serán juzgados por decreto... [Será un mundo de paz] donde el lobo habitará con el cordero y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará... No habrá más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yaveh, como llenas las aguas del mar”.[3]
Esta predicción nos presenta una segunda cuestión. Es evidente que hay algo que se ha debido interponer en el plan de Yaveh, que ha debido impedir (o retrasar) la llegada a la tierra de este paraíso de concordia; porque, de hecho, en nuestro mundo, el hombre continua siendo el peor enemigo del hombre.
Dejando de lado la idea del pecado como posible explicación de nuestros odios y desigualdades, ¿cuales son las causas de este desorden social? ¿Y por qué nos encontramos con una propuesta como la RB para paliarlo?
Para la primera pregunta, algunos sociólogos dirán que, “en nuestras sociedades, son las desigualdades sociales las que enfrentan a los hombres contra los hombres”.[4] Si esta fuese la causa originaria, entendemos que a un autor de la talla de Ralf Dahrendorf no le consuele la respuesta que da Diderot cuando dice que las desigualdades en la vida son como en el teatro, que al final de la función todos los diferentes personajes que actúan se convierten en iguales; sería algo así como decir que, al final de la vida, todos somos iguales ante la muerte, una explicación que no deja satisfechos a nadie, aparte de que no parece de mucho consuelo que sea en el hecho de la muerte donde los seres humanos encontramos la equidad. Por eso R. Dahrendorf intenta darnos su propia respuesta, que la desarrolla de acuerdo con cuatro preguntas precisas: “¿Por qué hay desigualdades entre los hombres? ¿Cuáles son las causas? ¿Pueden ser reducidas, e incluso eliminadas? O, ¿tenemos que asumirlas como un factor indispensable de la estructura de la sociedad humana?”.[5] Lamentamos que no haya espacio en este trabajo para comentar las oportunas reflexiones que hace a cada uno de estos genuinos interrogantes. [6]
Pero es la segunda pregunta, la cual es el objeto de nuestro estudio, a la que vamos a dedicar nuestra atención, por tratarse de la finalidad principal de este trabajo. Giorgio de Santillana comienza diciendo que “la Biblia no es un libro científico. [Pero añade que este matiz no debe ser un obstáculo para que no] comience con una teoría acerca del principio del mundo. [Y es que, añade], las explicaciones acerca de las diferentes cosmogonías, cuando se afrontan, suponen un intento de dar respuesta a las muchísimas incógnitas que surgen de este desafío”.[7] Metodológicamente, algo parecido nos ocurre al enfrentarnos con la existencia de una propuesta como la RB, donde trazar sus orígenes supone rastrear en el tiempo las múltiples visiones que existen sobre los factores que conforman el contenido final de la misma, unas similares y otras opuestas. Supone, a su vez, indagar entre los muchos pensadores que han intuido la necesidad de proponer algún tipo de solución, encontrar alguna clase de instrumento eficaz, para luchar contra la injusticia social, contra el desorden imperante, utilizando como instrumento alguna expresión conducente a la formulación de la RB.
Al
estudiar el concepto de RB
nos hemos
encontrado con muchos autores que utilizan el mismo término para explicar
diferentes propuestas sociales
Un primer
intento de
explicación
Siguiendo el criterio cronológico, hemos clasificado a los autores de acuerdo con la fecha en que se supone escribieron sus trabajos, o realizaron la versión del mismo, destacando el término que utilizan, la justificación que desarrollan y, donde ha sido posible, explicando el método de financiación que proponen.
Aunque nos interesa principalmente la evolución de la RB en el territorio español, respecto a los precursores realizamos una aproximación internacional, debido a que no hay muchos en nuestro país; pero respecto a los versionistas, nos concentraremos exclusivamente en los autores de la cantera, aunque por razones que detallaremos, se incluya algún que otro extranjero.
La presencia de R. Nozick o J. Rawls en este estudio no es porque hayan diseñado propuestas o modelos de RB; se debe más bien a que formulan principios de rectificación de la injusticia, introduciendo términos tan importantes como el de compensación,[11] o la obligación de compensar cuando alguien haya violado el principio de justicia en la apropiación de bienes comunes (Nozick), y el de diferencia e igualdad para favorecer a los desprotegidos y reclamar la igualdad de oportunidades para los mismos (Rawls). También la inclusión de dos versionistas franceses se debe a que uno, Yoland Bresson, utiliza términos como el de renta de existencia y renta de actividad, frecuentemente utilizados para reforzar la justificación ética del concepto de RB; y el otro, Jean-Marc Ferry, emplea el de subsidio universal o renta social primaria como base para defender una renta de ciudadanía, y que coinciden con los vocablos usados profusamente por muchos de los versionistas de lengua española.
