Las Rentas Básicas. El modelo fuerte de implantación territorial. José Iglesias Fernández


PARTE II: LOS IMPACTOS DE LA RENTA BÁSICA

 

LOS CANIBALES

A comer!!

 

Otra vez los soldados por aquí.

Otra vez nos quedamos sin comer.

Otra vez la violencia viene a mí,

Otra vez tengo que sobrevivir.

Voy a robar tu comida,

voy a vender tu fusil.

Otra vez el zumbido de un avión,

Otra vez nos tenemos que escapar,

Otra vez el sonido del terror,

Otra vez escondido en un rincón.

Voy a robar tu comida,

voy a vender tu fusil.

Me voy a comer un soldado,

Voy a llenarme de ti.

Si tu cultura es superior

es porque tus razones disparan mejor.

Otra vez sucia mafia militar,

Otra vez contra población civil,

Otra vez balas y prostitución,

Otra vez nos van a civilizar.


CAPITULO 4.- HACIA UN NUEVO SISTEMA DE RELACIONES LABORALES

Todo trabajo debe dejar un excedente. Proudhon

 En esencia, la producción capitalista es producción de plusvalor. La característica distintiva del trabajador
es la producción de plusvalor. De aquí que ser trabajador productivo no constituya ninguna dicha,
sino una maldición. Karl Marx

12. El mercado de trabajo

El mercado de trabajo (MT) es el lugar donde se compra y se vende la mercancía fuerza de trabajo. Al MT acuden aparentemente "dos poseedores de mercancías igualmente autónomos: el poseedor de mercancía capital y el poseedor de mercancía fuerza de trabajo". A las reglas practicadas por ambos grupos, unas veces dominadas por una filosofía de contestación, y otras por una negociadora, se las ha denominado sistema de relaciones laborales. El primero se caracteriza porque, entre sus objetivos, aspira a transformar el sistema; el segundo por negociar algunas de las desigualdades que afectan a los trabajadores, pero sin cambiar el sistema.

Pero esta supuesta igualdad autónoma para comprar y vender fuerza de trabajo es jurídica,[1] no económica.  Porque, como hemos explicado anteriormente, "el capitalismo reposa en la explotación del trabajo, aunque formalmente libre". Porque "los capitalistas han convertido a los trabajadores en proletarios y sus condiciones de trabajo en capital" (Marx, 1975a, 924-961). Se comprende entonces desde el principio "que el obrero, despojado de los medios de producción, está privado también de los medios de subsistencia, y que, a la inversa, un hombre que está privado de los medios de subsistencia, no pueda crear medios de producción alguno" (Marx, 1971, 35). Insistiendo, y para comprender que se dilucida en el MT, "no es que el obrero (pueda) comprar medios de subsistencia y medios de producción, sino que los medios de subsistencia compran al obrero para incorporarlo a los medios de producción".

En el capitalismo, una persona sin otros medios de subsistencia más que su trabajo,  por ser libre, en principio, puede negarse a vender su fuerza de trabajo a un empresario concreto, pero no podrá eludir de forma permanente a la clase capitalista de quien depende la compra /venta de su fuerza de trabajo que le proporciona los ingresos indispensables para el bienestar de él y su familia, ámbito donde se produce y reproduce diariamente la fuerza de trabajo que ha de aportar al mercado.

El mercado de trabajo al comienzo del siglo XXI

La situación de los trabajadores asalariados respecto al capital en el mercado de trabajo, ha sido siempre muy desigual. El trabajador necesita de su trabajo para subsistir mientras que el capital, aunque también necesita del trabajo como un todo, dispone de muchos trabajadores entre los que elegir.[2] Esta diferencia se ha acentuado enormemente en la actualidad, cuando la tecnología moderna permite a las empresas operar en el mundo entero buscando costes más bajos y, al mismo tiempo, proporciona sistemas técnicos de producción  que requieren cada vez una menor aportación del trabajo directo. La asimetría, la diferencia de poder real entre el capital y el trabajo es enorme y creciente.

A ello ha de añadirse la influencia de la política económica. Los estados modernos y de las instituciones que se configuran a nivel internacional, bajo la égida de las poderosas empresas transnacionales, son elementos esenciales en el modelo de acumulación capitalista transnacional que configura la globalización. Ello lleva a los estados y las instituciones internacionales a impulsar y facilitar una política económica esencialmente neoliberal, entre cuyos elementos destaca el diseño y ejecución de una política laboral dirigida a hacer del trabajo una mercancía barata (austeridad salarial), totalmente elástica (flexibilidad laboral), manejable (desregulación y debilitamiento sindical) y desechable (paro).