Conservando el criterio
cronológico
mencionado, veamos entonces como se ha ido cimentando la propuesta de
la RB. Pero,
¿hasta dónde remontarse?
¤ Aunque de ningún modo es el único, un punto de arranque podría ser el Génesis.[14] En este libro sagrado leemos como ‘nuestros primeros padres’ disfrutaban de una felicidad considerada edénica, una calidad de bienestar que estaba al margen de la actividad laboral y, sobretodo, del mercado de trabajo: para vivir, no tenían que trabajar como esclavos para ningún amo, ni como siervos para ningún señor, ni como trabajadores para ningún empresario. Eso sí, como contrapartida de esta seguridad, habían de cumplir una condición que recortaba sus libertades como personas: tenían prohibido comer el fruto del árbol de la ciencia, el cual, si lo hacían, les permitiría conocer y juzgar el bien del mal. Como sabemos, transgredieron esta limitación y se enfrentaron a sus consecuencias: el castigo consistió en que los hombres habrían de sudar para ganarse el pan, y las mujeres tendrían que parir con dolor. Por tanto, si ese paraíso existió, hay que decir que, antes de cometer lo que todavía se llama el pecado original, sus habitantes disfrutaban de un modelo débil de renta básica, un modelo que perdieron con la expulsión de ese cielo. Ahora bien, los devotos de estas religiones se debaten entre dos propuestas:
¤ Cuenta Cayo
Suetonio (120
d.C.), intentando “entender las grandezas y las miserias” de los
emperadores
romanos más célebres, cuan magnánimo era en
ciertos momentos el césar Octavio Augusto
(63 a.C.-14 d.C.). Incluimos en este inventario a este personaje
para alertar de que los derechos de los ciudadanos no deben estar nunca
sujetos
a las decisiones discrecionalmente generosas de las máximas
autoridades; deben
ser independientes de la liberalidad más o menos paternalista de
los grandes poderes.
Porque quién, sintiéndose magnífico en un momento
de euforia concede un congiario [18] a la gente, puede eliminarlo al
primer momento de
pesimismo o depresión. A los derechos hay que darles su debida
carta de naturaleza
reconociéndolos en la constitución; es decir, no deben
estar sujetos a que su
reconocimiento y puesta en práctica dependa de los estados de
ánimo de ningún gobernante:
generoso en un momento, déspota en otro.
¤ La
presentación de Juan Luis Vives
(1525) tenía más que ver con el control de los fondos
monetarios
que se dedicaban a la limosna pública y se administraban desde
instituciones
religiosas (parroquias, hospitales, asilos), así como con la
distinción entre
los auténticos pobres que habían de percibirla y los
fingidos (o vagos) que habían
de ser castigados, que con la RB: "evitar que los clérigos se
queden con
el dinero so pretexto de la religión y de decir misas para fines
piadosos...; y
que los mendigos se habitúen á su estado miserable y al
deleite por la vida
vagabunda que prefieren a todo, aborreciendo el trabajo más que
a la misma
peste. A esto es menester poner enérgico remedio: los que puedan
trabajar deben
ser rigurosamente separados de los demás y obligados al trabajo
por la fuerza;
y á los que han disipado sus bienes, darles la faenas más
rudas y peor trato
que á los restantes".[22]
La novedad que proponía este autor consistía en que la
gestión de tales
sumas de dinero debería pasar de entidades privadas a entidades
públicas,
aunque la justificación ética se apoyaba más bien
en la caridad religiosa y,
por tanto, venía inspirada por una lectura bíblica de la
misma: "también
contribuye á que no sólo nos baste lo que tenemos, sino
que nos sobre para dar
á los que carecen de lo más preciso, que es lo que nos
mostró con su ejemplo el
Señor, quien, después de haber hartado a las turbas que
le siguieron al monte,
no quiso que se dejasen perder las sobras...(p. 39); no hemos sido
criados por
Dios para consumir nuestra vida en juegos y frivolidades, sino para
consagrarla
a cosas serias y á la práctica de la religión, de
la modestia, de la templanza
y demás virtudes".[23]
(p.41)
¤ John
Locke (1698) parte de que ciertos
derechos
humanos son fundamentales, debido a que, en la medida que el ser humano
es un
ser racional, estos derechos son ineludibles. Y una sociedad pueda ser
llamada civil
en la medida que esta institución reconoce e implementa estos
derechos. De
hecho, la función primordial de las instituciones del Estado ha
de ser la de
proteger estos derechos humanos, entre los cuales, el primero que
destaca Locke
es el disfrute de la propiedad la cual es el fruto de nuestro
trabajo.
¤ No menos
religiosa era la
concepción y justificación de Thomas Paine (1796), “la Tierra es un libre
regalo del Creador para toda la raza humana”; o de FMC. Fourier (1836), “la Providencia de Dios sería
incompleta si hubiese un
sistema que no satisficiera las necesidades y no asegurase la felicidad
de
todos”; o de Henry
George (1879), “las leyes de la
Naturaleza son los decretos del Creador.
En ellas no hay escrito el reconocimiento de ningún derecho,
salvo el
¤ La principal
preocupación
social de Robert
Owen es la conciliación de las
clases sociales. Su discurso se centra
en convencer que la defensa de los respectivos intereses de clase no
tiene por
que ser algo irreconciliable entre ambas. Unos y otros tienen
más a ganar si se
reconocen mutuamente sus derechos que si se enfrentan entre si, que si
mantienen un estéril odio y la correspondiente lucha de clases.
En su Discurso
a la clase obrera (1819), el autor resume sus argumentos en siete
puntos:
Por tanto, la novedad de su Plan para solucionar estos problemas, “germen del Socialismo y del Cooperativismo”,[24] no consistía tanto en aumentar las ayudas económicas, continuar con la limosna individual o familiar, sino en organizar a las familias obreras en comunidades de cooperación: entre los objetivos de su plan está el “aprovechar la mano de obra de millones de trabajadores sanos e instruidos que se encuentra improductiva, y que, parada, será presa de malos hábitos y vicios, una mala educación que hay que evitar que se extienda a sus hijos”.
¤ En Viaje por Icaria, Etienne Cabet (1840) expone los fundamentos éticos que han de regir las sociedades organizadas bajo el espíritu de la comunidad de bienes. En forma de preguntas y respuestas desgrana cuales han de ser los Principios y Doctrinas de lo que el autor entiende por Comunismo. Una sociedad que ha de moverse entre la fraternidad y la felicidad común, organizándose bajo el criterio de “primero se atiende lo necesario, después lo útil, y por último lo agradable”.[25] En las relaciones entre los ciudadanos ha de prevalecer el criterio de “todos para cada uno y el cada uno para todos”, aplicando la regla de “a cada cual según sus necesidades, y de cada cual según sus fuerzas”. Sin olvidar que estas relaciones están sujetas a derechos y deberes: el “primer derecho es vivir y el primer deber es trabajar”. También aborda otros conceptos como el de entender que es el bien común, equidad natural, amor, justicia, solidaridad, repartición equitativa de la producción, etc. Organizada sobre estos principios, en Icaria no existe la venta ni la compra de productos y servicios, todo es gratuito, con lo cual no hace falta el dinero para el intercambio. Todo es propiedad común, con lo cual la propiedad privada no existe; en cierto sentido, en aquellas sociedades que ya existe la consideran un robo. Cabet lo deja bien claro cuando asegura que:
¤ A nuestro
sindicalismo de concertación,
¤ Como buen
conocedor del
pensamiento anarquista y socialista de su época,[30]
el objetivo de Paul
Lafargue (1883) era denunciar y condenar las largas y penosas
jornadas
laborales que degradan la vida de las familias obreras, así como
reivindicar el derecho a la pereza
como instrumento de emancipación
de la Humanidad.