Desde la crisis de los setenta, se está asistiendo a un profundo deterioro de las condiciones del mercado laboral en los países ricos.[3] Bajo el eslogan de la competitividad global, el poder del capital privado y la legislación laboral están reconduciendo las relaciones laborales a obtener un aumento de beneficios y un deterioro de las condiciones de los trabajadores que llevan a una gran incertidumbre e inestabilidad laboral. Para enfrentar estas condiciones, la Renta Básica aparece como un instrumento de gran utilidad. Es interesante observar que es, precisamente, a partir de la crisis de los setenta cuando la idea de una RB se comienza a difundir en Europa, cuando algunos autores, alarmados por la magnitud del paro, comienzan a plantearse si no será necesario buscar mecanismos de distribución de la renta distintos y complementarios a los del trabajo. Se puede entender también que cada vez más, grupos crecientes de trabajadores y las capas populares empiecen a ver la deseabilidad y conveniencia de la RB, y la presión social por su establecimiento cada vez más acentuada.

Un mercado de trabajo con RB

 En la situación actual del mercado de trabajo, por tanto, la RB podría tener un fuerte impacto en el MT. Principalmente por la potencialidad que tiene para disminuir la dependencia de la población trabajadora respecto del poder capitalista. En dos vertientes:

Una,  consiste en la posibilidad de disminuir el total sometimiento al empleo asalariado como medio de sobrevivencia. Con la RB, la persona no depende exclusivamente del trabajo efectuado para otros por una remuneración (asalariado o no). Cada persona si prefiere el tiempo libre puede dedicar su vida a muchas actividades dentro y fuera del MT. Por una parte, puede producir bienes y servicios para sí mismo, de forma autónoma o colectiva para el intercambio sin necesidad de producir plusvalor; puede desarrollar un trabajo en el circuito que llamamos mercancía-dinero-mercancía (M-D-M). Por otra, nada le impide dedicarse a realizar actividades para la colectividad sin remuneración ni ánimo de lucro. Dado que tiene cubiertas económicamente sus necesidades básicas puede realizar  servicios gratuitos, voluntariado, es decir, trabajar por la satisfacción de participar en la resolución de las necesidades de la comunidad. Todos estos trabajos o servicios se desarrollan con modos de producción y circulación no capitalistas; es decir, son procesos de producción e intercambio económico y no-económico en los que no está presente, ni es necesaria la producción de plusvalor, indispensable, sin embargo, en el funcionamiento del capitalismo. La RB permite iniciar una esfera de producción e intercambio de bienes y servicios al margen, de momento, o en los intersticios del sistema capitalista. Algo a no menospreciar, si deseamos poner en práctica e ir iniciando  realidades alternativas.

La otra consiste en que, por ser incondicional, la RB no supone una limitación cuando una persona decida entrar en el MT y aceptar un empleo asalariado. Es muy probable que muchas personas consideren que el importe de la RB no sea lo suficientemente adecuado para su forma de vida y consumo, y deseen participar en el mercado de trabajo para aumentar sus ingresos. La RB no va a alterar en nada esta posibilidad.  Más bien, y como ya hemos señalado anteriormente, la RB puede actuar como fondo de resistencia personal, y colectivo para mejorar su posición como trabajador. Mediante la RB el trabajador no parte del vacío más absoluto frente al empresario, sino que dispone de unos recursos para requerir un empleo digno. W. Leontief pone de relieve este factor; el que la presencia de un salario (o renta básica) anual garantizado puede cambiar el poder de los trabajadores dentro del mercado de trabajo: “Si los empresarios constituyen la parte más fuerte, las ganancias serán para ellos. Si los sindicatos de trabajadores tuviesen una posición dominante en la negociación (por la presencia de la renta básica), entonces podrían negociar fuerte, haciendo que tanto el número de trabajadores a emplear como los niveles de salarios fuesen cuestiones de la negociación colectiva”.(Leontief, 1986, p.158)

Este doble impacto permite contemplar el MT y sus relaciones contractuales entre los empresarios y los trabajadores (y entre la patronal y los sindicatos) desde un nuevo prisma, un rasgo al que definimos como el caminar hacia un nuevo sistema de relaciones laborales."Una garantía de empleo invierte el orden habitual de las cosas: manipula la demanda para satisfacer las necesidades de los trabajadores, no los trabajadores para las necesidades de la demanda" (Jackson, 1999, 659)