¤ Para Peter Kropotkin
(1892), una de las primeras medidas revolucionarias
que habría
que instaurar sería la de implantar el que “todo pertenezca a
todos, que desde
el primer día de la revolución y mientras esta dure no
haya un sólo hombre en
el territorio insurrecto a quien le falte el pan”. Su propuesta
consiste en
“tomar posesión, en nombre
¤ En su
definición de
Socialismo, Emile
Durkheim (1895) utiliza unos conceptos
o rasgos que resultarán muy
apropiados en el momento de establecer, y posteriormente desarrollar,
el
concepto de RB. Un primer rasgo fundamental del Socialismo es que este
es un
plan de sociedad orientado hacia el futuro más que el presente,
con un programa
de vida colectiva y no individual y, dado que todavía no existe
este modelo, de
partida, hay que considerarlo como una forma ideal de sociedad, un
modelo hacia
donde caminar como alternativa al capitalismo (p. 39); la RB puede ser
utilizada como un instrumento idóneo para conseguir el
socialismo. Un segundo
rasgo, precisamente el que hace que incluyamos a Durkheim en esta
selección de
precursores, es el de que el Socialismo significa un modelo alternativo
de
sociedad, en la cual la igualdad y la justicia
que se busca es para todos, para todas las personas en tanto que
ciudadanos/as, y no solamente para el concepto de individuo/a reducido
al mundo
del trabajo asalariado (p. 50): “el Socialismo no se puede reducir a
las
reivindicaciones laborales... sino que se trata de un modelo que aspira
a
reestructurar el sistema social y a reconducir el aparato productivo
dentro de
la totalidad del cuerpo social” (p. 61);
la RB se postula como un derecho de cada ciudadano/a a
asegurarse un
mínimo de bienestar social.[31] Un
tercer rasgo del
Socialismo es el que exige que las actividades desempeñadas en
los sistemas de
producción e intercambio estén auspiciadas y vigiladas
por la gestión de los
órganos del Gobierno: “los socialistas no reclaman que la
vida económica
esté supeditada a la acción del Estado, sino en contacto
con él... No se trata
de subordinar los intereses de los agentes que actúan en el
sector productivo y
comercial a los intereses políticos, sino de elevarlos
al mismo rango
que gozan estos últimos... Por eso no hemos empleado la palabra estado
sino la expresión los órganos gestores de la sociedad.
(56-57); hasta
que no se implante una sociedad comunista, esto nos lleva a insistir
que, tanto
en el capitalismo como en el socialismo, corresponde al Estado, con
otros
agentes sociales y políticos, responsabilizarse de la
cogestión del Fondo de
Renta Básica. Estos rasgos de la definición de Socialismo
nos sirven, dice
Durkheim, para distinguir las instituciones que son socialistas de las
que no
lo son; por ejemplo, muchas de las ONGs que practican la caridad, o
dicen
buscar la justicia, por muy generosas que las consideremos, no pueden
ni deben
ser consideradas socialistas; es decir, hay que tener en cuenta que,
otro nuevo
rasgo, el Socialismo consiste en que es “un movimiento que se dedica a
organizar, mientras que las organizaciones caritativas y de buena
voluntad no
organizan nada”. (p. 58) En conjunto, de
la lectura de E. Durkheim podemos deducir tres cosas prácticas
para la
formulación de la RB. Primera, dentro del capitalismo, y a la
hora de formular
derechos, la dimensión ciudadana de la persona es más
rica que la condición de
mano de obra a la que se ven sometidas la mayoría de las
personas para poder
ganarse la vida. Segunda, que no todas las organizaciones que se
dedican al
cuidado de las personas o grupos maltratados, a pesar de sus buenas
intenciones, pueden o han de ser consideradas socialistas; en muchos
casos,
estas instituciones se reducen a aplicar bálsamos a las
penalidades que origina
la lógica de acumulación del propio sistema. Y tercera,
hemos de admitir que,
cuando proponemos los diferentes modelos débiles de RB,
lo estamos
haciendo desde el elemento balsámico y, posiblemente,
reduciendo nuestro
movimiento a la condición de no socialista.
¤ Con un tono
más moderado y
filantrópico, Juan Babot
y Arboix (1905) defendía su iniciativa “con palabras de
verdad y de
consuelo y obras de justicia y caridad; los ricos han de ayudar a los
que no lo
son, porque sin estos, aquellos disfrutarían difícilmente
de sus riquezas”. El
mérito de esta propuesta social consistía en pedir la
generalización del
sistema público de pensiones contributivas, financiado a cargo
de las cuotas
empresariales y obreras, y con ellas socorrer a una serie de colectivos
desamparados (niños, prostitutas, parados y viejos), sistema que
ya estaba
vigente y era aplicado por el Estado, algunas Diputaciones y
Ayuntamientos a
los empleados públicos. Esta propuesta, la de una renta de
existencia,
es un tanto pionera del sistema público de pensiones
español actual.
¤ Reflexionando
sobre la
naturaleza del capitalismo y, especialmente, sobre su sistema de
salarios, Bertrand
Russell (1917) llegaba
a la conclusión de que “ambos deben ser abolidos; [porque] son
dos monstruos
gemelos que se tragan la vida del mundo... Necesitamos un sistema que
destruya
la tiranía del empresario, a la vez que garantice a
las personas un seguro contra la destitución
material, y un margen
de iniciativa individual en el control de las industrias de las que
viven”.[32]
Al principio, el autor era de la opinión que los ingresos de una
persona
trabajadora no debían ser interrumpidos por causas como el paro,
los accidentes
o enfermedades profesionales, cierre de empresas, crisis
económicas, etc.,
siempre que la persona afectada manifestase su deseo de trabajar.[33]
Poco tiempo después, en 1918, apoyándose en la
filosofía anarquista, el autor
modificará su exigencia de contraprestación y
propugnará un acceso gratuito
a los bienes, a que “todos los bienes dedicados a cubrir las
necesidades
básicas estén al abasto de cada persona sin ninguna
distinción, a la manera que
el agua está disponible para todos, al menos en aquel momento".
Ahora ya
está convencido que, “trabajen o no trabajen, hay que asegurar a
todos una
renta lo suficientemente amplia como para cubrir las necesidades”.[34] B. Russell es uno de esos autores que
tiene la clara
lucidez para diagnosticar por si mismo, aunque no duda en aceptar y
aplicar los
argumentos anarco-socialistas que le ayudaron a desenmascarar las
perversidades
del sistema capitalista.
¤ Para los comunistas rusos (1919), Nicolai Ivanovich Bukharin y Evgenii Preobrazhensky, la preocupación inmediata y el objetivo fundamental al redactar un plan de inspiración socialista, era como desarrollar y consolidar una sociedad a partir del subdesarrollo económico que vivía la Rusia zarista. Por tanto, cuestiones como la igualdad de incentivos, o del máximo de tiempo libre, no podían ser consideradas prioritarias inmediatamente después de la caída del régimen zarista. Buenos conocedores de la obra de Karl Marx (1875), supongo que al redactar el nuevo programa tenían bien claro las advertencias que este autor hacía a los socialistas alemanes en la Crítica al Programa de Gotha; es decir, teniendo en cuenta las duras condiciones que había que enfrentar para el despegue del crecimiento económico ruso, que la redistribución de la renta fuese lo más equitativa posible, e incluso independiente de la actividad laboral, es de entender que fuesen considerados como dos objetivos secundarios: “la esencia de las enseñanzas de Marx es elaborar programas, no nacidos de la propia consciencia, sino de la propia vida. El propio Marx nos enseñó que debíamos estudiar las condiciones de vida existentes y actuar de acuerdo con ellas”[35] ( p. 65). August Bebel (1879), buen lector y seguidor de Marx, también insiste en que, en “el socialismo es imposible todavía la plena satisfacción de todas las necesidades del individuo desarrolladas a lo largo de la historia, por cuanto el nivel de las fuerzas productivas logrado y la productividad del trabajo, relacionada con él, son todavía insuficientes para pasar a la distribución comunista”.[36] Tampoco Mao Tse-Tung (1959) dejaría de reflexionar y profundizar sobre el papel que ha de jugar el principio socialista a cada uno según su trabajo y el principio comunista a cada uno según sus necesidades, así como cual ha de ser el momento adecuado para implantarlos en una revolución concreta como la de China. Lo que si tenía claro es que, “para transformar a los que no hacen su trabajo honestamente, el estímulo material no es suficiente. Hay que criticarlos y educarlos a fin de que su nivel de conciencia se eleve”.[37]
¤ Una de las
preocupaciones
intelectuales de Bernard
Shaw (1928) era demostrar que, “en lo
económico, el
Socialismo no es más que una teoría de la
distribución, y por tanto, desde
cualquier punto de vista práctico, la única
solución social es implantar una
distribución que corrija las fuertes desigualdades sociales que
impone el
Capitalismo”. Descarta que, dentro del Sovietismo, se pueda conseguir
una
distribución equitativa más justa, debido a que esta
exigiría dos medidas que
no se pueden aplicar: “igualar las remuneraciones de las profesiones
más bajas
con las de la burocracia dirigente; y eliminar el actual sistema de
estímulos
monetarios para poder mantener las exigencias que impone conseguir un
alto
ritmo de crecimiento económico”. Tampoco la filosofía del
Fascismo permite
desarrollar en su seno una distribución equitativa; el hecho de
“intentarlo
supondría ya convertirse en Comunismo”. La otra es conseguir