¿Por qué considerarlo nuevo? El hecho de que una persona, dentro del sistema capitalista, pueda satisfacer sus necesidades materiales básicas al margen del MT es nuevo, por no decir revolucionario. El hecho de entrar en el MT,  esta parte tan importante de la vida, sin depender del empresario o de la ETT de turno, con cierta cobertura económica, con un pequeño grado de libertad, es nuevo. El hecho de poder debatir y negociar con la parte empresarial sin temer tanto al despido y las consecuentes carencias materiales que trae consigo la falta de empleo, es nuevo. Debatir, y negociar si cabe, los diversos contratos (indefinidos y temporales; a tiempo completo y a tiempo parcial), las tablas salariales, la jornada laboral, los turnos, horarios y horas extras, los desplazamientos, la flexibilidad laboral y la movilidad geográfica, las condiciones ambientales y la siniestralidad, las vacaciones y la antigüedad, la problemática relacionada con la mujer (discriminación profesional y salarial, acoso sexual) sin la amenaza y la presión de quedarse en el paro, con el cielo arriba y la calle abajo, o, como será cada vez más frecuente en el futuro,[4] sin contar siquiera con el subsidio de desempleo si te despiden, todo esto es nuevo.

También la existencia de la RB facilitará el ejercer la iniciativa personal y permitirá emprender actividades en todos los ámbitos, sean o no  rentables. Al tener unos ingresos asegurados la persona puede elegir las actividades a las que uno desea dedicarse, tanto de índole económica y artística, hasta las de tipo cultural o social, remuneradas o voluntarias, según su talante y disponibilidad. En una etapa histórica, donde se considera que la creatividad y la innovación son elementos esenciales para el avance social, no se debieran subvalorar las oportunidades que unos ingresos asegurados proporcionan a las personas para ejercerlas y desarrollarlas.

Por tanto, si los vendedores de la fuerza de trabajo acuden al MT desde este escenario laboral, el que supone contar con la RB con un nuevo derecho ciudadano, nuevo tendrá que ser el sistema de relaciones laborales que se inaugure. El comprador de fuerza de trabajo sigue teniendo el mismo poderío, pero los vendedores de esta mercancía ya no son tan débiles, no están tan desamparados en el MT a la hora de venderse como seres humanos, aunque el sistema productivo intente mantenerlos en esta condición

Hay que considerar, también, el impacto desde una óptica empresarial, especialmente en el periodo de transición. En primer lugar, en los excedentes empresariales, por la presión fiscal adicional a la actividad económica que se ha propuesto, pero también, y de forma más importante, por el cambio de actitudes que estimularía en el mundo del trabajo. La RB permitiría a los trabajadores mantener su dignidad en la relación laboral y esta se orientaría mucho mas a una relación voluntaria entre sujetos libres[5] que a la subordinación  creciente que esta suponiendo la situación actual.

Es muy probable que los órganos de gestión y los propietarios de las empresas tengan dificultades para aceptar la aparición de un nuevo modo de relación laboral. Supondrá una gran transformación a partir del mundo de dominio total de los trabajadores de la etapa actual. Se verán obligadas a aceptar y organizarse en un nuevo enfoque que es muy probable de lugar a grandes resistencias por su parte. Nadie cede con facilidad las situaciones que le favorecen, especialmente después de una etapa como la actual en que el dominio del trabajo en el mundo laboral es absoluto.

Pero el mundo, y por tanto las empresas y las relaciones laborales, no son estáticas. Si existe la fuerza social necesaria para implantar la RB ello supone que se ha producido un gran cambio en la correlación de fuerzas sociales y que es necesario contemplar de otra manera la organización social, donde las fuerzas sociales y las del capital privado habrán de estructurarse y relacionarse de otra manera. Los dirigentes empresariales tienen una gran responsabilidad en este aspecto: si aceptan la conveniencia e inevitabilidad del cambio de forma positiva y lo integran en nuevas formas de organización empresarial, el resultado final puede ser satisfactorio, mientras que si persisten en una estrecha visión de considerar que la única forma de relación entre el capital y trabajo es de total subordinación de este último las consecuencias pueden ser lamentables. No hay porque suponer que un  mundo renovado de propiedad y dirección empresarial, asumiendo que los frutos del progreso han de beneficiar a toda la sociedad, no es capaz de enfrentar de forma positiva  la vasta transformación que la existencia de la RB implicaría. Superado el periodo de transición y aceptado que una nueva forma de hacer se vaya instalando en el mundo empresarial, mucho mas respetuosa con el trabajo, y con mas iniciativa, participación y responsabilidad por parte de los trabajadores, libres de la angustia de asegurarse el sustento cotidiano, se descubra que constituye un mundo del trabajo mucho más satisfactorio para todos los participantes en el mismo.