algún nivel de
acuerdo pacífico entre ricos y pobres sobre la necesidad de
desarrollar una
distribución más equitativa de la riqueza, alguna forma
de transición pacífica
hacia el Socialismo. Su solución, una que combine Socialismo sin
Sovietismo ni
Fascismo, consiste en un acuerdo de convivencia entre las dos clases:
“en vez
de simpatizar con los pobres y abolir los ricos, debemos abolir a los
pobres
sin piedad, elevando el estándar de vida de estas gentes hasta
el nivel que
tengan los trabajadores más favorecidos”. Y concluye, “quien
todavía no tenga
las ideas claras sobre este punto, no tiene ni idea de lo que el
Socialismo
significa, no importa a que partido u organización pertenezca,
ni tampoco si su
interpretación de la opresión del proletariado le lleva a
declararse comunista
o socialista”. Lo que importa para B. Shaw es corregir la
degradación humana
que tiene la pobreza (que no es poco), y que, evidentemente, genera el
capitalismo; y esto piensa que es posible conseguirlo mediante alguna
política
redistributiva de rentas, que él identifica como socialista y
otros como humanización
del sistema. De hecho, después de 70 años, esta
preocupación de Shaw por
una distribución más equitativa sería considerada
por la mayoría de las ONGs y
otras organizaciones progresistas, así como por los partidos y
sindicatos
socialdemócratas, como una preocupación
políticamente correcta, de lo más
actual e indispensable, como es la urgente necesidad de “humanizar el
Capitalismo”.
¤ En un intento
de predecir
cual sería el futuro de la vida económica y de la
herencia económica que podría
disfrutar la población cien años más tarde, John Maynard Keynes
(1928) va escribir un ensayo al que llamaría Las
posibilidades económicas de
nuestros nietos. En este trabajo, el autor propone lo que
podríamos
interpretar como el derecho de cada persona a disfrutar de
actividades no
económicas, libremente elegidas, y no relacionadas con el
trabajo asalariado.
Sostiene que, en las sociedades ricas, se ha alcanzado la abundancia
material
suficiente como para que, con quince horas de trabajo a la semana,[38] el viejo problema económico de la sobre
vivencia quede resuelto;
que la población pueda dedicar el resto del tiempo a actividades
de índole
creativo, y no necesariamente remuneradas.
¤ Afirmaba Oskar Lange
(1936), uno de los autores que comienza a establecer un camino hacia
una
interpretación crítica de la RB, que “la posibilidad de
determinar la
distribución de la renta, en la manera de poder maximizar el
bienestar social,
y de poder incluir todas las alternativas dentro del
cálculo económico,
hace que la economía socialista, desde el punto de vista del
economista, sea
superior al sistema competitivo con propiedad privada de los medios de
producción, con empresa privada, y en la cual la mayoría
de los participantes
no son propietarios de los recursos productivos, como no sea la fuerza
de
trabajo”(p. 126). Como mecanismo de distribución de la renta, el
autor propone
lo que llama el dividendo social,[40]
y lo justifica en base a que tanto el capital como los recursos
naturales y el
desarrollo de la productividad son el resultado del trabajo y de la
cooperación
social, factores de producción y valores comunitarios lo
suficientemente
significativos para que todos tengan el derecho a un dividendo social
por ser
miembros de la colectividad. Pero añade una advertencia que
debemos tener muy
en cuenta: dice que “el socialismo no es una política
económica para los
tímidos”... [y que] “cualquier política económica
que no comience por contener
un fuerte ataque al sistema capitalista, acabará traicionando al
propio socialismo”
(pp.135-136). Lo mismo puede ocurrir con la RB, que si no se formula
con un
fuerte contenido anticapitalista, se acabará desvirtuando.
¤ Desde una
reflexión más mística
que materialista, Simone
Weil (1941) llega a la conclusión de que la compensación
entre los seres humanos es un derecho en la medida que supone reparar
aquellos actos
cometidos por alguien que no ha reconocido la aportación que
hacemos todos al bienestar
general. Es decir, a partir de la interpretación que hace del
pasaje “perdónanos
nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros
deudores”, de la famosa
oración cristiana el Padre Nuestro, la autora justifica
la compensación como
un acto que defiende la necesidad de mantener el instinto de autoconservación
que sentimos las personas; y la autoconservación, por requerir
de una cesta de
bienes y servicios para mantener esta situación, supone de por
sí un derecho,
un derecho que hace de la compensación que lo asegura un bien
universal.