La implantación de la RB supone una transformación profunda y radical del mercado de trabajo, desde cualquier prisma que se contemple. Asegurar permanentemente la satisfacción de las necesidades básicas evitando que las personas vivan angustiadas por su futuro material, altera de tal forma las premisas habituales que afectará a todas las reacciones previsibles en el ámbito laboral. Es tal la magnitud del cambio que es difícil prever todas las consecuencias  de su implantación. Sólo la realidad  indicará en cada momento las medidas que se han de aplicar para reforzar las situaciones positivas y debilitar o impedir las negativas.

De todas formas, no se nos pasa por alto, y así lo advertimos, que, dado que "el modo de producción capitalista no es sólo producción de mercancías sino fundamentalmente producción de plusvalía, y por lo tanto de capital, es imposible esperar que dicho sistema se modifique, o se <reforme>>" por si mismo, o  proponiendo medidas de buena voluntad. De aquí que, en este trabajo, se insista en contemplar la RB, no sólo como un medio útil para paliar las condiciones del mercado de trabajo, sino y, sobre todo, como un instrumento activo y eficiente para lograr que "esta sociedad pueda ser abatida por las mismas fuerzas que se engendran en sus contradicciones internas".[6]

A esto hay que añadir el papel que puede jugar la RB en la lucha por la liberación de la mujer,[7] aunque sin olvidar tampoco la liberación del hombre: después de todo, queremos recalcar que "el libre desarrollo de cada uno será  la condición del libre desarrollo de todos" (Marx -Engels, 1996, 59).

Sobre la obligatoriedad y deseabilidad del trabajo

La propuesta de la RB encuentra serias objeciones entre las gentes de las sociedades modernas. En un país con tradición judeo-cristiano y una sólida implantación del sistema capitalista como el nuestro, es de entender que estos rechazos tengan una fuerte carga religiosa, económica y social.[8] En lo religioso, hay que recordar la famosa maldición divina que nos obliga a comer el pan con el sudor de la frente y el que San Pablo considera que el que no quiera trabajar que no coma; en lo económico, se considera que para poder participar en la renta que se produce hay que trabajar, o tener medios propios de capital; como los propietarios de capital son minoría, la forma habitual de obtener los recursos básicos para vivir es por medio del trabajo;[9] en lo social, porque amplios grupos de población consideran que el trabajo dignifica al hombre y constituye un instrumento fundamental para su socialización.[10] Algún economista incluso construye una obligación moral a trabajar, basándose en el "reconocimiento histórico del valor del trabajo". Dice, "para la mayoría de la  población, el éxito en vender su <<mercancía trabajo>> no sólo representa el derecho al uso de meter la cuchara en el caldero de la sopa (renta nacional), sino también su derecho a usar esa cuchara en un futuro cuando no participe en ese mercado. Cuando esté viejo o enfermo; cuando ya no se valore su <<mercancía>>... Y también representa el orgullo de <<poder trabajar>>, de ser <<útil>>. Eso es el respeto; el derecho valorativo a usar la cuchara sin recurrir a la mendicidad" (Anisi, 1995, 81).

En las laicalizadas sociedades actuales es difícil aceptar que se haya de trabajar por preceptos bíblicos o planteamientos religiosos. Es más fácil pensar que éstos estaban dedicados a justificar una situación de hecho que se ha dado en todas las sociedades y que todavía hoy exige a una gran parte de la población mundial obtener su sustento con el sudor de su frente, pero no parece que haya ningún mérito especial en ello, o demérito en eludirlo. Especialmente cuando, en los países más ricos, partes muy significativas de la población viven sin trabajar, como estudiantes en edad adulta, amas de casa, ricos ociosos, jubilados cada vez más jóvenes, aparentemente sin desdoro para su consideración social; en lo económico ya se ha señalado que a quien dispone de medios de capital no se le exige el trabajo para vivir, por lo que la necesidad del trabajo corresponde a una determinada forma de organización social y distribución de la renta que, sin embargo, una propuesta como la de la renta básica indica que se puede cambiar. Respecto a la realización de la persona y su socialización a través del trabajo parece responder a mentalidades de la reciente etapa industrial del capitalismo, cuando el trabajo asalariado se convierte en una obligación para las capas populares y absorbe todas las facetas de la vida de los trabajadores; con ella se  ignora, sin embargo, la realización personal y social de las muchas personas que no pasan por el mercado de trabajo, por poseer medios propios, o por organización familiar y social. Implica, también una percepción del mercado de trabajo en el que los trabajadores/as tenían empleos que conducían a una formación profesional y en el que se integraban de forma casi permanente. En las condiciones sociales actuales postular que la realización y socialización de las personas necesita del trabajo nos parece que es no considerar las duras y precarias condiciones que el mismo representa para una proporción mayoritaria de trabajadores e ignorar las múltiples posibilidades de actividades sociales que ofrecen las sociedades modernas: desde la escuela que absorbe casi los veinte primeros años de la vida de las personas, a las actividades voluntarias, pasando por la socialización, degradada e insatisfactoria, pero socialización, que ofrecen los modernos medios de comunicación y el consumo. El trabajo, y si se desea un referente religioso, el 'ganaras el pan con el sudor de tu frente' es una necesidad y una obligación para quienes no pueden ganarse la vida de otra manera. En ningún momento es una obligación para el desarrollo del ser humano o para que este cumpla con su papel en la sociedad.

Derecho al trabajo, derecho a una renta

Conviene comenzar precisando que los derechos no son obligaciones. Que ejercer un derecho supone la posibilidad de decir si, no, e incluso de abstenerse. Por ejemplo, ¿como puede existir el derecho al trabajo si el ciudadano no cuenta con la libertad, con los medios económicos para decidir si acepta o rechaza el sistema de trabajo asalariado de la clase capitalista? Sin la posibilidad de abstenerse o decir no, tal derecho no existe. Si las personas que no cuentan con otros medios, con otros recursos para sobrevivir, como no sea la venta de la fuerza de trabajo, habrá que concluir que tales personas no tienen otra alternativa que la obligación de trabajar, la exigencia de encontrar un empleo asalariado. Con lo que, el derecho al trabajo queda convertido en un deber, en una obligación. Por tanto, debemos evitar un error que cometemos muy frecuentemente: no distinguir entre derechos y obligaciones.

Aclarados estos conceptos el de derecho y obligación, queremos añadir y destacar que la RB no supone estar en contra del derecho al trabajo. Hay que respetar en todo momento la libertad de aquellas personas que desean poner en práctica el derecho a trabajar. Ahora bien, para que tal derecho pueda ejercerse, esta posibilidad ha de separarse precisamente de la obligación a trabajar que imponen las relaciones sociales en el capitalismo. Y una forma de garantizar este derecho al trabajo es la implantación del derecho ciudadano a una renta básica, de manera que cada persona tenga asegurada una cantidad que le permita sobrevivir al margen del mercado de trabajo, único medio para romper con la obligación de trabajar. Algunos autores matizan esta conclusión:

“Esta posición que presentamos aquí no exige que el derecho al trabajo sea sustituido por un derecho a un ingreso, ni que esas prioridades se desplacen del primero al segundo derecho. Todo lo que exige es que no se dé ningún privilegio especial a una dimensión de la libertad sobre otra, ni que individuos con gustos diferentes sean tratados discriminatoriamente” (Van Parijs, 1996, 158).

Otro autor también es partidario de defender el derecho al trabajo porque permite el desarrollo social de la persona. Para esto cita a Marx, quien señala que "el trabajo es una condición existencial de la vida humana en todas las formaciones sociales, una necesidad natural eterna que posibilita equilibrar el metabolismo entre las personas y la naturaleza, estabilizar la vida misma" (MEW 23, 57). Pero esta característica general no le impide distinguir entre el trabajo per se y el trabajo asalariado. Particularidad que le permite dejar su opinión bien clara: "el objetivo no es la abolición del trabajo, sino la abolición de las relaciones salariales". (Canteias; 2002, 3)

13. El mercado de trabajo en Catalunya

Para poder evaluar el posible impacto de la RB en el mercado de trabajo en Catalunya presentamos a continuación algunos de sus elementos y tendencias esenciales durante la última década: 1990 al 2000,

La estructura y oferta de la fuerza de trabajo

A finales de 1999, unos 6,1 millones de personas vivían en Cataluña (Cuadro 10). De ellas, el grupo en edad laboral, actualmente el comprendido entre los 16 y los 65 años, supone el 64,2%. Dentro de este grupo  hay que distinguir dos importantes segmentos:

El considerado voluntariamente inactivo que, por razones diversas, no acude al MT y suma un 19,6%.