“Partiendo de que el total del capital que interviene en la creación de riqueza un 50% pertenece a la sociedad y el otro 50% es privado, el reparto de las rentas que genera anualmente este capital ha de distribuirse, la mitad de la misma entre los ciudadanos como un dividendo social, y la otra entre los 'propietarios privados' como un dividendo accionarial. También considera la RB como un instrumento para evitar la conflictividad laboral que surge entre sindicatos y patronales en temas como las revisiones salariales, duración de la jornada laboral, contratación, etc. Pero como muy bien observan P. Dieuaide y C. Vercellone: "si el capital fijo proviene de un trabajo social acumulado en el pasado, de un trabajo acumulado y producido socialmente, las rentas que se obtienen solo socialmente pueden ser distribuidas, es decir en forma de derecho ciudadano y entre todos los miembros de la sociedad".[41] Este criterio de reparto es el que precisamente utilizamos en nuestro modelo fuerte, aunque de forma mixta: que una parte de estas rentas sea entregada "en mano" a cada ciudadano, mientras que la otra parte la reciba en forma de bienes colectivos.
¤ Finalmente, contamos con las contribuciones de John Rawls (1971) y Robert Nozick (1974), que están relacionadas con la necesidad que tiene la interpretación convencional (liberal) de un discurso filosófico para apoyar la justificación del derecho ciudadano a la RB. En su conocida Teoría de la Justicia, Rawls desarrollará lo fundamentos éticos para un liberalismo igualitario; hará un esfuerzo por recomponer “cuestiones tales como el problema de la legitimidad del Estado, los criterios de la justicia distributiva, la personalidad moral, la fundamentación de los derechos humanos, la difícil relación y delimitación entre individualidad y comunidad”.[42] Para J. Rawls, los dos objetivos primordiales que persigue mediante el liberalismo igualitario son: “a) articular un pequeño conjunto de principios generales de justicia que están en la base de todos aquellos juicios morales que frecuentemente hacemos sobre diversos aspectos de la vida; y b) desarrollar una teoría que sea superior a la teoría social formulada a partir de los principios del Utilitarismo”. Pero será su valoración de la autoestima personal como un bien primario lo que será tomado como referencia para justificar la RB.[43] Y en su trabajo Anarquía, Estado y Utopía, R. Nozick, desde una óptica más propietarista, desarrollará los principios de apropiación, transferencia y rectificación. social. Para este autor, la teoría propietarista legítima: “a) que cada uno pueda apropiarse privadamente de una cosa siempre que antes no haya perjudicado a nadie, o no perjudique el bienestar de alguien; y b) que se convierta en propietario legítimo de un bien siempre que se lo compre al propietario legítimo que vende la propiedad”.[44] Veremos como todos estos argumentos son los que P. Van Parijs empleará para justificar su propuesta de RB, una propuesta legitimada por un liberalismo auténtico o real para todos, y por una redistribución maximin del producto social.
A su vez, con todo el saber formulado por los precursores, y en estás circunstancias económicas, sociales y políticas, sin duda que se presentaba un período adecuado para que naciese la RB; era el momento de formular alguna propuesta que cubriese el vacío y el desamparo que dejaba el desmantelamiento de ambos estados. Con esta realidad de fondo, la RB tenía que nacer libre de prejuicios sociales y religiosos, de ataduras morales o determinada por el pauperismo material de las poblaciones. Ni las situaciones de extrema pobreza (Arenal, Babot, George, Meade, Moro, Owen, Shaw, Tristan, Vives, Weil); ni la apropiación privada de los recursos naturales, el conocimiento general o el capital social (Cabet, Duboin, Fourier, Fromm, George, Locke, Moro, Meade, Nozick, Paine, Platón); ni la contraprestación laboral obligatoria: privada o pública (Arenal, Bebel, Bukharin, Duboin, Kropotkin, Meade en la primera época, Owen, Russell, Shaw, Vives), o la reivindicación del derecho al trabajo, ensalzado por Tristan, denostado por Lafargue, y cuestionado por Keynes, pero tan encomiado por las clases que defienden el capitalismo; ni el diseño de posibles sociedades futuras más justas (Cabet, Bebel, Bukharin, Durkheim, Fourier, Kropotkin, Lange, Moro, Meade, Owen, Rawls, Russell); ni la compasión paternalista (Octavio Augusto); o las promesas de un cielo o nirvana (Isaías, San Pablo); es decir, ninguno de estos argumentos tenía que ser utilizado para descargar a las sociedades humanas de la obligación de responsabilizarse de satisfacer las necesidades materiales que necesita cada persona para vivir dignamente. Y por ser un derecho el que se estaba reivindicando, tampoco debía ser confundido con el concepto de obligación, o de deber; o de cumplimiento de unos mandamientos religiosos; es decir, la RB tenía que nacer como un derecho de las personas y sin ninguna condición a cambio.