Y el considerado voluntariamente activo pero que el propio MT rechaza, ya que sólo da empleo u ocupación a un 39, 9% de la población, dejando a un 4,7% de la población en la situación de parados.

Es decir, en Cataluña, el MT sólo necesita emplear a un 40% de la población, aunque tiene a su disposición un 24% más de personas inactivas en edad laboral: entre 16 y 65 años y parados. Lo cual nos conduce a extraer dos conclusiones. La primera está relacionada con el llamado ejército de reserva o sobrepoblación relativa; el proceso productivo tiene a su alcance dos fuentes de abastecimiento de mano de obra: dispone de un 24% entre las personas comprendidas en la edad laboral de 16 a 65 años, y, si la necesidad fuese apremiante, dispone de otro porcentaje equis entre los menores de 16 años y mayores de 65.[11] La segunda demuestra como un 60% de la población disfruta de una RB en forma de solidaridad familiar y generacional, pues sólo 40 personas de cada cien producen para mantener a toda la población; las 60 restantes viven del peculio familiar/pensiones/asistencia. Es lo que, mediante la RB, queremos transformar en un derecho ciudadano.

Cuadro 10.  Población en Cataluña.  IV Trimestre 1999

 

TOTAL

Personas

 

%

HOMBRES

Personas

 

%

MUJERES

Personas

 

%

ESTRUCTURA DE POBLACION

 

 

 

 

 

 

Hasta 15 años

926,0

15,4

469,2

16,3

456,8

14,6

 

 

 

 

 

 

 

De 16 a 65 años

3.860,6

64,2

1.894,0

65,7

1.966,6

62,8

* Ocupados

2.398,8

39,9

1.449,2

50,3

949,6

30,3

* Parados

284,8

4,7

114,9

4,0

169,9

5,4

* Inactivos

1.177,0

19,6

329,9

11,4

847,1

27,1

 

 

 

 

 

 

 

Más de 65 años

1.228,7

20,4

520,5

18,0

708,2

22,6

TOTAL

6.015,8

100,0

2.883,7

100,0

3.131,6

100,0

 

 

 

 

 

 

 

MERCADO DE TRABAJO

 

 

 

 

 

 

OCUPADOS

2.398,8

39,9

1.449,2

50,3

949,6

30,3

DISPONIBLES

1.461,8

24,3

444,8

15,4

1.017,0

32,5

* Parados

284,83

4,7

114,9

4,0

169,9

5,4

* Inactivos (entre 16 y 65 años)

1.177,0

19,6

329,6

11,4

847,1

27,1

TOTAL

3.860,6

64,2

1.894,0

65,7

1.966,6

62,8

 

 

 

 

 

 

 

POBLACION INACTIVA (sobrepoblación relativa)

 

 

 

 

 

 

DISPONIBLES

1.461,8

24,3

444,8

15,4

1.017,0

32,5

RESTO

2.154,7

35,8

989,7

34,3

1.165,0

37,2

Hasta 15 años

926,0

15,4

469,2

16,3

456,8

14,6

Más de 65 años

1.228,7

20,4

520,5

18,0

708,2

22,6

TOTAL

3.616,5

60,1

1.434,5

49,7

2.182,0

69,7

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia con datos del Idescat.

 

El desempleo

Desde 1990 a 1994, el paro en Cataluña pasó de 321.500 personas desocupadas a 556.400. A partir de esta fecha, la evolución del paro en Cataluña manifiesta una tendencia descendente hasta el 2001 en que baja hasta el 8,63% de la población activa, pero no sabemos que puede ocurrir a partir de esta fecha en que de nuevo parece que se apunta una recesión.

Cuadro 11.  Cataluña: Desempleo 1990 - 2000. IV Trimestre. EPA (miles de personas)

 

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

Total

321,5

325,2

390,6

554,3

556,4

531,1

507,1

435,4

364,9

270,3

237,8

Tasa de Paro

12,7

12,8

15,7

21,5

21,3

19,9

18,8

16,2

13,6

10,1

9,7

Hombres

128,0

141,4

180,8

293,0

267,7

245,4

245,6

185,3