Por tanto, había llegado el momento de su alumbramiento, y hay que reconocer el mérito de esta labor de síntesis a cuatro autores:
¤ Un primer intento es el realizado por Juliet Rhys-Williams (1943) y por Eric Fromm (1955). Utilizando nuestra tipología actual, podríamos decir que la RB nace en la forma de modelo débil:
Pero esto les obligará posteriormente a tener que defender la RB mediante toda una argumentación filosófica, a convertir la RB en un objetivo asistencial para aliviar las desigualdades, a desarrollarla como una política de rentas para paliar las ‘disfuncionalidades’ que inmanente y permanentemente origina el capitalismo, más que un instrumento para luchar contra este sistema. De aquí que hayamos incluido en la bibliografía de estos dos autores el mayor número de referencias conocidas hasta este momento, con el objeto de que puedan estudiar a fondo la cuestión de la RB todas aquellas personas que lo deseen.
Aquí cabe repetir e insistir en que ni R. Van der Veen ni P. Van Parijs han pensado la propuesta de la RB como un instrumento de transformación social, o de lucha anticapitalista, sino más bien para corregir una de las mayores aberraciones [49] que genera este sistema: la pobreza y la miseria que padecen las poblaciones:
¤ En cuanto a la finalidad
de la RB, Claus
Offe lo deja bien claro: “una renta
base no abre la vía al Paraíso o a
la Utopía. Al contrario, personalmente defenderé este
concepto desde un punto
de vista conservador,
en el sentido
de que una renta base es un modo de defender la seguridad de la renta y
los derechos
civiles fundamentales conquistados en los países europeos
durante el período
posbélico y que hoy están amenazados por el desempleo...
Opino que una renta
base es necesaria a fin de compensar las mutaciones que actualmente se
están
verificando en el mercado de trabajo, en el Estado asistencial y en el
interior
de la familia”.[50]
¤ En cuanto a la aportación de R. Van der Veen y P. Van Parijs, tampoco Rod Aya y Bart Tromp se muerden los labios a la hora de evaluarla: la propuesta de la RB que hacen estos “dos jóvenes y progresistas economistas políticos es indecorosa,[51] porque aconsejan olvidar el socialismo. Para R. Van der Veen y P. Van Parijs, [el socialismo] no proporciona prosperidad económica, ni justicia social, ni menos aún libertad política. Y, en cualquier caso, para aproximarse al comunismo -defendido como una distribución del producto social basada en el principio <<a cada cual según sus necesidades>>, independientemente de su trabajo, o de que trabaje o no- no hay necesidad de padecer el socialismo, puesto que el comunismo requiere abundancia material, que se consigue mejor con el capitalismo. Para tomar la <<vía capitalista al comunismo>>, tal como la conciben Van der Veen y Van Parijs, las democracias <<burguesas>> tendrían que asignar a cada ciudadano, incondicionalmente, un <<subsidio universal>> suficiente para satisfacer las <<necesidades fundamentales>>, y aumentarlo lo más posible sin elevar la presión fiscal hasta el punto de encerrar la <<economía en una espiral descendente>> que pondría en peligro la satisfacción de las necesidades fundamentales de todos. Lo qué supondría esta política para el crecimiento económico, la desigualdad de la renta, el tiempo de ocio y la preservación ecológica es lo que los autores intentan especificar” [52] en el resto de sus reflexiones y estudios.
José
Iglesias
Fernández (1931- ). La
Renda Bàsica a Catalunya. Fundació Bofill/Editorial
Mediterrànea. Barcelona
2002.
El modelo fuerte: ¿renta
básica del
siglo XXI?
Se define por contener unas características estructurales, que son:
Individual. Se concede a cada persona de
forma exclusiva; y no
a las familias.